Satori Ediciones publica un nuevo libro de Yori Moriarty, divulgador y también tatuador de éxito: «Crónicas del tatuaje japonés«, un profundo y apasionante recorrido por las historias de los artistas que moldearon esta tradición, con una selección de fotografías de alivio. ¿Quién tiene una piel humana colgada en su despacho? ¡Aquí lo veremos!
Crónicas del tatuaje japonés¿Crees que el tatuaje japonés es solo carpas koi, dragones y flores de cerezo? ¡Pues es mucho más! Detrás de cada línea de tinta hay siglos de historia, maestros legendarios y personas que han desafiado las normas para convertir su piel en arte.</em
En Crónicas del tatuaje japonés conocerás las historias de los artistas, visionarios y rebeldes que moldearon esta tradición. Desde maestros tatuadores que han creado escuela, como Horichiyo, el «Shakespeare del tatuaje», o el célebre Horiyoshi III, hasta personajes insólitos como el doctor que coleccionaba pieles humanas o los yakuza que usan su piel como manifiesto, este libro es un viaje por la historia oculta del irezumi.

Si te apasiona el arte, la cultura japonesa o simplemente te intrigan las historias de quienes nadan contra corriente, este libro es para ti.

Leer «Crónicas del tatuaje japonés» de Yori Moriarty es como entrar en un callejón iluminado con neones en Osaka: sabes que te vas a encontrar algo intenso, pero no imaginas la mezcla de belleza, crudeza y fascinación que te espera. El libro no se queda en la superficie colorida de los tatuajes de carpas koi, dragones y flores de cerezo. Va mucho más allá. Es un descenso a las profundidades del irezumi, donde la tinta no solo adorna, sino que también cuenta, oculta, grita y resiste. Y lo mejor es que Moriarty lo hace con una voz cercana, directa, sin querer sonar académico, pero tampoco cayendo en la frivolidad. Es como si te hablara un colega en una sobremesa, aunque ese colega resulta ser un experto con veinte años de tinta en las manos y cicatrices en la mirada.

En la introducción,  Moriarty nos deja bien claro que sirve como complemento de sus dos libros anteriores (publicados por Satori Ediciones), pero que va mucho más allá. En sus propias palabras: «En mi primer libro, Irezumi Itai (2018) intenté transmitir el tatuaje japonés a través de sus significados y su historia. Wn wl segundo, Viva Irezumi (2019), lo hice enseñando nuestra manera de interpretarlo, como tatuadores de procedencia hispana. En este que tienes en la mano, mi objetivo es mostrar el tatuaje japonés a través de las gentes que forman parte de él«.  De esta manera nos presenta una serie de nombres propios y las historias que les rodean, desde tatuadores que guardan un archivo secreto, otros que no han tenido infancia dedicándose de lleno a este arte o coleccionistas de pieles humanas. Todo un abanico de diferentes perfiles que encierran un interés mayúsculo para los amantes del irezumi.

Yori Moriarty (Gijón, 1976) no es un aficionado curioso que escribe desde la distancia. Su biografía se cuela entre líneas, y se nota. Empezó a tatuar en el año 2000, se curtió con artistas como Jason Kundell, y en 2007 dio el salto a Japón, donde trabajó junto al maestro Horitoshi Izumi. Esa experiencia lo marcó, porque no es lo mismo hablar del tatuaje japonés desde fuera que vivirlo en su propio terreno, con sus códigos, su mística y también sus sombras. De vuelta, abrió su propio estudio en Gijón en 2001 y ha colaborado con estudios internacionales, consolidándose como una voz clave en el ámbito hispanohablante. Todo ese bagaje le da un peso especial: no habla como teórico, habla como alguien que ha hundido la aguja en piel propia y ajena.

