Hacía mucho tiempo que no veía algo tan irrespetuoso y provocador como el título y la primera página de “El hombre que mató a Lucky Luke“, un cómic de que abre su historia con el ‘lonesome cowboy’ derrumbado sobre el polvoriento suelo de un pueblo cualquiera. Provocador e irrespetuoso, pero magistral y fiel a la obra original de Morris, este cómic es una necesaria y brillante puesta al día de un personaje clásico del cómic que agradece la valentía del autor. Muy, muy recomendable.

luckyluke_bonhomme_portada¡He acabado con la leyenda! ¡He matado a Lucky Luke!

Lucky Luke es un cowboy solitario, conocido por ser ‘más rápido que su propia sombra’ con su revólver, que se enfrenta al crimen y la injusticia, deteniendo forajidos, escoltando caravanas de pioneros o de mujeres, protegiendo a los inocentes, dialogando con las tribus de indios asentadas en las praderas, o ejerciendo de mediador del Gobierno de EE.UU. en misiones diplomáticas por todo el Viejo Oeste. Fue creado en 1946 por el dibujante belga Maurice de Bevere ‘Morris’ (1923-2001) y ha contado con numerosos guionistas, entre los que destaca René Goscinny (1926-1977), aunque no deben ignorarse las aportaciones de Bob de Groot o Claude Guylois, editados por Dupuis (treinta y un álbumes, desde 1946 a 1967) y Dargaud (de 1968 a 2002). Sus historias siempre acababan bien, o al menos terminaban como deseaba el protagonista que terminasen: con los cuatro hermanos Dalton encerrados en el penal y con Lucky Luke cabalgando sobre su fiel Jolly Jumper con destino a ninguna parte, iluminados por el sol anaranjado del ocaso mientras el héroe canta una triste balada sobre su vida solitaria.
Setenta años después de su primera aparición, el mito creado por Morris se mantiene como referente de un género, el ‘western’, que nació para parodiar pero que por el camino se contagió de sus propios guiños para acabar influyéndolo directamente… con algunos matices: Lucky Luke hace tiempo que cambió el cigarro en los labios por una espiga de trigo en aras de la corrección política (en concreto en el año 1983, lo que le valió a Morris el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud).

La editorial Casterman y la sociedad Moulinsart, gestores de los derechos sobre la obra de Georges Remi ‘Hergé’ y su creación más destacada, Tintín, cumplen con mano de hierro lo establecido por el dibujante belga, que no quería que otros crearan nuevas historias del personaje después de su muerte. Tanto Casterman como Moulinsart se encargan de proteger y promover el legado de Hergé, pero también de comercializarlo y enriquecerse con él. El caso de Morris es diferente, pues el creador de Lucky Luke nunca tuvo reparos en que otros heredaran el personaje y lo llevaran más allá de donde él lo había dejado, en forma de 87 álbumes, cuatro largometrajes y más de cien episodios para la serie de televisión animada sobre el audaz vaquero.
Y con motivo del 70a aniversario de la creación del personaje, la editorial francesa Dargaud desarrolló dos números especiales sobre el ‘lonesome cowboy‘, al margen de la serie regular de Hervé Achdé, Laurent Gerra, Daniel Pennac y Tonino Benacquista. Uno de Guillaume Bouzard y el otro del ilustrador y escritor francés Matthieu Bonhomme. El segundo de ellos fue “El hombre que mató a Lucky Luke” (“L’homme qui tua Lucky Luke”) y este pasado mes de septiembre Ediciones Kraken publicó la edición en castellano de este cómic, por un precio de 20 euros y un formato de lujo, que merece la más sincera de mis recomendaciones.

