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Bizarra sería un buen adjetivo para describir “El almuerzo desnudo“, una de las películas más extrañas de David Cronenberg. Y eso ya es decir mucho, pues Cronenberg es uno de los creadores más singulares del séptimo arte, con una filmografía llena de seres de pesadilla, tratamientos experimentales y relaciones al borde del precipicio a la que hemos dedicado mucha atención en esta tribuna. La mayoría de sus películas tienen un sello personal inconfundible, un lenguaje y una mirada tan perturbadora, desasosegante, repleta de violencia y sexualidad, que no deja indiferente a nadie e inspira en el espectador desde el rechazo más absoluto hasta una admiración sin límites. Y que “El almuerzo desnudo” nos parezca una de sus películas más raras la pone en una categoría superior.

El almuerzo desnudo” (“Naked Lunch“), protagonizada por Peter Weller, Judy Davis, Ian Holm, Julian Sands, Roy Scheider, Nicholas Campbell, Monique Mercure y Michael Zelniker, entre otros, es una adaptación de la novela homónima de 1959 de William S. Burroughs, una de las novelas míticas de la literatura norteamericana que nos relataba un descenso a los infiernos de la droga y, a su vez, una denuncia horrorizada de la sociedad actual, de un mundo sin esperanza ni futuro. Una novela que parecía imposible de adaptar. Una historia hecha a medida de Cronenberg, que él traslada a la gran pantalla a su manera, añadiendo también pedazos de otros trabajos de Burroughs y datos autobiográficos sobre su vida, para contarnos como William Lee, un exterminador de cucarachas que, después del trágico accidente sufrido por su mujer, inhala insecticida y empieza a sufrir horribles alucinaciones que lo transportan a un mundo de pesadilla, llamado la Interzona.

Esta película, seamos honestos, es un sinsentido. Incomprensible. De hecho no se trata de entender lo que David Cronenberg nos quiere contar sino dejarse llevar, acompañar al personaje de William Lee, interpretado por Peter Weller, a ese mundo de locura al que se ve arrastrado, repleto de insectos, criaturas amorfas y desosegantes. Sea como sea, los premios de cine canadiense la premiaron con siete galardones, incluyendo el de mejor director y mejor película, aunque es posible que los miembros del jurado no acabasen de entender que es lo que estaban viendo en pantalla. No, en “El almuerzo desnudo” no encontramos al Cronenberg de “Scanners” o “La mosca“, si una cosa más enfermiza y paranoica no apta para todos los estómagos.

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