El libro se presenta como una serie de crónicas, y ahí está su encanto. Son relatos humanos, casi retratos en tinta, que te llevan desde grandes maestros hasta rincones más turbios de la historia. Aparecen figuras legendarias como Horichiyo, «el Shakespeare del tatuaje», en el primer capítulo, o Kuronuma (Horiyoshi III), el más célebre de una familia que ha guardado la tradición del tebori (el tatuaje hecho a mano, sin máquinas). Pero también asoman nombres inesperados, como Pinky Yun, que hizo de puente entre Oriente y Occidente, o Mick, un maestro suizo que demuestra que el irezumi puede echar raíces en cualquier suelo.

Y luego están los personajes oscuros, como ese doctor que coleccionaba pieles tatuadas para conservarlas como piezas de museo. Confieso que las fotografías me resultaron perturbadoras. Yori Moriarty narra ese episodio con mezcla de horror clínico y curiosidad antropológica, y uno se queda con la pregunta incómoda en la cabeza: ¿es arte, es profanación, o es simplemente un intento torcido de preservar algo que no quería ser preservado así? Un dato curioso que cuenta el autor es que robaron un montón de esas pieles. No quisiera entrar en la casa del que lo hizo.

Lo que sorprende es el vaivén de emociones que propone. Un capítulo puede helarte la sangre, como el de las pieles curtidas, y el siguiente puede fascinarte con la historia de un maestro entregado a la aguja y a la tradición. Aparecen conexiones inesperadas, como la relación entre la novela negra de Akimitsu Takagi y el mundo del tatuaje, o las escenas del cine japonés que se cruzan con el irezumi. Todo esto va pintando un mosaico donde arte, crimen, resistencia y estética dialogan sin dejarte indiferente.

No es un manual de estilos, ni un catálogo de imágenes —aunque el libro incluye fotografías a color que funcionan como testigos visuales y refuerzan cada relato—. «Crónicas del tatuaje japonés» es más bien una mezcla entre investigación periodística y confesión lírica. Moriarty tiene una pluma afilada, a ratos poética, a ratos casi desafiante, que no te deja instalarte en el cliché. Es lo que se dice un cachondo mental. Desde las primeras páginas insiste en que cada trazo lleva siglos de espiritualidad, de represión, de rebeldía. El irezumi ha sido venerado y perseguido, admirado y mutilado, y todavía hoy lucha por ser reconocido como lo que es: un arte mayor. Aunque portarlo sea cosa primordial en los yakuza. Es lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en un japonés tatuado.

La estructura de crónicas funciona como una especie de viaje. Pasas de Tokio a Zúrich, de las leyendas familiares a los sótanos donde se guardaban colecciones de piel humana, de los talleres de los maestros a las calles donde la yakuza convirtió el tatuaje en manifiesto silencioso. Tras, «Haru, nacido en primavera«, (Haru es un nombre inventado para ocultar a un yakuza), llega «Tatoo Peter«, local en tierras holandesas.  Concluido ese capítulo sientes esa mezcla de melancolía y esperanza: la certeza de que, incluso en nuevas generaciones, la tinta sigue contando verdades antiguas. Un glosario de términos pone punto y final al libro.

Al cerrarlo, queda la sensación de haber conocido un Japón diferente: no el de los templos y jardines zen, sino el que se ha escrito sobre cuerpos enteros. Un Japón rebelde, contradictorio, pero profundamente bello. Yori Moriarty no se limita a informar: te transforma la mirada. Si antes pensabas en tatuajes japoneses como estampas decorativas, ahora los ves como relatos vivos que laten bajo la piel. Y ahí está la magia. «Crónicas del tatuaje japonés» gustará a los amantes de la cultura japonesa, de los tatuajes y también a los que desconocían este mundo, como yo, y de repente les entran ganas de tatuarse un gran dragón en la espalda. Eso tiene que doler.

Crónicas del tatuaje japonés
Autor: Yori Moriarty
Colección: Arte
ISBN: 978-84-10404-15-1
Formato: 16,5×25,5cm. Rústica con solapas
Páginas: 148
Precio: 19,00 euros