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Una vuelta de tuerca más en la filmografía de un director siempre cambiante e interesante que ya ha firmado títulos tan sugestivos como “Zombies party” (2004), “Arma fatal” (2007), “Scott Pilgrim contra el mundo” (2010), “Bienvenidos al fin del mundo” (2013) o “Baby driver” (2017). Ahora apuesta por un thriller psicológico que juega con tiempos narrativos y construye una trama de suspense de aromas Hitchcokianos, en la que se adentra en una cierta atmósfera de terror sin zambullirse de lleno. Es cierto que a partir de un determinado momento el argumento se vuelve algo previsible, pero a cambio lo que se ofrece es una puesta en escena muy sofisticada y trabajada en la que el montaje cobra especial importancia. Al espectador que sólo busca entretenimiento la película no le defraudará y al que busca algo más encontrará una personalidad que es evidente que ama el cine e intenta sacarle todo su jugo.