linea_separadora

El dibujante belga André Franquin (1924-1997), el maestro y referente más destacado de la llamada ‘École de Marcinelle‘ de bande dessinée francobelga, es uno de los autores de cómic más importantes de todos los tiempos, reconocido sobretodo por su trabajo con personajes como Spirou y Fantasio, el Marsupilami o Tomás el Gafe. Sí, el nombre de André Franquin va indisolublemente vinculado al de Spirou, el inolvidable botones del Moustic Hotel creado originalmente en 1938 por Robert Velter ‘Rob-Vel‘ para la revista “Le Journal de Spirou”, personaje para el que estuvo creando aventuras durante la friolera cifra de veinte álbums a lo largo de veintidós años, de 1946 hasta 1968. Durante este tiempo, transformó la serie al ofrecerle al lector historias largas con argumentos muy elaborados, y por crear un gran número de carismáticos personajes secundarios como el Conde de Champignac, el villano Zorlgub, el aspirante a dictador Zantafio, el adorable Marsupilami, y la periodista Seccotine, entre otros.

A finales de los años cincuenta, André Franquin se había metido, sin quererlo ni beberlo, en un túnel creativo: después de una accidentada historia de amores e infidelidades editoriales a tres bandas con Charles Dupuis y Raymond Leblanc, tenía encargos semanales que sobrepasaban su capacidad: dos páginas de Spirou y Fantasio, una de Tomás el Gafe, una de Modesto y Pompón para la revista “Tintín”, y una colaboración con el periódico “Le Parisien Libéré” con historias inéditas de Spirou y Fantasio. Y llegaron Greg, Jidéhem y Jean Roba para echarle una mano. Hay que reconocer que Franquin sirvió de maestro a muchos de sus colaboradores, a quienes les enseñó todo lo que sabía y les acreditó en todas sus aportaciones.

En “El prisionero de Buda” (“Le prisonnier du Bouddha“), publicada entre los números 1048 y 1082 de la revista “Spirou” de 1958 y 1959, nos contaban como Spirou y Fantasio llegaban a la mansión del Conde Champiñac para descubrir que ha acogido a un inventor soviético, Nicolas Nicolaievitch Inovskyev, que se ha fugado de la U.R.S.S. con un valioso invento por el que diversas naciones hostiles estan dispuestas a todo por obtener. Lamentablemente hay otro inventor que conoce los secretos del Generador Atómico Gamma, o G.A.G., el norteamericano Harold W. Longplaying, que está en manos de los chinos, encerrado en el inexpugnable valle de los Siete Budas.
Este décimocuarto álbum de las aventuras de Spirou, una historia de espías con aires antimilitaristas y referencias evidentes a la Guerra Fría, lleva a los protagonistas a una misión de rescate a un país lejano (que en ningún momento se menciona, pero que evidentemente es China) y tiene todo lo que el lector podía desear en un cómic de Spirou, incluyendo mucho humor, parajes exóticos, emociones, agentes secretos e inventos maravillosos.

Esta historia fue publicada originalmente en castellano como “El prisionero de los siete Budas“, aunque en reediciones posteriores se puede encontrar como “El prisionero de Buda“, que es una traducción literal del original en francés.

linea_separadora