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Estamos de acuerdo en que «Posesión infernal» es una de las películas de terror más destacadas del género. Corría el año 1981 cuando un por entonces desconocido director llamado Sam Raimi inició, con «The Evil Dead«, un presupuesto ínfimo (unos 350.000 dólares) y un montón de ingenio, una de las sagas más influyentes e innovadoras del cine fantástico y de terror. La película sorprendió a propios y extraños con una propuesta que combinaba el gore explícito y un humor negrísimo, heredero tanto del slapstick clásico como del cine de terror de serie B, una mezcla que acabaría convirtiéndose en su seña de identidad.
La historia de «Posesión infernal» nos contaba cómo un grupo de veinteañeros se instalaba en una cabaña en el bosque y, por error, invocaba unas fuerzas demoníacas que les iban asesinando a todos… salvo a uno. Ash Williams, interpretado por Bruce Campbell, sobrevivía a la matanza. Y aquí empieza «Terroríficamente muertos» («Evil Dead II«), de nuevo protagonizada por Bruce Campbell, junto a Sarah Berry, Ted Raimi, Lou Hancock y Dan Hicks. ¿O quizás no empieza aquí? La secuela de «Posesión infernal» es una obra peculiar y difícil de clasificar: es un remake y una secuela al mismo tiempo, un film que nos cuenta cómo Ash y su novia Linda van a una cabaña abandonada en el bosque y, al reproducir una cinta grabada por el antiguo dueño del lugar, con pasajes del Necronomicon, liberan de nuevo una fuerza demoníaca. Linda se convierte en un monstruo sediento de sangre y la cabaña termina transformándose en una trampa mortal.
En resumen, se trata esencialmente de la misma historia que «The Evil Dead«, pero con mejores efectos especiales, un ritmo más endiablado y un humor aún más retorcido y autoconsciente, lo que la ha convertido en una de las mejores películas de terror de los años ochenta, tan divertida como aterradora, y en uno de esos escasos casos en los que la secuela supera a la película original.
«Evil Dead II» contó con un presupuesto estimado de 3,6 millones de dólares, una cifra que multiplicaba por diez el de la primera entrega, y funcionó razonablemente bien en taquilla: obtuvo casi seis millones de dólares de recaudación, a los que habría que sumar su excelente rendimiento posterior en el mercado doméstico y su estatus de película de culto. Ese éxito abrió la puerta a una tercera entrega, «El ejército de las tinieblas«, en la que Ash Williams, con su icónico rifle Remington de dos cañones, calibre doce, y una motosierra en lugar de mano, se verá trasladado por un hechizo de brujería al siglo XIII, no al XVIII, a un castillo asediado por las fuerzas demoníacas lideradas por su propia contrapartida maligna, en una deriva aún más abiertamente fantástica y humorística de la saga.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja