Pese a algunas decisiones controvertidas y ciertos errores evidentes, es innegable que George Lucas es un tipo muy inteligente. Al margen de dar forma a “Star Wars”, supo retener los derechos sobre el merchandising de la franquicia, dar un giro comercial hacia el público más infantil con “El retorno del Jedi”, crear una compañía de efectos especiales, y otra de efectos de sonido, que fueron punteras y innovadoras, regresar a la saga con las tres precuelas en el momento adecuado,… La lista de logros y aciertos de Lucas es muy larga.

image1Antes de que el despistado C-3PO y su inteligente compañero R2-D2 cayeran a las arenas de Tatooine y tuvieran aquel fatídico primer encuentro con Luke Skywalker, ¡estos dos androides conflictivos habían vivido algunas aventuras fascinantes! R2 y C-3PO, vendidos a un comerciante de basura y enviados al Sistema Kalarba, comienzan un viaje que los llevará de las fauces de una bestia devoradora de androides ¡a la vanguardia de una revolución! A pesar de estar envueltos en los tejemanejes de piratas, cazadores de recompensas y del notorio criminal espacial Olag Greck, hacen lo imposible por seguir juntos en una peligrosa galaxia ¡en la que puede suceder de todo!

Hace ya más de treinta y cinco años que la película “La Guerra de las Galaxias” (“Star Wars IV: A New Hope”) de un joven y visionario director norteamericano de Modesto, California, con sólo dos trabajos a sus espaldas (“THX 1138” y “American Graffitti”), consiguió crear a su alrededor un fenómeno de aficionados y seguidores nunca visto hasta entonces en la historia del cine, que no se limitó a las tres cintas estrenadas en las pantallas de todo el mundo desde 1977 hasta 1983 sino que creció y se expandió mucho más allá. 
El genio de George Lucas supo ver más allá, o la fortuna le permitió acertar en su arriesgada apuesta. “La Guerra de las Galaxias” era la semilla, pero el fruto de esa semilla era un inmenso y robusto árbol que tenía muchas ramas, sólidas y largas. La rama de una nueva forma de entender el cine como espectáculo de masas, llevado hasta un nivel tan elevado que sólo Steven Spielberg sería capaz de elevar más. La rama de una nueva manera de integrar los efectos visuales y los efectos de sonido en la pantalla, en la misma trama de la película, dando origen a las empresas Industrial Light & Magic y Lucasfilm Ltd. THX Sound System que tantos dividendos le darían a George Lucas. La rama de un lucrativo sistema de comercialización y la explotación de los productos asociados a la película, dando origen a la industria del merchandising (para disgusto de la productora 20th Century Fox, que le cedió todos los derechos de comercialización de productos de merchandising al director de la película). Y la rama sobre la que se sostiene trasladar la idea a otros formatos (libros, cómics,…) o a nuevos formatos incipientes en los que se detecta potencial (videojuegos, juegos de rol,…). Posiblemente, sin quitar importancia a ningún aspecto de los anteriores, pioneros en sus respectivos campos y faro de referencia para quienes llegaron detrás, la aportación con más rédito (comercial, creativo, artístico) de “Star Wars” fue el Universo Expandido.
George Lucas entendió enseguida que todos los productos generados alrededor de la trilogía original estaban limitados por lo que se contaba en ella, en los escasos cuatro años de sucesos que hay entre el asalto imperial a la corbeta coreliana rebelde Tantive IV de la Princesa Leia hasta la derrota ¿definitiva? del Imperio en las lunas de Endor, en el año 4 DBY (después de la Batalla de Yavin, según la cronología del Universo Expandido). Si quería hacer crecer su “Star Wars” debía expandir el arco cronológico de los acontecimientos, hacia atrás y hacia adelante. Lejano pasado y futuro. Ancestros y descendientes.

