Todas las críticas, absolutamente todas, han calificado esta película de Stuart Beattie como una de las peores películas del año. No nos corresponde a nosotros hacer el ejercicio de rescatar las bondades que pueda tener, o de sumarnos a la lapidación, sino que invitamos a reflexionar a los distribuidores: ¿cómo es posible que una película como «Yo, Frankenstein«, que acumula tortazos por doquier, llegue a nuestra cartelera mientras propuestas más humildes, pero de mayor calidad, se queden por el camino? Y al precio al que andan las entradas de cine, ¿quién es capaz de animar a un sufrido ciudadano a pagar nueve euros por ver esta película?

Todos los monstruos clásicos, desde Drácula hasta Frankenstein, pasando por La Momia o el Hombre Invisible, han vivido recientes revisiones cinematográficas, con versiones modernas que se alejaban bastante de la historia que nos habían contado en blanco y negro, durante la primera mitad del siglo XX. Por ejemplo, el monstruo de Frankenstein, el moderno Prometeo de Mary Shelley, ha vivido decenas y decenas de adaptaciones a la gran pantalla después de la de James Whale con Boris Karloff.

«Yo, Frankenstein» («I, Frankenstein») de Stuart Beattie («Tomorrow, When the War Began», guionista de «Collateral» y «Piratas del Caribe») es la adaptación a la gran pantalla del cómic de Kevin Grevioux, guionista de «Underworld», que nos contará como Adam, un monstruo inmortal creado por el doctor Frankenstein, se encontrará en medio de una guerra entre criaturas sobrenaturales. A un lado, las fuerzas del bien lideradas por Miranda Otto y al otro, las huestes del mal formadas por hordas de demonios.

Protagonizada por Aaron Eckhart, Bill Nighy, Yvonne Strahovski, Socratis Otto, Miranda Otto y Jai Courtney, entre otros, la película llega a nuestra cartelera este mismo fin de semana, con la esperanza de pasar desapercibida y no seguir sumando críticas crueles y despiadadas que, como poco, la califican de propuesta ‘frankensteinian’: hecha de pedazos y sin alma.

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