Volvemos a nuestra sección de recuperación de clásicos y lo hacemos con una película dificililla, «de culto» podríamos decir, que es una pequeña joya del cine alemán y convirtió en referencia en los 70’s tanto a su director Werner Herzog como a su protagonista Klaus Kinski.

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País: Alemania
Guión. Werner Herzog
Música: Popol Vuh
Sonido: Herbert Prasch
Fotografía: Thomas Mauch
Montaje: Beate Mainka-Jellinghaus
Efectos especiales : Juvenal Herrera y Miguel Vázquez
Reparto: Klaus Kinski (Lope de Aguirre), Helena Rojo (Inés), Del Negro (Brother Gaspar de Carvajal), Ruy Guerra (Don Pedro de Ursua), Peter Berling (Don Fernando de Guzmán), Cecilia Rivera (Flores), Daniel Ades (Perucho), Edward Roland (Okello)
Productores:Daniel Camino, Werner Herzog, Hans Prescher, Lucki Stipetic

“Aquí la naturaleza es violenta y brutal…solo veo fornicación, asfixia, estrangulación, la lucha por la supervivencia, el crecimiento y la putrefacción. Hay mucha miseria, pero es la misma miseria que nos rodea a todos. Los árboles están en la miseria y también los pájaros. No cantan, gritan de dolor. Mirándolo bien hay un tipo de armonía. Es la armonía del asesinato fascinante y colectivo. Lo estoy diciendo lleno de admiración por la selva. No la odio. La quiero. La quiero mucho. Pero la quiero en contra de mi sano juicio.” (Werner Herzog)

Es curioso como pasa el tiempo y modifica algunas apreciaciones que en su día parecían definitivas. Lo digo porque esta película, del alemán Werner Herzog, se consideró en su día una pequeña joya del cine alemán (y lo sigue siendo, pero hay que matizarlo), circunscrita en lo que podríamos llamar “cinema verité”. Por supuesto no ha dejado de ser un referente, pero lo que en su día tuvo de singular propuesta hoy no lo es ya tanto puesto que se ha impuesto un tipo de cine similar en cierto modo, en el que la cámara parece ser un miembro más de la historia y va de aquí allá siendo testigo de los acontecimientos sin buscar el preciosismo visual, utilizando luz natural y transmitiendo al espectados o procurándolo al menos sensaciones similares a las que debieron vivir los protagonistas de la historia.

“Aguirre, la cólera de Dios” parte del diario de fray Ginés de Carvajal y hace una reconstrucción personal y particular de la búsqueda de El dorado, emprendida por la cuenca del Amazonas (río Marañón concretamente) en 1560 por Pedro de Ursúa y sus homnres, que vivieron todo tipo de contratiempos y penalidades debido a las dificultades geográficas que encontraron al remontar el río y los conflictos derivados de su ambición personal. Carlos Saura también haría su propia versión en 1988 con Omero Antonutti como Lope de Aguirre, mucho más atractiva visualmente, pero también menos realista.

Lo que pretende Werner Herzog es ante todo ser fiel a cómo debió ser aquella aventura, a las dificultades acometidas por la expedición española, intenta que lo que se vea en pantalla sea lo mismo que hubiéramos visto de habernos encontrado allí, evita escenas y diálogos preparados para el divertimento del público, pretende lo contrario, que su película sea casi como un documento llegado de 1560, así que lo que vemos es un pseudodocumental, los diálogos no siempre son significativos y relevantes, los protagonistas de la historia hablan, discuten, comentan lo que está pasando y la cámara simplemente “mira” a lo que pasa.

El centro de atención en todo momento, por supuesto, un Klaus Kinski inconmensurable en el papel de Lope de Aguirre, desarrollando uno de los personajes por el que se hizo famoso, llenando la pantalla con sus ojos saltones de loco (ideales para representar a Aguirre) y demostrando ser una fuerza más de la naturaleza como el propio río, como los animales, el viento o el sol mismo, imponiéndose como un titán por encima del resto de actores, focalizando todo el interés de la película.

No es de extrañar que esta película influyera en cierto modo a Francis Ford Coppola en “Apocalypse now”, hay muchos aspectos argumentales, temáticos e incluso estilísticos coincidentes, pero sobretodo pienso que lo que seguramente más llamó la atención a Coppola fue el tono inquietante del relato de Herzog (punteado brillantemente con una curiosa banda sonora ejecutada solo con melotrón y guitarra eléctrica por el grupo de rock progresivo Popol Vuh). También me ha parecido que hay mucho de Herzog en el cine de Terence Mallick, sobretodo en “La delgada línea roja” y sin lugar a dudas en “El nuevo mundo”, con la que guarda mucha proximidad estilística.

La película dura lo justo, hora y media, más se hubiera hecho pesado porque hay que tener en cuenta que a Herzog no le preocupa en absoluto que su cámara se demore con determinadas escenas, ni siquiera contemplando el fluir del agua del río durante unos segundos y a lo largo de su desarrollo es poco lo que se cuenta más allá de la lucha contra el barro, la selva o el enfrentamiento entre los soldados, pero en cualquier caso es una película interesante, permite hacerse idea de que la historia seguramente no es exactamente como nos la cuentan o la imaginamos. A fin de cuentas los conquistadores españoles eran hombres con sus vicios y virtudes y frente a otras versiones ésta apuesta por mostrarnos sus vergüenzas, su ambición, sus deseos más íntimos y oscuros, cosa que nunca está de más para relativizar lo que dicen los libros de historia, a menudo contados por los vencedores y salpicados de un cierto barniz de épica.