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«El método Grönholm» (su título original en catalán era «El mètode Grönholm«) es una obra de teatro en un solo acto escrita por el dramaturgo Jordi Galceran que sirvió de inspiración para la película de 2005 «El método«, dirigida por Marcelo Piñeyro. La obra de teatro es una joya y la película, una mala copia. La obra se estrenó por primera vez en el año 2003 en el Teatre Nacional de Catalunya, dirigida por Sergi Belbel y protagonizada por Jordi Díaz, Lluís Soler, Roser Batalla y Jordi Boixaderas. y su éxito le hizo traspasar fronteras: Madrid, Caracas, Buenos Aires, Roma, París, Los Ángeles,…

«El método Grönholm» está protagonizada por cuatro candidatos, tres hombres y una mujer, aspirantes a un puesto de alto ejecutivo en una multinacional que compiten entre ellos, donde la astucia, la crueldad y la falta de escrúpulos parecen no tener límites. Una prueba de selección conjunta en la que el procedimiento propuesto por la empresa es cualquier cosa menos convencional: los candidatos se encuentran solos y encerrados en una sala aislada del exterior de la que no pueden salir, y deberán someterse a los retorcidos y crueles juegos a los que los psicólogos de la empresa les someten. Al final todo se reduce a un juego de engaños y astucia entre los aspirantes que intentan ser los elegidos y un entrevistador, tras el cristal, que intenta descubrir quienes son en realidad. ¿Hasta dónde estarán dispuestos a llegar para obtener el puesto de trabajo?

Esta obra de teatro de 100 minutos no es una comedia, aunque provocará más de una sonrisa y carcajada, y tampoco un thriller, aunque los espectadores sufrirán con y por los cuatro candidatos. Es, en resumen, una sátira sobre el mundo de los procesos de selección de personal. Lo peor de todo quizás es que muchos conocemos casos de procesos selectivos poco convencionales, e incluso insultantes, y nada de lo que propone «El método Grönholm» nos sorprende. De hecho decía Galcerán que la idea de esta obra nació de una anécdota real, cuando un periodista encontró en un contenedor las fichas desechadas de unas aspirantes a cajera de supermercado y en ellas, el encargado de las entrevistas había anotado sus impresiones sobre cada candidata («gorda», «no sabe ni dar la mano», «apesta», etc.) y eso le hizo reflexionar acerca de la diabólica relación que se establece entre alguien que necesita un trabajo y aquél que tiene el poder de proporcionárselo.

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