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Partiendo de una aceptable impresión no me resultaba fácil puntuar esta película que había visto con agrado pero no me rendía como otras. Puede que fuera por su tono costumbrista pegado a la realidad, por su fácil visionado, porque no cuenta grandes sucesos y desarrolla una trama sencilla tiñiendo de una alegría sutil y con escenas más propias de una comedia varios dramas simplemente sugeridos en torno a los personajes que se reúnen para una boda, la de una mujer que después de mucho tiempo dándose a los demás decide regalarse un día para sí misma. No lograba decidir si la naturalidad y la espontaneidad con que estaba todo contado por Icíar Bollaín e interpretado por Candela Peña era resultado de una genialidad o del talento que ambas tienen para hacernos cercano cualquier argumento sin aparente esfuerzo, pero intuyo que en cine lo que parece sencillo o simple nunca lo es. Con lo que finalmente me quedo es que como espectador llegas a empatizar perfectamente con Rosa, a comprender su mundo, su contexto y su deseo, una ocurrencia que parece caprichosa, pero que es un anhelo legítimo, comprensible y  emotivo. No hay actriz y directora mejores para lograrlo y pienso que el gran acierto de esta película es que, sin cargar el acento en lo dramático, tratando de resultar simpática y agradable en todo momento, consigue eso tan difícil que es que lleguemos a entender a otro (en este caso a otra). Consiguió 8 nominaciones a los Goya incluyendo mejor película, dirección, actriz principal, actor y actriz de reparto, actriz revelación,  guión original y canción).