Nos ponemos serios con una de esas películas que «hay que ver» porque son «necesarias», lo último de Montxo Armendáriz, que habla sobre los abusos a menores. Evidentemente si vais al cine a pasar un rato de evasión, ésta no es vuestra película, pero a veces estos dramas personales sobre los problemas de los demás ayudan a minimizar y relativizar los nuestros.

 

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País: España. Año: 2011.
Duración: 89 min.
Género: Drama.
Reparto: Michelle Jenner (Silvia), Lluís Homar (padre de Silvia), Belén Rueda (madre de Silvia), Nuria Gago (Maite), Rubén Ochandiano (Toni), Cristina Plazas (psicóloga), Javier Pereira (Víctor).
Guion: Montxo Armendáriz; basado en un argumento de Montxo Armendáriz y María Laura Gargarella.
Producción ejecutiva: Puy Oria.
Fotografía: Álex Catalán.
Montaje: Fernando Franco.
Dirección artística: Julio Torrecilla.
Vestuario: Nereida Bonmatí.
Distribuidora: Alta Classics.
Estreno en España: 29 Abril 2011.
No recomendada para menores de 16 años.

Hace unas semanas se estrenó “No tengas miedo”, la última película del cineasta navarro Montxo Armendáriz, un director que siempre me ha parecido fascinante y que ha ido formando una filmografía muy peculiar repleta de títulos cuando menos interesantes como “Tasio” (1984), “27 horas” (1986), “Las cartas de Alou” (1990), “Historias del Kronen” (1995), “Secretos del corazón”(1997), “Silencio roto” (2001), “Obaba” (2005). En todos ellos muestra una especial habilidad para mirar como por el ojo de la cerradura de problemas sociales y personales, ya sea el deseo de permanecer en la libertad del mundo campesino (¡¡¡qué bella “Tasio”!!!!), la inmigración, la juventud desmandada, los secretos de familia, la guerra civil, etc. Con su nueva película le toca el turno a los abusos a menores.

¡¡¡Qué tema más complicado de tratar, qué valentía al hacerlo y qué bien filmada está la historia!!!! Lo que Armendáriz garantiza es una visión serena, equilibrada y profundamente respetuosa del problema, que nadie dude que pese al tema que trata la película no hay ni una sola escena de mal gusto o hiriente; aunque evidentemente hay alguna demoledora y lo es de un forma elaborada fílmicamente, mostrando sin enseñar, siendo obvio sin ser explícito (véase la escena en la que la protagonista descubre por primera vez quién y qué es su padre, simplemente con un primer plano, con la cámara enfocando a su rostro, no es necesario mostrar ni decir más y es un momento de una crudeza que me causó impacto pese a todo). Armendáriz da por hecho que vamos a saber leer entre líneas, que vamos a comprender lo que no se explica más que con silencios y tomas fijas y que vamos a deducir lo que pasa tras las puertas y en la mente de los personajes.

No quiero hablar mucho del argumento. Además en esta película no es que “pasen” muchas cosas, es lenta, se toma su tiempo, la cámara persigue a la protagonista y nos muestra sus cambios, su dolor contenido y su deseo de seguir adelante pese a todo. Más bien relata un estado, un proceso, una toma de conciencia; pero por dar algún detalle digamos que nos habla de Silvia, una chica marcada por una infancia difícil y lo dejamos ahí. Ya sabréis todos que sus padres los interpretan Lluis Homar (qué grande es este actor) y Belén Rueda (no es menos grande, aunque en esta ocasión no es centro de la función). Estos dos actores repiten actuación matrimonial tras “Los ojos de Julia” aunque habla muy bien de ambos la completamente distinta factura de sus interpretaciones en una película y otra.

La protagonista de la película es Silvia, que está interpretada por Irene Cervantes (7 años), Irantzu Erro (14 años) y finalmente Michelle Jenner (25 años). Magníficas todas, pero me ha sorprendido Michelle Jenner a quien no conocía porque yo no veía “Los hombres de Paco” y tampoco vi “Nubes de verano”, ni “Íntimos y extraños”, ni tampoco “Spanish movie”. Creo que esta chica tiene un gran futuro por delante, es fotogénica, se gana a la cámara y además actúa bien. Sus silencios en esta película son abrumadores y transmite a la perfección el desamparo y la lucha interna que vive su personaje para abrirse camino. Silvia ha de tomar una decisión, pero esa decisión no es fácil y tampoco es nada fácil explicar los porqués sin palabras, sin explicaciones, con una simple mirada, una cabeza baja o unos ojos llorosos mientras se camina por la calle.

La película, por supuesto tratándose de una temática como la que nos ocupa, es exigente. Se relata un drama personal, una lucha interna para superar una adversidad y se nos sumerge en ese drama colocándonos en la perspectiva de la chica, compartiendo su soledad, su tristeza, su abatimiento y por eso vemos lo que ella ve al menos hasta donde lo conveniente lo permite. Armendáriz sitúa la cámara a la altura de la niña cuando es pequeña o se centra exclusivamente en ella sacando del plano al resto de personajes. Es un recurso estilístico, pero también narrativo porque eso le permite también evitar lo sórdido, aunque sabemos que queda fuera de campo.

Hay que ser muy conscientes de lo que se va a ver en esta película y hay que querer verla. Es una película de ritmo lento, que se toma su tiempo para mostrar la soledad en la que se encuentra la protagonista. A menudo la cámara la sigue por la calle, sola en medio de todos, cabizbaja y absorta en su propio mundo mientras a su alrededor hay bullicio y movimiento. También hay escenas en interiores, en penumbra, con la chica oculta tras un sillón o en silencio con la mirada perdida. Todo ayuda para que sepamos como se siente, pero no resulta una experiencia divertida. No estamos ante cine de evasión, sino ante una obra comprometida con una realidad y que pretende mostrarla para que pensemos en ella, para que entendamos que el abuso a menores es una realidad más cercana de lo que parece.

La película también quiere concienciar, está dirigida desde su mismo título a las víctimas del abuso y les tiende una mano, pretende ser un flotador al que asirse, ofrece un atisbo de esperanza. Es por ello una película muy íntima, susurra al oído de quien quiera escucharla o más bien al ojo de quien quiera verla. En cierto modo es terapéutica y por ello apuesta también por intercalar relatos de personas afectadas por el problema que cuentan sus vivencias a cámara, cosa que me parece muy interesante porque enriquece la visión global de la cuestión.

Y me ha gustado especialmente que no se ponga el acento en buenos ni en malos, aunque los haya, aunque haya comportamientos que parecen inexplicables y enfermizos. Armendáriz no se ceba, no demoniza, ofrece una versión respetuosa con todos y pienso que por eso mismo su trabajo es más notable, más imparcial…..En el fondo no deja de ser un relato de personas con problemas, unos más graves e imperdonables porque afectan a los demás y otros más inocentes y conmovedores porque son consecuencia de terceros.

En suma, una película difícil, que exige a un espectador comprometido, deseoso de experimentar en cabeza ajena y de implicarse con un terrible drama, que está filmada con suma sensibilidad y valentía y que nace del deseo de constatar una realidad que a menudo permanece oculta pero que es importante destapar para que sus afectados se sientan arropados y tengan un asidero más con el que hacer frente a su dolor. Una película dura pero necesaria, como en su día lo fueron por ejemplo “Te doy mis ojos” o “Solas”.