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La surrealista historia que propone el director sueco David Sandberg en «Kung Fury» incluye todas las locuras que uno puede llegar a buscar una película… siempre que sea un sábado por la noche, estés junto a un montón de amigos tan alocados como tu y lo veas todo borroso, tras haber bebido una docena de cervezas. A saber: dinosaurios, nazis, dioses nórdicos, mutantes, policías, kung fu,… A su lado, Ed Wood, «Las aventuras de Ford Fairlane«, las películas de serie Z o «Iron Sky» se sonrojarían y renegarían de ella. Por ese motivo ningún estudio se planteó financiar el proyecto y «Kung Fury» tuvo que buscar su fortuna en el crowfunding. Como no podía ser de otra manera, se convirtió en un fenómeno viral y encontró esa suerte.

Con un presupuesto muy limitado, David Sandberg escribió el guión e invirtió 5.000 dólares de su propio bolsillo, consiguió un par de cámaras y utilizó sus conocimientos en animación digital tras varios años en la industria audiovisual para empezar el proyecto, un cortometraje de treinta minutos de duración. El maldito dinero que frustra a menudo tan buenas iniciativas era el único obstáculo para conseguir disfrutar de la propuesta de David Sandberg, pero el micromecenazgo de Kickstarter no le falló. Necesitaba 200.000 dólares para poder financiar el desarrollo y los diseñadores de los fondos 3D y realizar el proceso de postproducción, y en dos días había conseguido el dinero, el trailer de dos minutos que acompañaba a la campaña de crowfunding fue visto por más de diez millones de personas y al acabar consiguió hasta 630.000 euros para dar forma a su película. Y cuando finalmente estrenó su cortometraje en el canal de vídeos Youtube en apenas doce horas recibió más de un millón y medio de visitas. ¡Incluso se presentó en el Festival de Cannes!

«Kung Fury» cuenta la historia del policía renegado Kung Fury, que tras la muerte de un amigo a manos de Adolf Hitler, también conocido como Kung Führer, decide viajar en el tiempo, a la Alemania del año 1940, con el fin de matar a Hitler y poner fin al imperio nazi una vez por todas. El problema es que la máquina del tiempo falla y termina mandándolo a la Escandinavia de los vikingos. La apoteosis del cutrismo, que alcanza su cima bizarra cuando descubrimos que responsable de la canción principal es ¡David Hasselhoff!

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