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Algunos personajes no han llevado demasiado bien su paso del cómic a la gran pantalla. Steel, Rocketeer, Catwoman, Green Lantern, Spawn, Elektra, Howard el Pato, The Spirit, Barb Wire,… Añadimos a la lista a Rebecca Buck, más conocida como ‘Tank Girl‘, la protagonista de un cómic británico creado en 1988 por Jamie Hewlett y Alan Martin para la revista «Deadline» que fue todo un fenómeno en los años noventa, con sus historias caóticas e irreverentes, al más puro estilo del punk británico. Tank Girl, una heroína feminista, anárquica, independiente, sexualmente desinhibida y liberada capaz de sobrevivir y prevalecer en una distopía post-apocalíptica australiana, se erigió también en un símbolo del movimiento de las Riot Grrrl.
A mediados de los años noventa se hizo el frustrado intento de adaptar las aventuras de Tank Girl a la gran pantalla, pero la cosa no funcionó. Mejor dicho, los productores de Hollywood no la dejaron funcionar. Demasiado moderna, demasiado punk, demasiado feminista. Demasiado de todo para un capullo tan estirado como John Calley, que venía de producir «Lo que queda del día». Tutelada por John Waters, el rey del ‘trash‘, cosa que ya nos explica el tono general que buscaba el film, dirigida por Rachel Talalay y protagonizada por Lori Petty, Ice T, Naomi Watts, Don Harvey, Malcolm McDowell, Reg E. Cathey, Jeff Kober, y el mismísimo Iggy Pop, la «Tank Girl» cinematográfica nos trasladaba al año 2033, cuando tras el impacto de un enorme cometa sobre la Tierra, el planeta queda completamente asolado y se convierte en un desierto. Kessle, un tirano que dirige la corporación militar del agua y la energía, pretende someter a los supervivientes. Cuando su comunidad sea atacada y su amiga secuestrada, la alocada, divertida y rebelde Tank Girl se unirá a Jet Girl y los Rippers liderados por T-Saint para derrocar al villano de la función.
La película, como hemos dicho, no funcionó. Fracasó en taquilla (recaudó 4 millones de dólares de los 25 que había costado la producción) y las críticas fueron mayoritariamente negativas. No gustó ni a los aficionados del cómic de Jamie Hewlett y Alan Martin ni a los espectadores más convencionales. De hecho había costado mucho que un estudio aceptase hacer este film protagonizado por una mujer sexual, que bebía y fumaba como un camionero, y el mismo Steven Spielberg la consideró excesiva cuándo le llegó la propuesta a sus oficinas de Amblin («too hip for Spielberg«), pero eso no fue lo peor: en la fase de montaje el estudio (United Artists) obligó a cortar numerosas secuencias. Un ejercicio de demolición descontrolado por parte de ejecutivos con traje y corbata que desconocían la esencia del cómic original, que dejó la película hecha unos zorros. Consiguieron que la película de «Tank Girl» no tenga nada que ver con el cómic de «Tank Girl«.
Sin embargo, eso no se puede negar, es evidente que dejó algo de poso y que sin Tank Girl no existiría la Harley Quinn de Margot Robbie, de quien se inspira sin pudor. Hace unos pocos años se rumoreó que Margot Robbie quería hacer un ‘reboot‘ digno de «Tank Girl«, pero no se ha vuelto a oír nada más sobre esta posibilidad.
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Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…