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Desde que el CGI se convirtió en una herramienta esencial para hacer cine son muchas las películas que se han servido de esta tecnología de efectos especiales hechos por ordenador para representar en la pantalla de cine aquello que antes simplemente requería de artesanos habilidosos, maquetas, miniaturas, disfraces y mucho cartón piedra. Esta herramienta tan potente y hoy indispensable, como cualquier otra novedad, tuvo a principios de los años ochenta sus primeros pasos, inseguros y dubitativos, pero que abrieron un universo de posibilidades que hoy son una realidad. Entre sus pioneros, por supuesto, se cuenta el clásico de culto de ciencia-ficción “Tron“, de Steven Lisberger, del año 1982.

Diez años después de “Tron“, la película que demostró que el ordenador era el futuro del cine, llegó a los cines “El cortador de césped” (“The lawnmower man“), una película del director Brett Leonard, protagonizada por Pierce Brosnan, Jeff Fahey y Geoffrey Lewis, que nos contaba como, tras suspenderse su investigación con chimpancés sobre desarrollo intelectual para extender las capacidades de la mente, el profesor Lawrence Angelo decidía continuar el proyecto por su cuenta, para lo que utilizaba a Jobe Smith, un joven retrasado que trabaja cortando el césped en su barrio. El científico, mediante una combinación experimental de drogas y realidad virtual, logrará incrementar de forma extraordinaria la inteligencia de Jobe, pero éste pronto escapará de su control y se convertirá en una amenaza.

Esta película era, en principio, una adaptación de un relato homónimo del maestro Stephen King del año 1975 pero el argumento de la historia cambió de forma tan radical que el escritor, molesto, retiró su nombre de los títulos de crédito. Sin embargo eso no hizo mella en la película, que aunque no fue un gran éxito funcionó bastante bien en el box-office y recuperó sobradamente la inversión inicial de 10 millones de dólares. Entre sus bondades, el uso del CGI, una tecnología novedosa que aún sorprendía a los espectadores, y sus referencias a la realidad virtual, que a principios de los años noventa era una innovación de la que se esperaba mucho.

En 1996 llegó una secuela, “El cortador de césped 2: Más allá del ciberespacio“, escrita y dirigida por Farhad Mann. Apenas recaudó 2 millones de dólares y fue un fracaso, se mire como se mire.

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