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Es una evidencia que el western es uno de los géneros que mejor se han cultivado en el cómic europeo y que son autores europeos quienes lo han encumbrado aunque sus raíces sean profundamente americanas. Nombres tan ilustres como Jean Giraud y Jean-Michel Charlier y su “Blueberry”, Jijé y su “Jerry Spring”, el desfigurado Jonah Hex, “Les tuniques bleues” de Raoul Cauvin y Louis Salvérius, el trampero Jonathan Cartland de Laurence Harlé y Michel Blac-Dumont, “El Coyote” de José Mallorquí Figuerola, Antonio Hernández Palacios y sus “Mac Coy” o “Manos Kelly”, “Durango” de Yves Swolfs, “Loveless” de Azzarello y Frusin, el lonesome cowboy “Lucky Luke” de Morris y Goscinny, “Perros de la pradera” de Foerster y Bernet, el Gringo de Carlos Giménez, William Vance y Jacques Acar con su “Ringo”, “Comanche” de Greg y Hermann, “Wanted” de Simon Rocca y Thierry Girod,… han viajado hasta ese rincón pequeño, aunque épico, de la historia del hombre. Y en la lista no puede faltar “Bouncer“, de François Boucq y Alejandro Jodorowsky, una obra maestra del género.

El chileno Alejandro Jodorowsky, dramaturgo, director de cine, guionista, novelista, psicomago, filósofo, experto en tarot, farsante para algunos y loco para otros, es el guionista de las aventuras del manco Bouncer, hijo de un indio y una prostituta, el más rápido desenfundando, responsable de la seguridad de un saloon perdido en la ciudad de Barro City, y el dibujo corresponde al francés François Boucq, a su talento desbordante, su capacidad de trabajo poco común y su estilo detallista. Para muchos es el heredero directo de Jean Giraud. Juntos dieron forma, a lo largo de diez álbumes y diecisiete años (desde “Un diamant pour l’au-delà” en 2001 hasta “L’or maudit” en 2018), a un western que combina misticismo y violencia para explorar la cara más oscura de la condición humana, sus pasiones y sus miserias, con la venganza como motor de la mayor parte de la acción. Después del décimo álbum Jodorowsky abandonó la serie y la siguiente entrega, “L’échine du dragon“, ya fue un trabajo exclusivo de Boucq.
Los dos primeros álbumes de “Bouncer” dan forma a un primer ciclo, “Un diamante para el mas allá” y “La piedad de los verdugos“, y sirvieron para presentar al personaje y su tragedia, y los tres siguientes, “La justicia de las serpientes“, “La venganza del manco” y “La presa de los lobos“, que formarían un segundo ciclo, llevaran a Bouncer a retomar el camino de la venganza. Con el tercer ciclo, formado por “Viuda negra” y “Corazón desgarrado“, Bouncer se convertía en el nuevo guardián del territorio sagrado de los indios, y a partir de 2012 llegaría un cuarto ciclo, que finaliza con la marcha del guionista.

Bouncer” es una nueva incursión en el mundo singular de Jodorowsky pero que, a diferencia de muchas otras de sus obras, no necesita de inmersiones previas en los códigos particulares del chileno, en general muy herméticos para los foráneos. Pese a todo, “Bouncer” reproduce muchos de los tics del autor chileno, y entre el cuidado tratamiento psicológico de los protagonistas y el western con aires del clasicismo de John Ford y la sordidez de los spaghetti-westerns de Sergio Leone, no evita contarnos el viaje del héroe y el destino trágico de sus personajes con las claves propias de su universo particular, los diálogos filosóficos y cargado de material alegórico.
El pequeño pueblo de Barro City, abandonado por el resto del mundo en pleno desierto, refugio de individuos marginales y marginados, es el escenario de una historia de raíces shakespearianas, el drama de la familia formada por los hermanos Ralton, Blake y Bouncer, en un ciclo sin fin de violencia, venganza y, claro, amor. Es necesario el amor para llevar la tragedia a una dimensión superior, allá donde no llega ni la codicia ni la venganza.

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