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No hay ninguna película que haya rodado Icíar Bollaín que no se comprometa con algo. En este caso lo hace con la capacidad para cumplir un sueño, con la lucha contra el handicap de unos orígenes humildes y los prejuicios sociales, con el tesón y el trabajo duro que, con un poco de fortuna, suelen tener recompensa. La película es un biopic sobre el bailarín cubano Carlos Acosta y nos cuenta su infancia y su trayectoria hasta llegar a ser el primer bailarín negro en interpretar algunos de los más grandes papeles de la danza clásica en los escenarios más emblemáticos del mundo. Lo tiene todo, por tanto, para ser una película a reivindicar y muchas bazas para emocionar y conquistar al público, pero en esta ocasión se queda en un quiero y no puedo. Ciertamente sigues la trayectoria del protagonista con interés, pero desgraciadamente terminas viendo todo a distancia, con una cierta frialdad, sin llegar a implicarte lo que se podría. Obtuvo 5 nominaciones en los Goya (actor revelación, guión adaptado, música original, fotografía y sonido), pero no logró ningún premio.