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El escritor austríaco Gustav Meyrink, un hombre de vida peculiar y digna de una novela, publicó en 1915 la obra que determinó su fama, se convirtió en un clásico de la literatura fantástica del siglo XX y lo consagró para la posteridad: «El Golem«. En esta obra desarrolló el mito hebreo del coloso de barro, al que solo pueden dar vida aquellos que han descifrado el nombre secreto de la divinidad. El éxito fue casi inmediato tras su publicación, y encabezó la lista de los libros más vendidos hasta la década de 1940.
Basándose en la novela de Meyrink, el realizador alemán Paul Wegener coescribió, codirigió y protagonizó tres películas sobre el Golem, realizadas entre 1915 y 1920. La versión de 1920, «Der Golem, wie er in die Welt kam«, dirigida por Wegener junto a Carl Boese, es un claro ejemplo del expresionismo cinematográfico alemán. Es la más conocida de las tres, la única que se conserva, y tuvo tanto éxito que se mantuvo en cartel en Nueva York durante casi un año. Sin duda, el Golem de Wegener influyó en otra célebre película de monstruos: «Frankenstein«, dirigida por James Whale, que llegaría a las pantallas una década más tarde. Hay una escena, el encuentro del monstruo con una niña pura e inocente, que aparece en ambas.
El Golem, una película muda, relativamente corta (poco más de una hora de duración) y en blanco y negro, habitual de filmotecas y de canales de televisión para público minoritario, con obras maestras, clásicos y cine independiente, transcurre en el siglo XVI, en el gueto judío de Praga durante la dominación del Imperio austrohúngaro. El Golem, una estatua de arcilla moldeada por el rabino Loew, cobra vida gracias a una invocación al espíritu del mal Astaroth y asume la labor de proteger a los habitantes del gueto frente a la tiranía del gobierno. Lamentablemente, el Golem acaba descontrolado y siembra el terror entre los suyos.
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