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Si uno quiere conocer el potencial del director de origen hindú Tarsem Singh debería remitirse a «La celda» (2000) y «The Fall. El Sueño de Alexandria» (2006), cautivadoras y coloristas, sorprendentes y arriesgadas, e ignorar su producción posterior, castrada por los grandes estudios y amoldada al Hollywood más gris y anodino. Empezó su carrera como director de videoclips, con «Losing My Religion» de R.E.M., ganó el premio al mejor video musical de los Grammy de 1992, pasó por la publicidad con notable éxito y de allí a la gran pantalla: debutó en el año 2000 con «La Celda«.
Protagonizada por Jennifer Lopez, Vince Vaughn, Marianne Jean-Baptiste y Vincent D’Onofrio, entre otros, la película nos presentaba a Catherine Deane, una psicoterapeuta que aplica un revolucionario tratamiento que le permite introducirse literalmente en la mente de sus pacientes. Sus experiencias con este método sufren un peligroso e inesperado giro cuando un agente del FBI le pide que se introduzca en la mente de un asesino en serie, que, tras haber secuestrado a una mujer, se encuentra en estado de coma y no puede confesar donde ha encerrado a su víctima. Si no consiguen averiguar dónde está la mujer, su vida corre un gran peligro.
Aunque algo confusa y desordenada, además de perturbadora, «La Celda» es una película visualmente impactante. No tanto como «The Fall. El Sueño de Alexandria«, pero aquí ya se apunta la originalidad de Tarsem Singh y su inspiración en universos oníricos y coloristas, introduciendo a su protagonista en la mente de un asesino en serie en coma. Algunas de las escenasestán inspiradas directamente en obras de arte, del británico Damien Hirst, el pintor noruego Odd Nerdrum, H. R. Giger (el diseñador suizo tras el xenomorfo de la saga «Alien«) y los hermanos Stephen y Timothy Quay.
La película funcionó bastante bien en las taquillas de todo el mundo, pues recaudó más de 104 millones de dólares con un presupuesto de 33 millones. Esto abrió de par en par las puertas de Hollywood a su director aunque pronto se le acabó el crédito. Tras los fracasos de «Immortals» (2011) y «Mirror, Mirror» (2012) las puertas se cerraron.
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Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal