Películas, libros o cómics, es igual, tú pon muchos mechas y te garantizo un buen puñado de seguidores fieles que te rendirán pleitesía. Los mechas, los robots gigantes habituales en las películas de animación japonesas como «Neon Genesis Evangelion«, «Robotech«, «Macross«, «La visión de Escaflowne«, o «Mazinger Z«, a los que el cine norteamericano apenas a prestado atención con la excepción de «Pacific Rim«, son los protagonistas de la función de la entretenida «Hijos de la ira«.

Planeta Aegis. Gracias a su superioridad tecnológica y militar la Confederación de Estados del Norte explota los recursos naturales de las regiones subdesarrolladas del Sur. Para contraatacar, la resistencia utiliza un nuevo tipo de robot. De apariencia bastante rudimentaria, sin embargo son rápidos y están bien organizados. Cuando el CEN finalmente logra capturar uno descubre que este robot está pilotado por un niño…

Pese a presentar una historia muy convencional en cuanto a su desarrollo, protagonizada por personajes estereotipados y con giros de guión previsibles a una legua, «Hijos de la ira» es un cómic brillante. Puede parecer un comentario contradictorio, pero sabemos lo que estamos diciendo. Quizás justamente porqué recorre caminos trillados sin arriesgar demasiado es un cómic sólido, con personajes de manual y bien construidos, con ritmo y mucha acción, que podrá satisfacer tanto a lectores jóvenes como adultos. Tiene defectos, algo inevitable, como cierta confusión en las escenas de combate entre mechas para identificar a unos de otros pero son detalles, minucias, que no deben rebajar ni un ápice la calificación que le hemos otorgado. Es una de las novedades más recomendables del mes, de verdad.

«Hijos de la ira» nos lleva hasta un planeta distante, en un futuro inconcreto, donde las ambiciosas y belicosas fuerzas de la Confederación de Estados del Norte dirigen su atención hacia las ricas minas de las regiones del sur. Para defenderse de las incursiones de los poderosos mechas de los ejércitos del CEN, de la empresa BechTech, que no tienen ningún escrúpulo en atacar a población civil inocente e indefensa, el general Kasic decide formar su propia unidad de robots tripulados para defenderse, robots de reciclaje que contraatacarán con tácticas de guerrilla. En las tripas de los colosos mecánicos Kasic va a meter a niños, huérfanos de la guerra, hijos de la ira, e incluso a su propio hijo, confiando que las habilidades de los pequeños puedan ser la diferencia entre la victoria y la derrota.
Como hemos dicho, «Hijos de la ira» se construye sobre tópicos y evita meterse en camisa de once varas. Los personajes son el ejemplo más claro, pues hay un personaje que asume el rol de héroe (Kir), el díscolo (Marek), la emocional (Zoya), el violento (Kolov) y la solitaria (Kira), que a lo largo de las páginas van acercando sus posiciones hasta formar un grupo compacto y cohesionado que superan las adversidades para obtener el éxito. Un déjà vu en toda regla, que hemos podido ver en historias sobre deportes y deportistas.

Este cómic de Damián Campanario y Nico Naranjo nos transporta a un planeta distante y se enmarcaría en el género de la ciencia-ficción, pero los asuntos que trata son terriblemente cotidianos en nuestro mundo: la guerra, las víctimas inocentes de los conflictos armados, la perversa avaricia de los países imperialistas, la explotación de los recursos de los países más desfavorecidos para enriquecer a unos pocos, los niños-soldado,… Tal y como decía el fotógrafo norteamericano de la agencia Magnum Erich Hartmann, «la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan«. Seguramente esta crítica social que supura la distopía urbana de «Hijos de la ira» tiene mucho que ver con su guionista, que fue educador social en diferentes centros de justicia juvenil antes de empezar su prolífica carrera como guionista («Barcelona TM«, «Valentia», «Revolution Complex», «BCN Noire», «Lágrimas en la Lluvia», «Khalid», «Blechkoller», «The Killmasters»,…) y, por lo tanto, su sensibilidad por estos asuntos. También Nico Naranjo, ilustrador, profesor de dibujo en la ESDIP y scout, ha recorrido en su obra aspectos similares en relación a los niños y su encuentro para este cómic publicado por Nuevo Nueve no es casual. Es un autor joven, con poca obra publicada, pero va bien dirigido, con un estilo propio que tiene algun eco a nuestro querido Jan o los franceses Valentin Seiche y Guillaume Singelin.

La edición de Nuevo Nueve es, como siempre, excelente. Su editor es un perro viejo del negocio, y sabe dar el formato adecuado a todas las obras que llegan a su mesa. Tal vez es demasiado lujosa para una obra dirigida a un público juvenil, que con un formato en tapa blanda ya estarían contentos (y que hubiese bajado el precio unos cinco euros), como ya hizo con «El cazador» o «Monster Allergy«, pero nosotros no somos editores.

Hijos de la ira.
Autores: Damián Campanario y Nico Naranjo
ISBN: 978-84-17989-46-0
Formato: 27x19cm. Cartoné. Color
Páginas: 144
Precio: 22,00 euros