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Goro Miyazki. El hijo del maestro. El heredero de Studio Ghibli. El talento se puede heredar, el oficio se puede aprender pero, lamentablemente, el genio aparece una de cada mil veces. Y Goro Miyazki no es Hayao Miyazaki. Además la relación con su padre nunca fue muy buena, aunque con el paso de los años parece que las aguas se han calmado en casa de los Miyazaki.
Todo el mundo sabe que el director japonés Hayao Miyazaki y alma mater de Studio Ghibli es un genio, y que tanto «La Princesa Mononoke«, como «El castillo en el cielo«, «Porco Rosso«, «El Castillo Ambulante«, «El viaje de Chihiro» o «Mi Vecino Totoro» son joyas sin igual del cine de animación tradicional. Hace algunos años se rumoreó que Hayao Miyazaki iba a abandonar las labores creativas en el Studio Ghibli y a ocupar un lugar secundario en el desarrollo de producciones animadas de la productora japonesa, un hecho que pareció ganar fuerza con el estreno de la adaptación cinematográfica de «Cuentos de Terramar» dirigida por Goro Miyazki, pero actualmente se ha podido comprobar que sigue en plena forma con el estreno de «El chico y la garza«.
Para Goro Miyazaki la empresa de levantar la película «Cuentos de Terramar» era triplemente difícil: debutar como director, seguir la senda marcada por el maestro Hayao Miyazaki, su propio padre, y además adaptar al cine los libros de Ursula K. Le Guin. Y aunque el resultado es satisfactorio la alargada sombra de su padre y de los trabajos de su padre fueron una losa demasiado pesada y la película se considera un fracaso de Studio Ghibli y una de las peores películas del estudio japonés. La leyenda cuenta que el padre, descontento con lo que estaba viendo, salió de la sala en mitad de la proyección el día del estreno. «Es bueno que haya hecho una película. Con esta, debería dejar de hacerlas«, llegó a decir.
La película nos trasladaba hasta Terramar, un archipiélago situado en un mundo imaginario, en una época indeterminada, donde cruzarán sus caminos el mago Ged, el impetuoso príncipe Arren y una bruja, que buscará aprovechar en beneficio propio el lado oscuro del carácter de Arren. Este es un mundo gobernado por la magia y, ante todo, por las palabras: cada cosa posee su nombre verdadero, el designado durante la Creación, cuyo conocimiento otorga a los hechiceros el dominio sobre los elementos y los animales. Sus gentes, sencillas y tranquilas, tienen como único objetivo conseguir la paz y la sabiduría.
No hay que olvidar que el universo de Terramar fue creado por la escritora norteamericana Ursula K. Le Guin (1929-2018), autodefinida como feminista, conservacionista y ecologista, y consta de seis novelas («Un mago de Terramar», «Las tumbas de Atuan», «La costa más lejana», «Tehanu», «Cuentos de Terramar» y «En el otro viento»), además de varios relatos cortos. Esta saga convirtió a su autora en una referente ineludible del género y varias de estas novelas recibieron algunos de los premios más prestigiosos de la novela fantástica: «Las tumbas de Atuan» recibió el Newbery Honor, «La costa más lejana» un National Book Award, «Tehanu» un Nebula Award y «En el otro viento» recibió un World Fantasy Award. La prolífica obra de Ursula K. Le Guin ha merecido múltiples galardones, entre los que destacan el National Book Award, el American Book Award y numerosos premios Hugo, Nebula, Jupiter y Locus.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja