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El maestro japonés Masamune Shirow, uno de los mangakas de más renombre internacional, impulsor del género cyberpunk, se consagró sobretodo con «Ghost in the Shell«, una de sus obras más destacadas. Esta serie, que debutó en las páginas de la revista «Young Magazine» de la editorial Kodansha durante el mes de mayo de 1989, fusionaba genética y robótica, sensualidad y maquinaria, y contó con una excelente adaptación animada en el año 1995, dirigida por Mamoru Oshii, que tuvo también varias secuelas. En el año 2017 llegó una adaptación cinematográfica en imagen real, que no es nada desdeñable.

Dirigida por Rupert Sanders, un joven director con poca experiencia, solamente en publicidad y con una sola pelíucula («Blancanieves y la leyenda del cazador»), y protagonizada por Scarlett Johansson, Michael Pitt, Juliette Binoche, Michael Wincott, Pilou Asbaek, el mítico e inigualable Takeshi ‘Beat’ Kitano, Chin Han, Joseph Naufahu y Christopher Obi, entre otros, nos presentaba a la Mayor Kusanagi, una cyborg mitad máquina y mitad humana, un cuerpo sintético con un cerebro humano, que trabaja para la Sección 9 y es experta en desenmascarar a delincuentes tecnológicos. Cuándo descubra que alguien, o algo, está saboteando la empresa de inteligencia artificial Hanka Robotics y asesinando a los principales responsables de sus experimentos cibernéticos, deberá salir en busca de la amenaza mientras comienza a plantearse dudas sobre su existencia artificial y su lugar en el mundo. En el fondo, deberá profundizar en la dualidad entre lo humano y lo robótico, entre el «ghost«, el alma, y el «shell«, el cuerpo.

Recogiendo el estilo de Shirow de los ochenta y de Oshii en los noventa, la propuesta de Rupert Sanders tiene un diseño de producción espectacular sin dar la espalda al universo del manga y los anime de los «Ghost in the Shell» precedentes. Tiene influencias también en el cyberpunk cinematográfico, con «Matrix» y «Blade Runner» como punta de lanza aunque cambiando ese Los Ángeles de Ridley Scott (y Philip K. Dick) por un Japón futurista e hipertecnificado. Lamentablemente, la película levantó cierta polémica por cambiar de raza a su protagonista de origen japonés, interpretada en el film por Scarlett Johansson. El llamado ‘white-washing‘.

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