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Al cine siempre le ha costado mucho representar el deporte. No hay grandes películas sobre futbol, baloncesto, tenis, atletismo o natación. La razón parece obvia: la épica de la competición ya se encuentra en el mismo terreno de juego y no es necesario que venga una película a contarnos lo que ya sabemos que sucedió después de lo sucedido, a ofrecernos un producto sin la emoción y la incertidumbre el momento mismo en el que se juega. No hay películas sobre la final de la Champions que el Liverpool ganó al Milan tras haber llegado a la media parte perdiendo tres a cero, ni sobre el legendario duelo entre Federer y Nadal en la final de Wimbledon del año 2008, ni acerca del ‘Maracanazo’ de Uruguay a Brasil en 1950, ni de la histórica victoria de Fangio en Nurburgring o del día que Bob Beamon voló como un pájaro en el Estadio Olímpico de México. El deporte no necesita que venga nadie a explicar su mística,… pero “Hoosiers” lo intentó.

Dirigida por David Anspaugh y protagonizada por Gene Hackman, Barbara Hershey, Dennis Hopper y Chelcie Ross, “Hoosiers: Más que ídolos” nos contaba como Norman Dales, un prestigioso entrenador de baloncesto, llega al instituto Hickory para dirigir su equipo. Dale se propone devolver al equipo su antiguo esplendor, y para ello cuenta con dos aliados: el director del instituto y viejo amigo Cletus Summers y Shooter Flatch, una ex-estrella del baloncesto y ahora alcoholizado, pero en la apacible comunidad de esta pequeña localidad de Indiana su llegada es recibida con hostilidad y suspicacia por jugadores, padres y vecinos. Poco a poco la tenacidad, la ética de trabajo y la vitalidad del nuevo entrenador Dales terminará por contagiar al equipo entero, que irá creciendo (se sumará a la plantilla la estrella local Jimmy Chitwood), irán avanzando eliminatoria tras eliminatoria, y el sueño de la victoria en el campeonato cada vez parecerá más real.

La historia de la película “Hoosiers” está inspirada en la historia real de los Indians de Milan ganó el campeonato estatal de Indiana de baloncesto en 1954. Además algunos elementos de la película coinciden: Milan y Hickory tenían una plantilla de jugadores muy bajos y ambas ganaron la final estatal por dos puntos, con una canasta decisiva anotada prácticamente desde el mismo punto en ambas historias, la real y la ficticia, mientras que el pabellón en el que se desarrollan los acontecimientos es en ambos casos el Hinkle Fieldhouse de Indianápolis. Y la realidad es que cada pocos años algún equipo universitario de baloncesto norteamericano, sorprendente e inesperado, los llamados equipos de ‘seed‘ bajo, sobresale en el March Madness y nos recuerda que las películas de deportes no conseguirán nunca darnos tantas sorpresas, alegrías y disgustos como el deporte en la vida real.

Sea como sea, la propia NBA rindió homenaje a “Hoosiers” y vistió en el año 2015 a los Indiana Pacers con la equipación del instituto Hickory. De hecho ‘hoosier‘ es un apodo empleado como gentilicio del estado de Indiana.

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