La fina línea que separa la cordura de la demencia ha sido siempre objeto de debate en nuestra sociedad. ¿Quién es el loco y quién es el cuerdo? Un pintor genial que se corta una oreja por desamor, ¿debería ser internado, tratado, y drogado, para curar sus desequilibrios… aún a costa de su arte? Y así, ¿un vigilante nocturno que, atormentado por un drama de su infancia, lucha contra el crimen y la inseguridad con violencia y sin ofrecer a los villanos un juicio justo… está más cuerdo que el delincuente que atraca una joyería para enriquecerse y mejorar su nivel de vida?
 
 
image1Durante un aciago día de abril, los internos de Arkham logran hacerse con el control del hospital psiquiátrico, secuestrando a los trabajadores del centro. Liderados por el Joker, los criminales más despiadados e inestables de Gotham City —Dos Caras, Killer Croc o el Sombrerero Loco, entre otros— exigen una única condición para liberar a los rehenes: que Batman les acompañe en tan siniestra morada.
 
En pleno siglo XXI es conveniente empezar esta reseña con una aclaración: aquí y hoy hacemos un análisis del cómic del año 1989 de Grant Morrison y Dave McKean, reeditado recientemente por ECC Ediciones, y no del magnífico videojuego homónimo desarrollado por Rocksteady Studios, que también protagonizaba el Hombre Murciélago creado por Bob Kane y Bill Finger. Este comentario previo no es baladí, puesto que cuando se editó originalmente este cómic, a finales de los años ochenta, los videojuegos eran un entretenimiento reconocido pero muy limitado en cuanto a sus posibilidades, y aunque habían aventuras de Batman (para Nintendo, para Sega Mega Drive o para Spectrum), su calidad estaba a años luz de la estética de los tebeos, pero hoy en día el desmesurado crecimiento de los juegos para consolas y ordenadores mucho más potentes han permitido que los videojuegos ofrezcan una experiencia superior al cómic, más cercana al celuloide e incluso más allá. Y serán muchos, más de los que nos imaginamos, que asociarán primero el título de “Batman: Arkham Asylum” con el videojuego en lugar de pensar en el cómic de Grant Morrison y Dave McKean. 
 
El Catálogo del Cómic Ediciones reditó en junio del pasado 2014 este “Batman: Arkham Asylum” de DC Comics dentro de su imprescindible línea “Grandes autores de Batman”, una de las obras más relevantes de la historia del cómic de superhéroes, recuperada mediante una edición repleta de abundante material gráfico, con textos muy interesantes de David Fernández y Karen Berger, las portadas de Dave McKean, y el guion original anotado, que nos permiten apreciar toda la complejidad de esta inolvidable novela gráfica en la que el Caballero Oscuro se ve obligado a enfrentarse a sus enemigos más letales, y a sus miedos más profundos, en el aterrador sanatorio mental de Gotham City. 
Sí, “Batman: Asilo Arkham” es un clásico que no necesita presentación y que otros muchos antes que nosotros han desgranado y analizado con esmero y detalle. Os invitamos a descubrirlos y a leerlos, pues os desvelaran detalles y secretos que merece la pena conocer sobre esta obra. El proyecto ambicioso que Morrison presentó a Karen Berger de DC Comics, el dibujo singular y enfermizo de McKean, la historia que Morrison escribió en estados de delirio, las extrañas influencias y referencias rebuscadas de los cajones más hondos y oscuros del mundo de la psicología, los guiños y las alusiones a otras historias del Hombre Murciélago, la voluntad de reinventar el género con una obra adulta,… todo eso se ha explicado en muchas otras reseñas, en artículos que no aspiramos a emular. Ni a copiar, por supuesto. Aquí somos algo menos sesudos, y nos limitamos a presentar títulos que hemos disfrutado, y compartimos con vosotros sus bondades y sus defectos.
 
La historia de “Batman. Asilo Arkham: Un lugar sensato en una tierra sensata” (“Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth”) ideada por el guionista escocés Grant Morrison es un thriller psicológico que nos lleva hasta la ciudad de Gotham City, el primer día del mes de abril, fecha marcada en el calendario para la celebración tradicional anglosajona de los Inocentes. Es durante aquel día aciago que el manicomio de Arkham, el Asilo Arkham del título, queda en manos de sus pacientes, dementes entre los que se encuentran villanos tan peligrosos como el Joker, el Espantapájaros o Harvey ‘Dos Caras’ Dent, que exigen la presencia del Caballero Oscuro para liberar a sus rehenes. Será entre los muros del manicomio que Batman, solo y acosado por sus enemigos y sus pesadillas, deberá abrirse paso por sus estancias, liberar el asilo, y descubrir si es un hombre cuerdo que merece estar fuera o un héroe demente que debe permanecer en el interior, encerrado junto al resto de enfermos. 
A su vez Morrison inserta, entre el descenso de Batman a los infiernos de Arkham, la historia del fundador del Asilo, Amadeus Arkham, y su desgraciada historia junto a los locos y la locura. Un contrapunto agradecido, un poco de aire para un lector que se ahoga, junto al Cruzado de la Capa, en su particular sesión de psicoanálisis entre las habitaciones de la mansión Arkham. Y McKean, al que todos recordamos por su trabajo en las portadas del “Sandman” de Neil Gaiman, acompaña la siniestra historia ideada por Morrison con su particular estilo, nada convencional, difuminado y voluntariamente deforme, que antes hemos definido como enfermizo pero que es, por encima de todo, impactante. 
 
“Batman: Asilo Arkham” es una de las obras más complejas jamás publicadas sobre el Hombre Murciélago. De hecho, es una novela gráfica en una época en la cual este concepto no existía todavía, es un cómic para adultos de un género y sobre un personaje que eran propiedad de los más jóvenes y de la grapa, es una pieza destacada del complejo púzzle que conducirá a un cambio en el mundo del cómic junto a otras obras como “Watchmen” o “El Regreso del Caballero Oscuro”. Su historia es una verdadera enciclopedia de referencias, textuales o insinuadas, que abarcan obras y autores tan diferentes como la “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll, el Tarot, la vida y obra del ocultista Aleister Crowley, la física cuántica, las teorías de Carl Gustav Jung o la obra del surrealista checo Jan Švankmajer. Muchas otras influencias quedan ocultas a los ojos menos expertos, incluso a ellos bajo capas y capas del barniz onírico e irracional del lienzo del Asilo Arkham, y llegan a hacer que fragmentos del cómic sean incomprensibles, casi opacos, pese a una segunda lectura. E incluso tras una tercera lectura. No, “Batman: Asilo Arkham” no es ni una obra para todos los públicos ni para todos los paladares. Es difícil, de digestión pesada, profundo y complejo, pero es un cómic imprescindible.
 
Batman: Asilo Arkham.
Guión: Grant Morrison
Dibujo: Dave McKean
Editorial: ECC Ediciones
Fecha de publicación: Junio del 2014
Formato: Cartoné. Color.
Páginas: 216
Precio: 21,50 euros