La elección de Bonhomme para retomar al personaje no es casual, ya que había destacado como dibujante en el ‘western’ “Texas Cowboy” con Lewis Throndheim, y ha resultado ser una decisión acertadísima. Aunque el estilo de Morris es más ‘toon‘ y paródico, el respeto que desprende el trabajo del dibujante de este título conmemorativo “El hombre que mató a Lucky Luke“, su cariño por aventuras clásicas, su conocimiento del género y la historia del Viejo Oeste han garantizado el éxito de su propuesta para el flemático héroe.
El Lucky Luke de Bonhomme no ha perdido a Jolly Jumper, pero renuncia a muchos de los personajes más humorísticos de la serie en busca de un tono más serio, y ni el perro despistado Rantanplán, ni los cuatro hermanos Dalton, esos villanos tan entrañables como inseparables del héroe, ni el enterrador, secundario eterno sin texto, asoman su nariz por las sesenta y cuatro páginas de la aventura. Una decisión lógica y coherente con el camino que ha decidido seguir el autor, puesto que ha tomado el personaje y su elementos esenciales pero los moderniza y les aplica un barniz de madurez y tono adulto que le sienta de maravilla.
Y un detalle memorable es como este cómic recoge el guante del debate entre el cigarro o la rama de trigo, que se convierte en uno de los elementos esenciales de la historia, pues Mathieu Bonhomme respeta las convenciones actuales que quitaron el cigarrillo de los labios del ‘cowboy’ pero, por otro lado, se pasa toda la aventura intentando que Lucky Luke pueda hacerse con uno.

En “El hombre que mató a Lucky Luke” Mathieu Bonhomme incluye guiños, referencias, homenajes y gestos propios de los clásicos del western cinematográfico, tanto con un título de referencias fordianas (“El hombre que mató a Liberty Valance“) o portada en la que Luke luce un poncho muy similar al que caracterizaría a Clint Eastwood en los spaghetti western de Sergio Leone. Incluso la misma historia que nos cuenta el autor tiene los elementos básicos esenciales de cualquier ‘western’ que se merezca esta palabra: un héroe solitario, enfrentado a un grupo más numeroso y sin escrúpulos que tiene sometido y aterrorizado a un pueblo aislado del resto del mundo, con un aliado fiel pero enfermo,… ¿El “Gunfight at the O.K. Corral” de John Sturges? Por supuesto. “El hombre que mató a Lucky Luke” es un homenaje en toda regla al famoso duelo de Wyatt Earp y Doc Holliday contra los hermanos Clanton en Tombstone.
Así, en “El hombre que mató a Lucky Luke“, Lucky Luke llegará hasta el pueblo minero de Froggy Town para luchar una vez más contra la injusticia y hacer cumplir la ley allí donde ésta no ha conseguido llegar, aunque quizás en esta ocasión no conseguirá salir con vida. Uno no debe fiarse de los hermanos Bone, y ni siquiera la ayuda de Doc Wednesday podría ser suficiente para evitar abandonar el pueblo con las piernas por delante.

Junto con Hergé, Edgar P. Jacobs o André Franquin, con Tintín, Blake y Mortimer o Gaston Lagaffe, Morris y Lucky Luke han alimentado durante setenta años los sueños de millones de niños y jóvenes, hoy muchos de ellos adultos, proponiendo una visión del mundo distinta de la simbolizada por los Superman, Batman y los otros superhéroes del cómic que nos han llegado del otro lado del océano. Una visión más abierta y sensata, europea, que era necesario recuperar y modernizar, para que el defensor de la justicia no fuese un ingenuo icono anclado en el pasado. Y Mathieu Bonhomme lo ha conseguido de forma mayúscula, con la aportación honesta que aúna nobleza, modernidad y reconocimiento, siempre desde el respeto a la memoria y al espíritu de la obra original de Morris.

El hombre que mató a Lucky Luke.
Autor: Matthieu Bonhomme
Colección: Lucky Luke
Fecha de publicación: Septiembre de 2016
ISBN: 978-84-16435-13-5
Formato: Cartoné. Color.
Páginas: 64
Precio: 20,00 euros