Comedia dramática con poso agridulce y melancólico sobre un anciano que viaja con su hijo a Nebraska y cuya principal virtud es ese tono amable y aparentemente insustancial que, en cambio, es un relato revelador sobre la vida y su fugacidad, sobre nuestros lazos personales, sobre nuestros sueños y sobre la derrota que debemos asumir con muchos de ellos.

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Película: Nebraska.
País: EEUU.
Duración: 114 min.
Género: Drama, costumbrista
Interpretación: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bob Odenkirk (Ross), Stacy Keach (Ed), Mary Louise Wilson (tía Martha), Rance Howard (tío Ray), Tim Driscoll (Bart).
Guión: Bob Nelson.
Producción: Albert Berger y Ron Yerxa.
Música: Mark Orton.
Fotografía: Phedon Papamichael.
Montaje: Kevin Tent.
Vestuario: Wendy Chuck.
Distribuidora: Vértigo Films.
Estreno en España: 7 Febrero 2014.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.
Yo recomendaría esta película a un público ya entrado en años al que no le importe reflexionar en calma y con sosiego experimentando en cabeza ajena miserias que son en el fondo muy de todos, se viva en Nebraska o a la vuelta de la esquina. Desde luego quien busque acción y emociones fuertes que se abstenga.

La verdad es que no se me ocurre un título con menos glamour y punch para ganar público que esta película. Bueno, ésta y todas las de Alexander Payne quizás con la excepción de “Los descendientes” por aquello de que la protagonizaba George Clooney.
Hagamos un repaso rápido….Los protagonistas son un ya ochentero Bruce Dern (que ya de por sí ha sido siempre más secundario que otra cosa) y el semidesconocido Will Forte al que hemos visto en algún episodio de “How I met your mother” y los más frikies en “Satudary night live”. La película encima está rodada en blanco y negro, presenta un cartel en negro con la silueta en blanco de Bruce Dern y el argumento trata de un anciano que de pronto quiere ir a Nebraska a por algo que no voy a contar……Quien más quien menos la evita al mirar la cartelera.
Además si te fijas que su director ha hecho películas tan peculiares y también tan poco glamourosas como “A propósito de Schmidt” (2002), “Entre copas”(2004) o la ya mencionada “Los descendientes” (2011) sólo te apuntas ya si las anteriores te han llamado la atención. El caso es que a pesar de todo, reconociendo que la anécdota y lo que implica es más suculento que el argumento, entendiendo que ésta es la típica película que no se puede recomendar a todo el mundo, tiene algo especial que la hace única.
No salí del cine dando brincos de alegría por haber visto una gran película, no me cambió la vida, no hay un antes y un después de “Nebraska”, pero debo reconocer que su tono, el amable y conmovedor viaje que emprende el ya maduro David Grant con su anciano padre me caló a fondo. Comprendo que no todo el mundo experimentará lo mismo viendo esta película, quizás sólo lo haga quien ande ya metido en los cuarenta o quien tenga un padre de avanzada edad o quien sea el padre de avanzada edad; pero garantizo que habrá quien se le encoja la “patata”.

“Nebraska” te hace más sonreír que otra cosa, es un humor fino sacado de una situación realista y tan surrealista como lo pueda ser tomarse el alzheimer como un juego; pero también te conmueve, te llega, te atrapa poco a poco. Puedo decir que salí del cine en paz, con un sosiego agradable y eso pese a que realmente lo que se cuenta tiene un poso de profunda tristeza.
Los personajes, todos, son perdedores, viven en un mundo tan gris como el blanco y negro de la fotografía y anhelan sueños que están fuera de su alcance, pero también son personas y sus defectos los hacen humanos, cercanos, muy próximos. La película se centra en un estado norteamericano que ni nos va ni nos viene por estos lares, pero ese padre y ese hijo, esa madre, ese drama familiar que yo calificaría de costumbrista tiene mucho de cualquiera y por eso llega, por eso te remueve y te deja un buen regusto durante días. Además esa pobreza que se intuye, esa frialdad anímica que revelan imágenes como las de la familia sentada inerte viendo la televisión pueden no vivirse cotidianamente pero se entienden a la perfección.
Hay algo universal en esta película y en todas las de Alexander Payne que hace que sus personajes se comprendan perfectamente y hay un gran trabajo de guión, de ambientación, de estilo, de puesta en escena que es precisamente lo que año tras año van destacando las nominaciones a los óscars en este director de mundo e inquietudes existenciales muy personales.

En la última edición de los óscars 6 nominaciones recibió: mejor película, mejor director, actor principal, Actriz de reparto, guión original y fotografía. No ganó ni uno porque la competencia era dura, pero está claro que si hay un grupo de directores independientes con universo propio en todo el mundo, uno de ellos sin duda es Alexander Payne……y que siga rodando.
Ya no es sólo la anécdota inicial, todo lo que sucede después (y aunque el argumento se cuente en dos líneas en realidad pasan muchas cosas), lo bien que están los actores, lo milimetrada que es la puesta en escena, lo bien que está rodada….además posee gracias a ese blanco y negro una atmósfera especial……Cada día que pasa me parece mejor y la recuerdo con más cariño.