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Sam Raimi siempre ha sido una ‘rara avis‘ dentro del negocio del cine. Versátil, irreverente, indomable, ingenioso y muy original empezó haciendo cine entre amigos y para amigos y ha terminado dirigiendo blockbusters para Marvel Comics sin dejar de ser fiel a su estilo. De los 350.000 dólares que costó “Posesión infernal” en 1981 a los a 200 millones de “Doctor Strange en el multiverso de la locura” en 2022, pero su firma sigue ahí, debajo de ese torbellino de efectos especiales.

Si alguien quiere conocer la esencia de su estilo debe viajar hasta los años ochenta y noventa y disfrutar con la trilogía de “Posesión infernal” (“Posesión infernal“, “Terroríficamente muertos” y “El ejército de las tinieblas“), donde la risa y el terror están entretejidos formando un lienzo. En 1981, un desconocido director llamado Sam Raimi inició con “The Evil Dead“, y un presupuesto ínfimo, una de las sagas más innovadoras del cine fantástico y de terror, que sorprendió a propios y extraños con una mezcla de gore con sangre y vísceras con un humor negrísimo, que cerró con una locura llamada “El ejército de las tinieblas“.

El ejército de las tinieblas” (“Evil Dead III: Army of Darkness“), protagonizada por Bruce Campbell, Embeth Davidtz, Bridget Fonda y Ted Raimi, nos contaba como Ash Williams, el protagonista de la saga, se ve trasladado por un hechizo de brujería al siglo XVIII, a un castillo cercado por las fuerzas demoníacas lideradas por su contrapartida maligna. Con su rifle Remington de dos cañones calibre doce y una motosierra, muy pronto se convierte en un héroe y es elegido para buscar el Libro de los Muertos, el terrible Necronomicon Ex-Mortis.

El ejército de las tinieblas” es una película extravagante y exagerada, y ahí está justamente su virtud. Una enorme parodia de las películas de espada y brujería y una versión gore de “Un yanqui en la corte del rey Arturo” de Mark Twain. Incluye numerosas referencias cinéfilas, como a “Ultimátum a la Tierra” (la frase ‘Klaatu barada nikto‘) y también es un homenaje un explícito a los cómics de horror de EC y Warren Publishing, y al cine de Ray Harryhausen, con ese ejército de esqueletos tan aterrador como cómico y su combate contra versiones liliputienses de Ash. En resumen, una gran broma. Disparatada. Descontrolada. Divertidísima. Y a eso ayuda mucho Bruce Campbell y su arrogante parodia de héroe Ash Williams.

El estilo único del Raimi director, repleto de ingeniosos recursos visuales, la gestión del ritmo o la capacidad de generar tensión en el espectador con muy pocos elementos de “El ejército de las tinieblas” sigue vivo en su obra, aunque sus últimas películas hayan contado con presupuestos mayúsculos.

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