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Después de ver varias versiones del mismo título se puede asegurar que ésta ni desmerece ni reitera caminos ya trillados y ofrece algo distinto (de hecho muy muy distinto al título original). Fundamentalmente su mérito es crear inquietud psicológica con la puesta en escena (¡qué desasosiego provoca ver simplemente una escena fija en la que intuyes que algo pasa o no saber lo que tienes delante porque no lo ves!) y más que ser título de terror es de suspense. El tempo es lento a veces, los encuadres muy estudiados y la ambientación un tanto fría como pretendiendo destemplarte. Nada funcionaría sin esa grandísima actriz que es Elisabeth Moss, que en sus cambios de registro y en su capacidad para transmitir emociones diferentes me recuerda a Meryl Streep, lo cual así dicho es un piropo en toda regla porque creo que en esta película lo merece. Lo que más me ha gustado es lo bien que explica como alguien con más información que los demás puede llegar a ser considerado un demente y lo que menos un final que (y es mera cuestión personal) me hubiera gustado que se resolviera de otro modo, por no hablar que la motivación de el «malo» de la película me parece cuando menos «cogida con pinzas».