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Hay películas castigadas por el paso del tiempo que, sin embargo, siguen siendo un placer para el espectador nostálgico, por muchos años que transcurran. «Starfighter: La aventura comienza» es una de ellas. Desde las máquinas recreativas hasta los efectos especiales de los años ochenta (fue, junto a «Tron» (1982), una de las primeras en incorporar escenas generadas por CGI), pasando por las máscaras de látex, la música épica a base de sintetizadores y la entrañable ingenuidad de su propuesta, todo en ella conserva un encanto particular. Incluso cuando provoca cierta vergüenza ajena, como en el tratamiento de los personajes femeninos, relegados en gran medida a meros elementos decorativos.
Se trata de uno de esos títulos surgidos del fértil imaginario del cine fantástico norteamericano de los años ochenta que, pese a lograr cierto éxito en su momento, ha terminado diluyéndose en la memoria colectiva sin dejar poso. Es una producción en la que el tiempo no solo ha pasado, sino que pesa; y aun así sigue apelando con fuerza al niño que llevamos dentro. ¿Injusto olvido? Tal vez.
Dirigida por Nick Castle (como actor encarno al asesino enmascarado en la primera entrega de «Halloween» (1978), dirigida por John Carpenter), y protagonizada por Lance Guest, Catherine Mary Stewart, Robert Preston, Dan O’Herlihy y Barbara Bosson, la película nos cuenta cómo un joven experto en videojuegos deberá trasladar sus habilidades al campo de batalla real para salvar un planeta amenazado. ¿Dónde hemos visto esto antes? La idea de un talento excepcional reclutado para la guerra anticipa ecos de «El juego de Ender«, la novela de Orson Scott Card publicada un año después, en 1985, aunque la idea del film tiene una mirada más ligera y accesible.
La historia sigue a Alex Rogan, un joven que vive con su madre y su hermano pequeño en un parque de caravanas. Su rutina transcurre entre la frustración cotidiana y su refugio en un videojuego de combate espacial, donde finalmente alcanza la puntuación máxima. La máquina recreativa, lejos de ser un simple entretenimiento, resulta ser una sofisticada prueba diseñada para identificar candidatos con las habilidades necesarias para pilotar naves de combate reales. El logro de Alex desencadena la aparición de un misterioso visitante que lo invita a acompañarlo a los confines del espacio, revelándose como un extraterrestre que lo recluta para la Star League, una alianza de planetas pacíficos diezmada tras un devastador ataque del Imperio Kodan, que arrasa su capital mediante el lanzamiento de un asteroide. Allí, Alex deberá ponerse al mando de una Gunstar, una nave de combate avanzada.
Vista hoy, «Starfighter: La aventura comienza» funciona como una cápsula del tiempo: ingenua, con algunas ideas afortunadas, imperfecta, pero profundamente sincera y un digno ejemplar de los blockbusters de los años ochenta, representativo de un tipo de cine que marcó a toda una generación. ¿Para cuándo un remake?
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Dios, recuerdo verla de pequeño y me encantó!! Vista con ojos de hoy en día, pues lo que comentas del trato a los personajes femeninos (como todas las películas de aquellos años) pero para un chaval que la veía por primera vez… era todo un descubrimiento,