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Para poder hablar de las bondades de «Dragon Fall» es inevitable referirse primero a «Dragon Ball«, el manga homónimo escrito e ilustrado por Akira Toriyama para «Shonen Jump» entre 1984 y 1995 que se adaptó como una serie de animación, producida por Toei Animation, con un gran éxito internacional. La serie, como la mayoría de los lectores ya saben, narra las aventuras de Son Goku desde su infancia hasta su edad adulta y la búsqueda de las legendarias bolas de dragón. Siete esferas con la capacidad de conceder cualquier deseo a su portador por medio de un gran dragón volador llamado Shenron. A lo largo de su travesía, Goku encuentra a incondicionales aliados, así como a un gran número de villanos, muchos de los cuales también buscarán las bolas mágicas para cumplir sus siniestros deseos.

«Dragon Fall» es el homenaje, aunque más bien se podría calificar de parodia, que Álvaro López y Nacho Fernández dedicaron a la obra de Akira Toriyama hace ya varias décadas, una gran e hilarante broma publicada por la desaparecida editorial Camaleón que venia cargada de cameos, guiños y referencias al manga y el anime, al cine, los cómics y los videojuegos. Más que un homenaje o parodia se puede llegar a afirmar que la obra de López y Fernández fue una revisión en clave de humor de toda la cultura popular y alternativa de mediados de los años noventa. La obra nació como una broma en un instituto de Vitoria, pues por aquel entonces los autores hacían un fanzine y publicaron allí las primeras parodias de «Dragon Ball«, que acabarían siendo un éxito sin precedentes que llevaría a los dos chicos de Vitoria hasta Barcelona y a estar firmando ejemplares durante horas delante de largas colas de aficionados en el Salón del Cómic. Para muchos lectores de «Dragon Fall«, entre los que me incluyo, aún tienen más estima por la parodia que por la serie original.

Inicialmente la historia de «Dragon Fall» se mantenía fiel a las tramas de «Dragon Ball«, también al estilo de dibujo (aunque los personajes fueran un poco cabezones) y venía publicada en pequeños fascículos de tapa blanda que salían con una periodicidad teórica mensual, pero el paso del tiempo significó una divergencia en las tramas, que se alejaron del argumento de la serie original, en el estilo de dibujo y en el formato, que se reeditó en formato tomo kanzenban y que Dolmen Editorial reedito en formato definitivo ‘Ultimate’ hace algunos años.

En «Dragon Fall» Sosón Goku llega a la Tierra a bordo de una pequeña nave espacial que tiene un aspecto similar al Pac-Man de Namco. Se dirige a la casa de Chun Gohan donde se pelean y Sosón Goku acaba malherido después de ser lanzado desde una montaña. Sosón se convierte entonces en una buena persona y también idiota, obedeciendo todas las órdenes de su nuevo abuelo. Pero una noche mira la luna y se convierte en un mono gigante. Después aparece Wilma buscando las nueve esferas del dragón Kehu-Ron capaces de conceder cualquier deseo. En resumen, una parodia desternillante de «Dragon Ball» pero protagonizada por un Son Goku tan torpe como corto y pelma. Como explicaban sus autores, «una especie de Homer Simpson«.

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