Y terminamos el repaso a las películas anteriores de la saga de «Piratas del Caribe» justo a tiempo de que se estrene la cuarta entrega, precisamente este fin de semana y con la presencia en el reparto de Penélope Cruz.

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País: EEUU.
Duración: 168 min.
Género: Acción, aventuras, fantasía.
Reparto: Johnny Depp (capitán Jack Sparrow), Orlando Bloom (Will Turner), Keira Knightley (Elizabeth Swann), Geoffrey Rush (capitán Barbossa), Bill Nighy (Davy Jones), Chow Yun Fat (capitán Sao Feng), Stellan Skarsgård (Bill Turner), Jack Davenport (James Norrington), Naomie Harris (Tia Dalma), Tom Hollander (lord Cutler Beckett), Jonathan Pryce (gobernador Weatherby Swann).
Guión: Ted Elliott y Terry Rossio; basado en los personajes creados por Ted Elliott, Terry Rossio, Stuart Beattie y Jay Wolpert.
Producción: Jerry Bruckheimer.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Dariusz Wolski.
Montaje: Stephen E. Rivkin y Craig Wood.
Diseño de producción: Rick Heinrichs.
Vestuario: Penny Rose.
Estreno en USA: 24 Mayo 2007.
Estreno en España: 24 Mayo 2007.

Me ha pasado algo muy curioso con la serie de “Piratas del Caribe”. La primera la esperaba como una película de aventuras en el mar muy al estilo clásico y a rebufo de la magnífica y no siempre valorada “Master and commander” y me llevé un chasco inicialmente quizás porque Gore Verbinski y Jerry Bruckheimer habían preparado algo distinto, de corte más fantástico que realista, con cierto toque humorístico y dando destacada importancia a la espectacularidad y la épica visual y sonora (siempre he pensado que la banda sonora y el sonido en esta saga son muy importantes y elevan tu apreciación al salir del cine incluso por encima de lo que son realmente las películas). Superado el chasco inicial y “metido en canción” lo cierto es que la película era muy entretenida y, aceptando ya las reglas del juego, la segunda lo fue aún más y me lo pasé pipa sin que me importara demasiado si el guión tenía flecos sueltos o si la acción que se veía en pantalla se atropellaba a sí misma. En la última entrega sí que creo que la fórmula no ha cuajado del todo.

Creo que muchas películas tenemos que ir a verlas conscientes de lo que son y creo que nadie puede salir engañado de “Piratas del Caribe 3” (PDC3 a partir de ahora) una vez vista la primera película si lo que se busca es un espectáculo de acción y efectos especiales, pero aún siendo un buen espectador potencial para este tipo de cine, que hay que serlo para que te guste, la verdad es que no creo que valga todo y en cierto modo, aún pasándomelo bien, esta tercera parte en cierto modo me ha defraudado. Pienso que siempre ha de haber un equilibrio interno, una columna vertebral argumental o artística que sustente el conjunto aún en el caso de que éste delire de la manera más absoluta. Por así decirlo, un autor, un creador, un director puede crear un universo propio, pero tiene que ser consistente y tener su propia coherencia interna y si no sentimos que algo no marcha.

Aunque las dos primeras partes de PDC también se dejaban llevar por ciertos excesos casi siempre visuales y argumentalmente se apostaba por el fantástico (en el que casi todo vale), lo cierto es que había una cierta mesura o quizás equilibrio, al menos eso me pareció. Sin embargo esta tercera parte si se caracteriza por algo es por la total desmesura con la que se pretende rizar el rizo, un defecto demasiado habitual en continuaciones que obligan a los productores a ir siempre un poquito más allá. Para empezar el querer llevar a los personajes más allá de la muerte es un exceso argumental difícil de asumir, pero después de haber visto lo que ya habíamos visto no parecía una pega excesivamente grave y no esta mal resuelta del todo, incluso resulta simpática; pero lo malo es que es el menor de los excesos que se cometen en la película y uno la termina “empachado” tanto rizo rizado. Creo que el problema es que te piden demasiadas veces que aceptes vueltas del tuerca.

El viaje al otro lado de la muerte, las múltiples casualidades en las escenas de acción, los imposibles que conseguimos ver en pantalla sólo demuestran que todo es posible en una pantalla de cine y que los efectos especiales mejoran a una velocidad impresionante, pero tuve viéndola la sensación de que éstos no estaban tanto al servicio de la historia como la historia al servicio de los efecto, lo cual llega un momento en que se pierde la intensidad que se pretendía.

La culpa de todo esto creo que la tiene el productor Jerry Buckheimer, un tipo empeñado en ofrecer siempre el no va más, incluso a veces a costa de la coherencia interna de sus películas (aún siento escalofríos cuando recuerdo el armadillo volador de “Armageddon”). Lo malo de PDC3 es que ha regresado el peor Bruckheimer. Gracias a Dios dejándose el montaje mareante de otras ocasiones, pero apostando una vez más por el más difícil todavía en detrimento del equilibrio de la historia.

La historia que nos propone esta tercera entrega completaba la saga en principio aunque ya hemos visto que no pretendía cerrarla y lo hace mostrando lo que es más espectacular y no lo que tiene más sentido (por poneros un ejemplo para que me entendáis creo que la primera parte en Asia con Sao Peng sobra bastante, aunque claro, permite montar una bonita batalla campal que queda vistosa en pantalla y la montaña rusa final con el remolino de agua peca de lo mismo). Seguramente estamos ante el peor guión de los tres primeros títulos y si somos un puntín exigentes es un trabajo bastante flojo.

Como en las películas anteriores lo mejor vuelven a ser la pirotecnica visual y acústica y los personajes y entre ellos Jack Sparrow (incluso con Johnny Deep dejándose llevar y sobreactuando al máximo, como espectadores nuestros momentos favoritos de PDC3 son cuando él está en pantalla). Visualmente la saga al completo es el mayor espectáculo que nos puede deparar una sala de cine con imágenes asombrosas, efectos visuales nunca vistos y un sonido envolvente que nos mete en escena literalmente. El director, Gore Verbinski, tiene mucha culpa de ello pues ha demostrado sobradamente saber encontrar la mejor solución para cada escena de acción…en ese sentido tiene un carrerón por delante y toma el relevo de los grandes de siempre en el cine de aventuras.

En suma nos encontramos ante uno de los grandes acontecimientos de taquilla del año. Una de esas películas que los estudios (en este caso la Disney) preparan cada año coincidiendo con los meses de verano y destinadas a llenar los cines y dentro de lo que cabe cumple con su misión y es de lo más entretenido que podemos ver en cartelera. Si nos ponemos “exquisitos” sólo es una película fantástica de aventuras de segunda fila, lo cual en el fondo no deja de ser un calificativo positivo puesto que no es muy habitual que un trabajo de este tipo se presente con este despliegue de medios.

Para disfrutarla sólo hay que saber qué es lo que uno se va a encontrar (y a estas alturas todo el mundo lo sabe) y no tomarla tan en serio como para sacarle punta al argumento. En realidad los propios creadores de la saga se la toman un poco a chunga….o de otro modo no se puede entender la presencia de Keith Richards (guitarrista de Rolling Stones en el que Deep se basó para el personaje del capitán) haciendo de padre de Jack Sparrow y soltando un par de chistes malos.