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Potente y completamente desaprovechado drama sanitario basado en hechos reales, del que no logran exprimir todas sus posibilidades. Se contentan simplemente en crear una atmósfera oscura de permanente tristeza que lo empapa todo y en hacer avanzar la historia con un irregular suspense basado en escenas de diálogos que pretenden ser profundos y llenos de sutilezas pero lo que terminan es por convertir el desarrollo en algo lento y completamente previsible. No sólo eso, sino que el guión no aprovecha tampoco el dilema moral que podría plantear, sino que lo evita, limitándose únicamente a contar una historia interesante pero que en otras manos podría haber sido apasionante. Y no es que la película no pueda verse, sólo por ver a los dos actores protagonistas cara a cara ya merece la pena, es que te queda la sensación una vez vista que podría haber sido mucho mejor. Una pena porque como se suele decir “había mimbres para un mejor cesto”.