El espíritu de Bruguera no está muerto. El legado de los magos del lápiz es eterno. Paco Sordo retrocede muchos años para contarnos una historia que pudo haber ocurrido en una época de esplendor de aquella mítica editorial española.
Miguel Gorriaga es un aspirante a dibujante en la Barcelona de los años 50 que está dispuesto a todo por conseguir hacerse profesional. Persona perturbada mentalmente que acabará tomando un camino poco habitual para conseguir su objetivo: raptar al gran Vázquez y obligarle a hacer historietas para él.
Miguel se encargará de entintarlas y escribir los diálogos, Vázquez de dibujarlas. El resultado, inesperadamente, es un enorme éxito. Historia enmarcada en la época en la que algunos autores de la editorial Bruguera la abandonan para montar la revista Tío Vivo.
«El Pacto«, que edita Nuevo Nueve Ediciones, revisita un acontecimiento capital que sucedió en la editorial Bruguera en los años cincuenta, concretamente en 1957, que otro Paco apellidado Roca revisó en la estupenda «El invierno del dibujante«: el cambio de aires de los más importantes dibujantes de la revista «Pulgarcito«. Pero lo hace desde otra perspectiva, del lado de los que se quedaron, con el añadido de un personaje que no estuvo allí y que Paco Sordo crea para la ocasión. Expliquemos el asunto a los neófitos.
Un grupo de dibujantes de Bruguera, un poco hartos de la editorial del gato negro al sentirse explotados y sabiendo que sus creaciones daban mucho parné que les pasaba por delante, decidieron iniciar una aventura empresarial fundando y dirigiendo su propia revista de historietas de humor, «Tío Vivo«. Escobar, Peñarroya, Conti, Cifré y Giner, fueron los destacados creadores que dijeron ‘au revoire‘ a Bruguera. Se les iban los mejores, y había que poner remedio de inmediato, antes de embarcarse en la misión de torpedear y hundir tan funesta competencia para la todopoderosa Bruguera. El grupo de recién llegados, Ibañez, Raf y compañía, se unirían a los que por una razón u otra no se fueron, entre ellos el genial Vázquez.
Seguramente los disidentes no contaron con Manuel Vázquez entre sus filas debido a su reputación, que no era buena. Todos lo sabemos de muchas fuentes distintas: biografías de otros autores, la película «El Gran Vázquez» e incluso de las historietas en las que el maestro se dibujó a sí mismo. Ahora se nos vuelve a contar en «El Pacto«: Vázquez prefería vivir la vida y la juerga, antes de esclavizarse a una mesa de trabajo o pagar una deuda. El genial dibujante desaparecía largas temporadas –algunas de ellas enjaulado en la prisión de turno, por lo que debían recurrir a sustitutos puntuales. Por aquel entonces, a los nuevos dibujantes se les animaba a imitar el estilo de Manuel Vázquez, el buque insignia de «Pulgarcito«. Más adelante sería Francisco Ibáñez el ejemplo a seguir, pero para eso aún faltarían unos pocos años.
Es en este punto que Paco Sordo comienza su relato, una ficción llena de humor, ironía, horror y mala baba. El señor Miguel Gorriaga acude a la editorial Bruguera a una entrevista de trabajo con el director de publicaciones Rafael González. Si es capaz de imitar el estilo de Vázquez, será contratado, ya sea para sustituir al maestro o pasar cosas a tinta. Gorriaga es perseverante y los cómics que muestra -El pato gitano y los rayos cósmicos- no casa con el tipo de historietas que se publican en la editorial. Gorriaga tiene un plan para cumplir ese sueño de toda la vida de dibujar historietas y tras una charla con su párroco habitual, decide poner en marcha un plan diabólico.
Paco Sordo usa dos líneas de narración. La principal, la de Gorriaga está dibujada y coloreada en bitono con tramas, que ofrece un aspecto similar al que veíamos en los ejemplares de Pulgarcito de los años sesenta. Usa el naranja en algunas páginas, el rojo en otras en las que la cosa se pone tensa, e incluso el azul en una que imita la historieta de Ángel Siseñor de Vazquez. Por otro lado, un grupo de “colaboradores” situados en la actualidad nos van contando anécdotas sobre Gorriaga, Vázquez o las historietas que se hacían en aquella época. Estos colaboradores son Mel Prats, José Luis Vidal, Pablo Vicente, Jaume Rovira, María Filstrup, Josep Muntaner, Ricardo Peregrina, Francisco Ibáñez, Carlos Areces -con gafas, ahora ya no las lleva- y Ricardo Esteban, editor de Nuevo Nueve. Todos ellos estudiosos, historiadores o dibujantes que van revelando temas interesantes, sobre todo para un público desconocedor de ellos. Para los versados en Bruguera, es un guiño divertido que ofrece una pausa distendida a la intensa historia principal.
Paco Sordo recrea en «El Pacto» la portada de «Pulgarcito Almanaque» para 1958, introduciendo una variante. Hay otros huevos ocultos a lo largo de la obra, que suponen un aliciente más para los que amamos esa etapa clásica de tebeo español, una auténtica edad de oro, que se fue malogrando con el paso de los años por primar la cantidad a la calidad y que culminó con el cierre de la editorial por cese de negocio. «El Pacto» es una grata sorpresa por su sentido del humor, el cariño a una época y por volver a encontrarnos a ese canalla del cómic español que fue Manuel Vázquez, aunque sea en caricatura.
La edición de Nuevo Nueve Ediciones es impecable. El tomo está encuadernado en tapa dura con un tamaño ligeramente menor que el de un comic-book americano y con un papel bien escogido para simular antigüedad a través del color amarillento aplicado al fondo. Incluye un prólogo del gran coleccionista Carlos Areces.
No he querido desvelar mucho de un argumento que más que de humor, es un drama sicológico con toques de terror con una colorida conclusión que redondea el resultado final. Paco Sordo ha realizado un trabajo muy recomendable, digno de todos los elogios.
El Pacto
Autor: Paco Sordo
ISBN: 978-84-17989-69-9
Formato: 24x17cm. Rústica. Color.
Páginas: 112
Precio: 18,00 euros











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