Te puede gustar o no Quentin Tarantino pero cada una de sus películas es un acontecimiento porque en ellas ejerce de “autor” y cuenta lo que se le antoja en cada momento con una inmejorable capacidad narrativa y técnica y un estilo propio e inimitable. En esta ocasión ambienta su relato en el Hollywood de finales de los años 60’s torno a un actor de segunda fila y su doble de acción, que se instalan en un apartamento cercano al de Roman Polanski y Sharon Tate en Los Ángeles. Hay en su película homenaje y recreación de época, la reconstrucción de un ambiente, dos actores magníficos y una suerte de tensión que late de inicio a fin y te mantiene pegado a la butaca. Tú decides si lo que cuenta te conquista, pero es cine del bueno.

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Título original: Once Upon a Time in… Hollywood
Duración: 165 min.
País: Estados Unidos
Guión: Quentin Tarantino
Música: Varios
Fotografía: Robert Richardson
Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Emile Hirsch, Margaret Qualley, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Damian Lewis, Luke Perry, Lorenza Izzo, Michael Madsen, Zoe Bell, Clifton Collins Jr., Scoot McNairy
Productora: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; Sony Pictures Entertainment (SPE) / Heyday Films / Visiona Romantica
Género: Drama, Hollywood, cine dentro del cine

 

Y lo es porque Tarantino demuestra un pleno control sobre lo que quiere contar y sobre cómo contarlo, a su manera, con su impronta personal, con señas de identidad que le son propias y que ningún otro cineasta hace igual. De pocos directores se puede decir lo mismo en la actualidad aunque haberlos haylos y el primero que me viene a la mente aunque nada tenga que ver es Almodóvar.

Sabido es que Tarantino es un enamorado de los seriales de televisión y del cine de serie B y con ésta película no sólo los homenajea sino que recrea el momento en el que se hacía esa televisión y ese tipo de cine y las peculiaridades de aquella industria, algo que entendemos que le apasiona. Al resto de los mortales quizás esa temática no nos interese lo más mínimo así que la condimenta con una subtrama (la de Polanski y Tate) de la que sabemos algunas cosas y que conecta bien con su filmografía anterior por aquello de que lo asociamos con algunas de las escenas más violentas que hemos visto en una pantalla en los últimos años. Bueno, pues si no has visto la película debo decirte que, con esas expectativas, seguramente Tarantino te va a sorprender y no explico más para no revelar nada, tal y como pidió a los periodistas y críticos en los pases en Cannes (donde se presentó el film). Sí puedo decir que viene bien verla con esas expectativas y sabiendo que en cualquier momento puede pasar literalmente cualquier cosa y esto es una de las virtudes de “Érase una vez Hollywood” porque rara vez un director ha jugado tan bien esa baza de que el espectador tenga información previa para conseguir que estemos pendientes de inicio a fin de la historia (y de remitir a algún título yo precisamente recordaría “Malditos bastardos”).

En realidad el argumento es bastante simple porque cuenta, sin más, las andanzas, aventuras y desventuras en Los Ángeles de una estrella de los seriales, Rick Dalton (inconmensurable Leonardo Di Caprio) junto a su inseparable doble, Cliff Booth (inolvidable y magnético Brad Pitt). Fin. Y uno se pregunta antes de verla si el personaje o la ambientación son por sí mismos suficientes para ver la película. Bueno, quizás no explicado así, sin más, pero ahí está la magia de Tarantino y es que consigue que nos interesemos gracias a su narración, a su puesta en escena, a su capacidad para sorprender, al suspense interno que logra y a dos actores que, hay que decirlo, están más allá del bien y del mal.

Lógicamente no es película para cualquier público y no lo es porque en realidad se trata de un ejercicio de “autor”, de un juego fílmico, porque hay referencias que gustarán más a quienes conozcan los referentes, porque recrea un mundo que está en la memoria de los más mayores o en el imaginario de los más cinéfilos y porque el suspense funciona mejor si la ves conociendo algunos hechos del pasado. Es decir, si no sabes que a Sharon Tate la asesinó brutalmente el clan de la familia Manson o que Bruce Lee era un maestro de artes marciales y uno de los karatekas más famosos en cine y televisión de la época, te estarás perdiendo parte de la “gracia” de verla y has muchas otras referencias que no todos pillamos.

En cualquier caso compensa todo desconocimiento la capacidad de Tarantino para la narración, para describir con imágenes el contexto, para definir a sus personajes mediante diálogos y para dirigir a sus actores de modo que den lo mejor de sí mismos. Estos cuatro aspectos pienso que son los puntales que hacen de esta película uno de los títulos más interesantes del director y así lo ha entendido una crítica que se ha deshecho en elogios casi unánimemente. A mí lo que me cautiva no es sólo que todo eso esté muy bien, sino que además percibo un deseo por atrapar la atención del público y conquistarlo, cosa que observo en el cuidado de cada toma, en la tensión que se palpa en cada escena y en el mimo con el que cuida a los personajes.

No es casualidad que Leonardo di Caprio y Brad Pitt hagan dos de las mejores interpretaciones de toda su carrera porque detrás hay un guionista y director perfecto para que lo logren. Sus personajes dan pie para que desplieguen un auténtico recital interpretativo, pero es que además Tarantino logra con su cámara que consigan lo mejor de sí mismos, sea el titubeo del primero ante una joven actriz que parece tener las ideas más claras que él o sea la desinteresada y jovial lealtad cuasi paternal que convierte al segundo en uno de los tipos que más hemos admirado en una pantalla.

Y todo está orquestado y pensado de tal modo que el espectador avanza con interés creciente hacia un final impactante, que descoloca ( y vaya si lo hace), intenso, en cierto modo aleccionador, con una cierta moraleja, a la manera de un cuento. Porque se trata de eso, es un cuento, un relato sobre el cine dentro del cine, sobre los actores y la condición de ser actor, sobre el Hollywood de otra época , sobre un mundo que forma parte del pasado…Un mundo del que se nos invita a recordar y valorar tanto al actor que terminó siendo una estrella como al que quedó en el olvido y en el que era tan digno de mención el profesional que salía en la pantalla como el que trabajaba detrás de ella. Y esto es proyectable a cualquier momento del pasado, del presente y del futuro, porque en realidad “Érase una vez en Hollywood” habla de cine, es una gran reflexión sobre el cine.