Mañik y Vic vieron antes que yo esta película y vaticinaron que me gustaría y tenían razón… No sé si gustará a todo el mundo, pero no va tanto de béisbol como de gestión deportiva, de estadísticas, de nadar contracorriente y de alcanzar pequeños triunfos que terminan siendo grandes victorias personales.

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Título original: Moneyball.
País: USA.
Duración: 133 min.
Género: Biopic, drama.
Reparto: Brad Pitt (Billy Beane), Jonah Hill (Peter Brand), Philip Seymour Hoffman (Art Howe), Robin Wright (Sharon), Chris Pratt (Scott), Tammy Blanchard (Elizabeth), Stephen Bishop (David).
Guión: Steven Zaillian y Aaron Sorkin; basado en un argumento de Stan Chervin; a partir de una novela de Michael Lewis.
Producción: Michal De Luca, Rachael Horovitz, Scott Rudin y Brad Pitt.
Música: Mychael Danna.
Fotografía: Wally Pfister.
Montaje: Christopher Tellefsen.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Kasia Walicka-Maimone.
Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.
Estreno en USA: 23 Septiembre 2011.
Estreno en España: 3 Febrero 2012.
Ni hay que ser un fan del béisbol para que guste esta película ni tampoco esperar de ella un producto de evasión al uso. Basándose en un hecho real nos cuentan un cambio de rumbo con todo lo dramático y complejo que supone de pronto ir a contracorriente para buscar el éxito sin apenas medios para lograrlo. En las escenas encontramos discusiones de empresa, estadísticas de juego y algunas (no muchas) escenas de partidos, pero esencialmente lo que late de fondo, el alma del guión es toda una filosofía sobre como enfrentar no sólo el deporte sino la propia vida.
Nominada a 6 óscars (película, actor, actor secundario, guión adaptado, montaje y sonido) aunque una de las perdedoras de la edición de 2012 al no ganar ninguno, “Moneyball” es una película sobre el mundo del béisbol en la que los silencios y las conversaciones de despacho son tan importantes como el propio deporte y en la que Brad Pitt se convierte en el indudable gancho para el público.
Hay algo en “Moneyball” y en el guión de Steven Zaillian y Aaron Sorkin que suena a familiar, a algo ya visto, pero lo cierto es que vuelve a funcionar. Creer en algo y luchar por ello aún cuando todo parece estar en contra es algo que hemos visto en infinidad de películas y series, de hecho gran parte del “sueño americano” en concreto y de la cultura occidental a nivel más general reposa sobre la idea de que si pones mucho empeño en conseguir algo en lo que sueñas quizás puedas lograrlo.
Además el argumento se inspira en el mundo del béisbol, otro tema recurrente en el cine norteamericano y sobre el que hemos visto infinidad de títulos entre los que yo destacaría por altamente recomendables y a modo de recordatorio “El orgullo de los yankis” (Sam Wood, 1942), “El mejor” (Barry Levinson, 1984), “Campo de sueños” (Phil Alden Robinson, 1989), “Los búfalos de Durham” (Ron Shelton, 1988) y “Ellas dan el golpe” (Penny Marshall, 1992).
En esta ocasión se nos cuenta un suceso real, el cambio de rumbo que Billy Beane (Brad Pitt), el manager general de los Athletics de Oakland, dio a su equipo integrando en la confección del mismo un nuevo método de trabajo conocido como “Moneyball” que pretendía hacer frente a los grandes equipos de la liga con un presupuesto inferior y el uso de las nuevas tecnologías y la estadística.
Bennet Miller, director de otro título también nominado en su año en la categoría de mejor película en los óscars (hablo de “Truman Capote”), firma como máximo responsable y se consolida como un director de interés con estilo propio. Esto hay que tenerlo en cuenta antes de ver la película porque Miller apuesta por una filmación clásica, con su cámara fija o siguiendo suavemente a sus actores, tomándose su tiempo para contar lo que pretende, utilizando numerosos planos (para muchos os resultará su estilo “lento” aunque he de decir que “Truman Capote” me pareció mucho más “lenta” que “Moneyball”), es decir, apuesta por una forma de rodar en las antípodas de lo que hoy se estila en el cine de entretenimiento.
