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Como en la propia realidad, el dolor y el drama más intenso quedan amortiguados por el sentido del humor, aunque éste surja de la ironía y el desengaño. Esta película de voluntarios en los Balcanes de los años noventa más que buena es necesaria porque resulta reveladora, humanista y en cierto modo esperanzadora a pesar de que mucho de lo que ocurre es terrible en el fondo. Todo gracias a un director comprometido, con oficio para aleccionar y entretener a la vez y unos actores extraordinarios.

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Título original: A perfect day.
País: España.
Duración: 105 min.
Género: Drama.
Reparto: Benicio del Toro (Mambrú), Tim Robbins (B.), Olga Kurylenko (Katya), Mélanie Thierry (Sophie), Fedja Stukan (Damir), Eldar Residovic (Nikola).
Guión: Fernando León de Aranoa; basado en la novela “Dejarse llover”, de Paula Farias.
Distribuidora: Universal Pictures Intenational Spain.
Estreno en España: 28 Agosto 2015.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.
 
1995. Los Balcanes. Un grupo de cooperantes de la ONU. Un pozo de agua con un cadáver dentro que pone en peligro la potabilidad de la misma y la salud de los habitantes de la zona. Con tan pocos mimbres de inicio habemus película por obra y gracia de Fernando León de Aranoa.
No importa que el trailer os destripe el argumento casi al completo porque lo que importa es el desarrollo, los pequeños detalles, los personajes y por supuesto el trasfondo y todo lo que implica. Como todos los títulos de este director lo que vemos está pegado a la realidad, es verosímil y realista, comprometido, no hay alambicadas escenas, ni acción con la que deslumbrarnos, pero sí  hay personas que dialogan e interactúan y situaciones, a veces al límite, que nos explican como es este mundo que nos ha tocado vivir aunque nos pillen en la distancia, que aunque ciertas cosas pasen lejos de un modo u otro también nos incumben.
Pienso que a parte de rodar con la sana intención de llegar al público y tocarle la “fibra sensible” con sus personajes, Fernando León de Aranoa es ante todo un enorme guionista capaz de sacarle todo su jugo a las personas que pueblan sus argumentos. Vamos, que sabe cómo rodar, cómo construir personajes con tirón y sabe qué contar de ellos para que tenga interés. Lógicamente no siempre acierta, no siempre se puede hacer “Los lunes al sol”, “Familia” o “Barrio”, pero “Amador” o “Princesas” también tenían su interés y “Un día perfecto” yo la situaría por detrás de las primeras y por delante de las últimas. Todas en mayor o menor medida me parecen como poco interesantes.
En este caso la espina dorsal del argumento es una mera escusa aunque revela muy claramente cómo lo que en un lugar del mundo es fácil y asequible a unos miles de kilómetros puede suponer una odisea. A mí lo que me interesa de esta película es lo que revela sin palabras (pongo dos ejemplos aunque hay varios: cómo Mambrú y B renuncian a ayudar a un grupo de retenidos una vez estudian sus opciones o cómo protegen a un niño cuyos padres “se han ido de su pueblo”).
Los protagonistas (fantásticos tanto Benicio del Toro como Tim Robbins) son héroes, pero no esa clase de héroes a los que nos tienen acostumbradas las películas, que se juegan la vida y salen airosos porque son los más listos, los más guapos y los más fuertes….son héroes porque se la juegan todos los días para ayudar a los demás y porque tienen la suficiente sensatez para no jugársela cuando no hay forma lograrlo.
El guión, una vez más, me parece magnífico porque explora a fondo todo lo que la escusa argumental da de sí. Cualquiera puede argumentar que tampoco es que sea un argumento fascinante y que hay películas mejores con temáticas similares y puedo estar hasta de acuerdo, pero un cineasta no puede hacer siempre obras maestras simplemente porque no siempre se dispone de la inspiración y los recursos para ello. Yo lo que defiendo en este caso es que me encanta como León de Aranoa le ha sacado partido a un argumento que en realidad se cuenta en cuatro líneas de texto (hablo sin saber si la novela en que se basa es más compleja). Yo diría que es una magnífica película pequeña (como también los es “Mandarinas”).
A parte de que convierte en excepcional un suceso anecdótico y que cuenta muchas cosas con sus imágenes (por favor, no nos quedemos sólo con lo evidente), la fuerza de la película reside en sus actores. Benicio del Toro, que este año también lo ha bordado con “Sicario”, parece en absoluto estado de gracia y Tim Robbins pone el contrapunto irónico necesario a una película que, como la vida misma, no pretende ser sólo triste y dramática, sino refugiarse más bien en el sentido del humor para sobrellevar mejor lo trágico. No me convence tanto cuando se pone romanticoide, aunque aplaudo que los personajes estén trabajados e irrumpa su pasado en el presente y me parece que aunque tiene altibajos de interés en conjunto deja huella y poso, que a la postre es lo que a mí me gusta.
Como sólo cuenta los sucesos de un día, la película parece acabar del mismo modo que ha comenzado, pero entonces es cuando llega un final sorpresa que encierra una moraleja y del que no voy a decir nada para que cada cual la deduzca (es muy sencilla y evidente). Puede que con ella el director quiera decir algo o aleccionar. A mí me parece que sea o no esa su intención, lo que sí significa es algo en lo que creo profundamente: al final, todo es relativo.
Sí, valeeee, me declaro fan absoluto de Fernando León de Aranoa.