Novela bien documentada, ambientada en la Francia ocupada por los nazis, en concreto en la fachada atlántica pirenaica, lo que los vascos llaman la muga, su parte de frontera entre Francia y España.

PURA RAZA
Francisco Núñez Roldán
Páginas: 360
ISBN: 978-84-9067-897-8
Precio: 20,00 €

Hasta el año 2000 se tenía por perdido el reportaje cinematográfico Im Lande der Basken, realizado en 1942 por Helmut Brieger bajo las órdenes del general SS Werner Best, y fruto de los contactos entre un sector del nacionalismo vasco exiliado con los invasores alemanes en Francia. El proyecto nacionalsocialista de una Europa de los pueblos, más que de las nacionalidades políticas, pensó incluir a una nación vasca unificada bajo la tutela alemana, como hizo temporalmente en varios lugares de la Europa del Este y se tenía proyectado en otros países conquistados. Los servicios secretos británicos y el gobierno franquista, conocedores ambos de tales contactos, trataron de torpedearlos, y fue más que nada el curso de la guerra lo que impidió el éxito del proyecto.

 Esta novela, tras un largo trabajo de investigación, presenta los avatares de personajes individuales y colectivos en el pulso que tuvo lugar durante varios años entre implacables fuerzas opuestas. Para bien y para mal, casi todos los caracteres y lugares que aparecen en estas páginas existieron y actuaron como se cuenta. Los personajes ficticios, inevitables en toda novela, aportan el necesario calor humano sin restar veracidad ni tensión a una densa y sorprendente trama política que había permanecido prácticamente oculta hasta hace poco.

Los Pirineos fueron durante la II Guerra Mundial una de las fronteras más transitadas de Europa, por ella pasaban refugiados de todas las nacionalidades, aviadores aliados derribados, espías, maquis, asesores militares e información, mucha información. Llegar a España suponía para la mayoría algo de respiro, el estatus de estado neutral daba ciertas garantías en un continente ocupado por las esvásticas y los uniformes alemanes, cuando no por estados títere o colaboracionistas.

Este intenso tránsito fue posible gracias a la labor de hombres curtidos en la abrupta orografía pirenaica. Los mismos que, en muchos casos, se habían dedicado al estraperlo, ahora se dedicaban al transito de personas. En euskera se conoce a estos individuos como mugalaris. Peligroso oficio que, hoy podemos ver desde cierto prisma romántico, necesitó de buenas redes de información y logística para salvar a miles de personas, aunque no siempre se conseguía, los tropiezos con las patrullas a un lado y otro de la muga podían ser fatales.

La mayoría de los vascos obligados al exilio por el franquismo colaboraron con los aliados de un modo u otro, incluso algunos de los que se quedaron. Aunando esfuerzos para salvar vidas y derrotar al fascismo desde los primeros días del conflicto, ya fuera desde Bilbao, San Juan de Luz, París, Londres, Washington o Berlín. Pero también hubo contactos de un sector de los vascos nacionalistas expatriados con gerifaltes teutones, atraídos por los cantos de sirena de una Europa de los pueblos en la que tuviera cabida un Euskadi unificado e independiente de Francia y España.

Tanto los nazis como los aliados jugaron con el sentimiento vasco de formar un estado independiente al termino de la guerra. Todos faroleaban: las democracias occidentales no pensaban actuar contra Franco y el Reich de los mil años tenía una idea muy sui géneris del concepto de independencia.

 

–Decía que en política no existe la filantropía, la beneficencia, la amistad y palabras así, tan prácticas en el lenguaje privado y personal. Si el Reich quiere favorecer la creación de esa Europa de los pueblos, ese proyecto del que les hablé en la última reunión, es sencillamente porque así se espera que haya una amalgama mucho más sólida, más definida y más limpia que la Europa de las nacionalidades políticas, y está claro que los pueblos que se reconstruyeran o se liberaran de nuevo bajo ese concepto y bajo nuestra dirección, tendrían muchas razones para estarnos agradecidos, cosa que nosotros evidentemente les recordaríamos…, y que sin duda vigilaríamos, a fin de que esa inversión de energía nuestra no fuese en vano, y por supuesto, jamás se volviera contra nosotros. Al decir nosotros, está claro que quiero decir el conjunto del Reich, caballeros.

 General SS, Werner Best. Pág. 106.    

Yo diría que Pura Raza es una novela histórica, amena y fácil de leer. Mi colega Joseba diría: “sin grandes pretensiones, pues…”.

El nacionalismo puede llegar a entenderse como el triunfo de la voluntad, qué curioso, los totalitarismos también.