En “El maestro de la Mano Negra”, Carlos Algora nos cuenta como Andalucía fue uno de los bastiones que sostuvo el régimen de la Restauración (1874-1931) a través del caciquismo más reaccionario. El gobierno, con el apoyo de los terratenientes y las fuerzas de seguridad del Estado, persiguió sin ningún escrúpulo a las nacientes organizaciones de trabajadores, que tan solo pretendían mejoras salariales y laborales.

“El maestro de la Mano Negra” (Carlos Algora, Algaida Editores)

"El Maestro de la Mano Negra" (Carlos Algora, Algaida Editores) Portada Ficha técnica

  • Título:El maestro de la mano negra
  • Autor: Algora, Carlos
  • Editorial: Algaida Editores
  • ISBN: 9788491892823
  • Año de publicación: 2020
  • Precio:19.00 Euros

Juan Ruiz, maestro cortijero, participa con su mujer en la siega del verano de 1882. La mala cosecha de este año supuso el cenit de un ciclo de sequía. Hambrunas y epidemias arrastraron consigo una oleada de incendios, robos y asesinatos que ennegrecieron y enrojecieron las tierras de Jerez y suscitaron todas las alarmas.

Son los orígenes del movimiento obrero anarquista en Andalucía, cuando se suceden una serie de crímenes atribuidos a la sociedad secreta de la Mano Negra. El que despertó mayor expectación nacional e internacional tuvo lugar en La Parrilla, y supuso el procesamiento de 17 internacionalistas de la Federación de Trabajadores de la Región Española.

Con una mezcla de realidad y ficción, Carlos Algora, nos traslada a la provincia gaditana de los primeros años de la década de 1880. El hambre y la desesperación de la mayoría de la población conllevó algunos desmanes como el asalto a panaderías y otros comercios de subsistencia, otros se tiraran al monte para sobrevivir del contrabando y el bandolerismo, los menos intentan organizarse en asociaciones solidarias de jornaleros espoleados por las ideas anarquistas, que empezaban a ser conocidas en la Península. Soñaban con un mundo mejor, donde llevar un insuficiente chusco de pan a casa no significase morir de agotamiento. Estos últimos infelices son los protagonistas de esta novela.

¿Existió en realidad la sociedad secreta conocida como la Mano Negra? Ésta es la pregunta que nos plantea el autor. Hoy, los historiadores siguen sin ponerse de acuerdo en la existencia de dicha organización, aunque la mayoría considera que las autoridades, secundadas por el sensacionalismo de la prensa, se valieron del miedo generalizado, sobre todo entre los propietarios, para acabar con la FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española). Esta asociación de socorro mutuo sólo pretendía el auxilio entre los más desfavorecidos, pero fue confundida interesadamente con la sociedad secreta la Mano Negra, sus miembros fueron encarcelados y algunos condenados al garrote vil. Todos los crímenes violentos les fueron atribuidos, las confesiones fueron obtenidas bajo terribles torturas, por supuesto de nada sirvieron las peticiones de clemencia…

Supo que a comienzos de 1883 habían tenido lugar varios encuentros al más alto nivel, auspiciados por el Gobierno, entre el recién nombrado capitán general de Andalucía, el general Polavieja, el Jerarca de Hierro, con los mandos de la Guardia Civil y Rural, los grandes caciques –pilares del nuevo régimen de Cánovas– y los gobernadores civiles y militares, con el fin de combatir por todos los medios el anarquismo y las alteraciones del orden público. Fue el comandante Monforte, obsesionado con la Mano Negra, el que los puso en alerta contra ella. Todos vieron el potencial de esta asociación para justificar la represión contra todas las sociedades obreras y el internacionalismo. Tanto celo puso el gobernador civil de Cádiz, que cualquier hecho delictivo desconocido que se producía en la provincia era atribuido de antemano a la asociación terrorista.

Pág. 385

Sin llegar a conocerse, los dos protagonistas de la obra, los antagónicos Juan Ruiz, el maestrito, y Miguelillo Ajorcajambre, el bandolero, entrelazan sus azoradas vidas en cada capítulo. Uno y otro son consecuencia de su tiempo, sus acciones irán ligadas a las tierras andaluzas, comparten el mismo estrato social, pero cada uno se enfrentara a la realidad que le ha tocado vivir de forma distinta. Tras leer la novela, nos toca a nosotros, los lectores, analizar sus comportamientos; aunque no seré yo quién juzgue a ninguno. Además me han resultado sugestivos otros personajes secundarios que pueblan y enriquecen el relato, unos históricos otros inventados: la Rosa, el Lagartijo, el Petenera o Frasco Antonio, el bandido beato. Sin llegar a ahondar excesivamente en ellos, dan el juego necesario para que la narración mantenga su interés.

La historia de la Mano Negra desató ríos de tinta en su momento, realidad o acertada invención de las autoridades y los medios, fue durante varios años “el mal” al que cargarle todas las miserias humanas… Para bien o para mal, hoy seguimos hablando de ella.

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