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El director holandés Jan de Bont es un caso extraño: se labró una carrera de prestigio como director de fotografia («La jungla de cristal», «Black Rain», «Línea mortal», «La caza del Octubre Rojo, «Instinto Básico»,…), debutó en la dirección en 1994 con un blockbuster que arrasó en taquilla («Speed«), consolidó su habilidad como director en 1996 («Twister«), y tras encadenar tres proyectos fallidos («Speed 2«, «The haunting» y «Lara Croft 2«), Hollywood le dió la espalda, cayó en el olvido y despareció. Hace casi veinte años que no hay ninguna película que tenga asociada el nombre de Jan de Bont.
«Twister» es una de aquellas películas definidas como «placeres culpables» por muchos de sus defensores. Esto es aquellas películas con las que hemos disfrutado aunque no nos atrevemos a confesarlo en público, puesto que el cine de catástrofes cuenta con muchos críticos y está considerado un producto de entretenimiento tipo ‘fast-food’, que alimenta pero no es sano. De hecho es un blockbuster producido por Steven Spielberg con el único objetivo de recaudar millones y millones de dólares en las taquillas de los cines de todo el mundo… cosa que consiguió con solvencia: recaudó casi quinientos millones de dólares en todo el mundo y en 1996 la única película que ingresó más dinero fue «Independence Day«.
La película, protagonizada por Helen Hunt, Bill Paxton, Cary Elwes, Jami Gertz, Philip Seymour Hoffman, Alan Ruck y Todd Field, entre otros, con un guión escrito por Michael Crichton y Anne-Marie Martin (¡y Joss Whedon!) nos contaba como un gran tornado está a punto de llegar al estado de Oklahoma, y mientras los temerosos habitantes se preparan para dejar sus casas y escapar a lugares más seguros, esta terrible visita del mayor tornado del último medio siglo en el medio oeste norteamericano, de categoría F5, también es esperada con ilusión por dos equipos de científicos que siguen a las tormentas y tornados para estudiar su comportamiento, dos grupos que rivalizan por labrarse un nombre en la historia de la meteorología.
Entretenida y con un ritmo frenético, «Twister» está al servicio de unos efectos especiales espectaculares y los personajes son un simple complemento para ilustrar la fuerza desatada de la naturaleza y la debilidad del ser humano cuando la madre naturaleza se enfada y arrasa con todo. Vacas volantes incluidas. Y es que el auténtico protagonista de la película es el tornado, al que le dieron forma con las técnicas digitales más avanzadas de principios de los años noventa los genios de ILM.

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