Uno advierte que la película es diferente a lo habitual desde el mismo inicio cuando se ve Brad Pitt solo en el estadio, escuchando la radio, cabizbajo, meditando la derrota. Miller no se priva de ninguno de los momentos en los que los personajes sufren en solitario y tampoco de algunos silencios. Hay una escena mágica en la película en la que Beane abronca a sus jugadores porque están divirtiéndose tras un derrota. Tras la llamada de atención no se escucha nada y les comenta “Así suena la derrota”. A veces las películas no nos muestran eso, la soledad cuando te quedas con tus pensamientos y sientes que los demás parecen funcionar bajo otras directrices en su vida que nada tienen que ver contigo, la lucha de uno consigo mismo cuando se multiplican las inevitables dudas que a todos nos asaltan en algún momento o esa chispa de decisión que de pronto surge y hace que se recobre la ilusión. “Moneyball” me ha encantado sobretodo por eso, porque habla de la esperanza (parece como si el cartel ya lo insinúe visualmente destacando el verde del césped) y lo mejor de todo, habla de la esperanza desde la derrota.
Gran parte de la “culpa” que la película funcione tan bien (para mi gusto) reside en la grandiosa presencia de Brad Pitt, un actor que va a más, que llena la pantalla, que atrapa tu atención como un agujero negro y que de algún modo representa lo que a todos nos gustaría ser y el tipo que a toda mujer le encantaría tener a su lado y no sólo por lo obvio sino también por su presencia y personalidad. Su actuación es magnífica (gran año para él tras “El árbol de la vida” y su nominación a mejor actor por “Moneyball”) y logra una gran química con ese Jonah Hill (Peter Brand) que casi nadie esperábamos en una película “seria” como ésta pero que demuestra ser un todoterreno al que habrá que tener en cuenta.
El guión es sin duda excepcional, como suelen serlo casi todos los que firman Zaillian y Sorkin (véanse “American Gangster”, “Gangs of New York”, “Hannibal”, “La lista de Schindler”, “En busca de Bobby Fisher” o “La red social”), permite que la película no sea sólo “de béisbol” sino que explore lo que hay más allá del juego, las relaciones en los despachos de un equipo, los entresijos de este deporte como negocio y también como choque de empresas deportivas. Además hay también un especial seguimiento de los protagonistas en su vida personal y profesional, la película consigue eso tan mágico que consiste en que empatices al máximo con ellos en tan solo dos horas de proyección y aunque no seas totalmente afín a su proceder. Uno se siente próximo a ellos cuando acaba la película y se emociona sin que el director ponga el acento en ningún momento en escenas calculadamente épicas.
El final de la película responde perfectamente al estilo reflexivo y de una cierta melancolía por el que apuesta Miller. Hay personas que triunfan y otras que no lo hacen, pero incluso en la derrota o quizás mucho más en ella la esperanza cobra más sentido y la esperanza es el gran motor de nuestras vidas. “Moneyball”, como relato de una historia que en definitiva es real, a mí me deja la sensación de que quizás el camino a seguir es aquel que te permite tener ilusión indefinidamente. A veces los pequeños triunfos, incluso en la sombra y sin los focos de la fama, son los que más y mejor se saborean si uno los ha hecho posibles de algún modo.
La escena “cumbre” deportivamente hablando de la película, que por cierto, está filmada como si fuera un calco respecto a la real, representa un pequeño triunfo, un instante de gloria fugaz quizás sin mucha relevancia, pero ese momento pasajero, la alegría contagiosa que desprende justifica todos los momentos difíciles anteriores. Así son las cosas y así gira el mundo, fracaso y triunfo, ambos unidos e interrelacionados porque sin el uno no existe el otro y la esperanza, la ilusión, la fe en uno mismo son los motores que permiten pasar de uno a otro estado…..Cuando lees los créditos finales y descubres qué decisión tomó Billy Bane después de la temporada que relata la película te das cuenta que quizás fue la mejor posible a pesar de todo.