Hasta hace unos meses no conocía a Arkadi Strugatski, ni a su hermano Boris Strugatski, pero tras la lectura de “Stalker. Picnic Extraterrestre“, recientemente editada por Gigamesh, he añadido un nuevo título a mi pila de libros a leer: “Qué difícil es ser dios“. Y es que si es la mitad de buena que Stalker

"Stalker. Picnic Extraterrestre" (Arkadi Strugatski y Boris Strugatski, Ediciones Gigamesh)Stalker. Picnic Extraterrestre
Arkadi Strugatski, Boris Strugatski
Gigamesh
Clásicos Ciencia-Ficción
ISBN: 9788416035052
192 páginas
Rústica con solapas
16.00 €

La fugaz visita de naves extraterrestres ha dejado misteriosos desperdicios fruto del insólito pícnic junto al camino de unos seres absolutamente incomprensibles. Las que fueron Zonas de aterrizaje son ahora lugares peligrosos y prohibidos, donde unos misteriosos objetos desencadenan todas las ambiciones humanas. Los stalkers se arriesgan a entrar furtivamente en la Zona para rescatar, cual hormigas laboriosas, esos restos abandonados por los que suspiran al unísono la ciencia y el hampa. 

¿Es posible comprender una inteligencia extraterrestre? ¿Es la ciencia la mayor destructora de la esperanza humana? La arriesgada vida de los stalkers y los singulares objetos de la Zona, en particular la Bola Dorada que concede todos los deseos, tal vez nos ayuden a reflexionar sobre ello.

"Stalker. Picnic Extraterrestre" (Arkadi Strugatski y Boris Strugatski, Ediciones Gigamesh)

Voy a ser completamente honesto, todo lo que sabía sobre los hermanos Strugatski antes de que Gigamesh anunciase la publicación de Picnic extraterrestre era… bueno, nada, ni siquiera recordaba que habían editado, recientemente, Qué difícil es ser dios. No tiene mucho sentido negarlo, la ci-fi rusa es una de esas asigntauras pendientes que muchos lectores de ci-fi españoles tenemos pendiente, a pesar de que, muy de vez en cuando, un editor se líe la manta a la cabeza y decida publicar alguna antología de escritores rusos o, mayor locura aún, un libro de un autor ruso. Lo cierto es que, poco a poco, algunos autores como Dmitri Glujovski o Kiril Yeskov (me resisto a que un libro que me gustó tanto como El último anillo siga pasando desapercibido) van llegando a nuestro país, con cuentagotas, pero van llegando. Así que cuando Gigamesh anunció la publicación de Stalker no dudé en solicitar una copia de prensa, no sólo porque me intriga la ci-fi rusa, sino también porque la nota de prensa era especialmente interesante, ofreciendo una premisa que me atrapó desde el primer momento… Ahora lo que me interesa es poder disfrutar con otras novelas de los hermanos Strugatski: Qué difícil es ser dios o El lunes empieza el sábado, a ver si en Gigamesh se animan con la segunda y yo con la primera…

Así que cuando me llegó la copia de prensa pude ponerme a disfrutar con una historia que se inicia con la premisa de que los extraterrestres han llegado a la Tierra, a seis ubicaciones distintas, han estado paseando por ellas y luego se han ido, dejando todo hecho un cristo (como los campistas, vamos) y sin molestarse en hablar con la Humanidad, pues no tardé en ponerme a leerla. Algo terriblemente ofensivo para cualquier ser humano que se precie (no se han molestado ni en intentar invadirnos)  pero que tiene un lado “bueno”, y es que la Humanidad ha tardado poco tiempo en encontrar utilidad para los desechos que han dejado los ETs, tanta que las autoridades han prohibido el acceso a las “Zonas”, especialmente por su peligrosidad (por cierto, auténticos ejes del relato y, posiblemente, las escenas más interesantes de la novela), pero también por el avaricioso deseo de hacerse con todos esos dispositivos.

"Stalker. Picnic Extraterrestre" (Arkadi Strugatski y Boris Strugatski, Ediciones Gigamesh)Así que el acceso oficial a las Zonas es algo en mano de los Gobiernos de los territorios donde los extraterrestres se posaron, pero la “iniciativa privada”, es decir, el mercado negro, cuenta con “recolectores”, humanos que arriesgan la vida entrando a las Zonas para hacerse con artefactos que vender. Estos son conocidos como stalkers, y el más grande (por lo que al lector respecta) es Redrick Schuhart, personaje al que seguiremos a través de los años y que nos servirá para reglejar la angustia y dificultades que viven los stalkers, y sus familias, que viven cerca de las Zonas.

Tengo que reconocer que he disfrutado muchísimo con esta lectura, a pesar de que se aleja de algunas de las posibilidades argumentales que se abren y que, sin duda, serían explotadas hasta la saciedad por los escritores actuales. Los hermanos Strugatski, sin embargo, se centran en ofrecernos una sólida visión de la vida desde el punto de vista de Schuhart, conocemos así la desgracia que es vivir en las cercanías de las Zonas y cómo sufren los menos favorecidos en los suburbios que se establecen alrededor de las zonas lo que, en último momento, justificará las acciones de Schuhart.

No quiero entrar a destripar el núcleo de la novela, pero hay que reconocerle a los hermanos Strugatski la maestría al combinar géneros (con toques de género negro, y algo de bélico, inclusive) y al decidir prescindir de los ETs y centrarse en la situación de una humanidad que no estaba preparada para el encuentro con otras inteligencias… y que sigue sin estarlo el presente del libro.

Es interesante el ver cómo se va desarrollando la personalidad de Schuhart así como su determinación por trabajar en la Zona para poder cuidar de su familia. En realidad estamos hablando de una novela que, en parte, describe bastante bien la situación de la ciudadania rusa y cómo se veían obligados a acudir al mercado negro con asiduidad. Quizás este fuese uno de los motivos de los problemas de la novela con la censura soviética (que se explican en un interesante artículo al final del libro, artículo firmado por Boris Strugatski) pero lo cierto es que es una novela que, rápidamente, entra dentro del apartado de “clásico” a pesar de que sea la priemra vez que oía de ella, o que la leía.

Por cierto, hay que aplaudir a Gigamesh porque no es fácil que una editorial, del tamaño que sea, se juegue los cuartos publicando novelas de apenas 200 páginas de extensión (no llega) pero que tienen una indudable calidad. Estoy deseando ver con qué otros libros nos sorprenden.

En definitiva, a pesar de que este es mi primer encuentro con los hermanos Strugatski no puedo sino recomendar la lectura de Stalker. Picnic Extraterrestre a los amantes de la ci-fi clásica y de la ci-fi especulativa, o a todos aquellos que quieran deleitarse con una historia que se introduce en la mente del lector por la fuerza de su protagonista.