En concreto, los acontecimientos que rodearon la relación de la familia Skywalker con los androides R2-D2 y C-3PO, y como llegaron desde Anakin Skywalker de Tatooine hasta Padme Amidala de Naboo y desde Leia Organa de Alderaan hasta Luke Skywalker en Tatooine, no se limitaron a los hechos narrados en las seis películas canónicas, y en 1985 se estrenó una serie de animación de quince episodios en la cadena ABC, titulada “Star Wars: Droides”, situada en el 15 ABY, después de “Star Wars III: La venganza de los Sith” y “Star Wars IV: Una Nueva Esperanza”. Esta serie llevaba al droide astromecánico R2-D2 y el androide de protocolo C-3PO a lo largo y ancho de la galaxia, cambiando de amo y propietario a menudo, y les enfrentaba contra amenazas tales como gángsters, piratas, el mismísimo cazarrecompensas mandaloriano Boba Fett, el robot IG-88, soldados del Imperio Galáctico,… Todas estas historias sirvieron para ampliar un poco más la mitología de “Star Wars” en el Universo Expandido.
La serie de dibujos animados, creada por George Lucas a la vez que otra sobre los ‘adorables’ Ewoks, contaba con un guión de Richard Beban, Ben Burtt, Sharman DiVono, Joe Johnston, Gordon Kent, Michael Reaves, Peter Sauder, Ken Stephenson y Steven Wright, y estaba dirigida por Raymond Jafelice y Clive A. Smith, y concluyó en Noviembre del mismo año 1985 tras tres ciclos y tres amos diferentes: los cuatro episodios de Trígono Uno (“La Bruja Blanca”, “Escape Hacia el Terror”, “El Trígono Desencadenado”, “Una Carrera Hasta el Final”), los cuatro episodios de Mon Julpa (“El Príncipe Perdido”, “El Nuevo Rey”, “Los Piratas de Tarnoonga” y “La Venganza de Kybo Ren”) y los cinco episodios de Mungo Baobab (“Coby y los Cazadores de Estrellas”, “La Cola del Cometa Roon”, “Los Juegos de Roon”, “Cruzando el Mar de Roon” y “La Ciudadela Congelada”). También hubo un especial en el año 1986, formado por dos partes, titulado “El Gran Heep”. La serie se emitió en España a partir del mes de Noviembre de 1986.

Como hemos dicho al principio, George Lucas era muy inteligente, y tenía una gran amplitud de visión. Por eso, el lanzamiento de la serie de televisión vino acompañada por una batería de productos de merchandising, incluyendo una línea de juguetes de Kenner basada en la serie, una serie de libros infantiles, un videojuego para Amstrad titulado “Droids: Escape from Aaron” y, en 1986, un sello de Marvel Comics llamado Star Comics empezó a publicar “Star Wars: Droids” de John Romita de forma quincenal, aunque solamente durante ocho entregas y ubicando las aventuras entre los años 10ABY y 6ABY. No sería esta la última adaptación al cómic de las aventuras de los dos droides.
La edición de “Star Wars: R2-D2 y C-3PO” que ha publicado Planeta DeAgostini Comics en otoño del 2013 recoge los cómics del droide astromecánico R2-D2 y el androide de protocolo C-3PO creados para Dark Horse Comics a mediados de los años noventa, a raíz de una petición de Lucey Autrey Wilson de Lucasfilm a los editores Ryder Windham y Dan Thorsland para dar forma a nuevas aventuras en cómic, adecuadas para todos los públicos sin referencias explícitas al Imperio ni la Alianza Rebelde.
Son 430 páginas y cinco capítulos autoconclusivos que incluyen el “Especial Androides” (“Star Wars: Droids Special”) con dibujo de Bill Hughes y guión de Dan Thorsland, “Las aventuras de Kalarba” con dibujo de Bill Hughes e Ian Gibson y guión de Dan Thorsland y Ryder Windham, “Rebelión” con dibujo de Ian Gibson y guión de Ryder Windham, “Temporada de revuelta” con dibujo de Bill Hughes y guión de Jan Strnad (estas tres historias fueron editadas originalmente en los números 1 a 6 de “Star Wars: Droids” publicados entre abril y septiembre de 1994 y 1 a 8 de “Star Wars: Droids. Volumen two” publicados entre abril y diciembre de 1995), la historia “Artoo´s Day Out” que se publicó en el primer número de “Star Wars Magazine” en 1997, y “La ofensiva del protocolo” (The protocol offensive”) con dibujo Brian Daley de guión de Ryder Windham y Anthony Daniels. Sí, el actor Anthony Daniels que interpretó a C3PO en las seis películas de la saga, que aportó sus conocimientos a una historia basada en una idea de Brian Daley que, tras su fallecimiento en 1995, recogió Windham.

En “Star Wars: R2-D2 y C-3PO” el androide de protocolo diseñado por Anakin Skywalker para el servicio de los humanos y que domina seis millones de formas de comunicación y el droide astromecánico que se ganó el reconocimiento de la reina de Naboo cuando salvó el crucero real durante la evasión del bloqueo de la Federación de Comercio viven numerosas aventuras, empezando por su viaje hasta la estación Hosk, donde terminan en manos del pirata Olag Greck al que el androide cazarrecompensas IG-88B anda buscando (“Especial Androides”), pasando por el servicio a la familia Pitareeze del planeta alrededor del que orbita la Hosk y soportando las bromas del pequeño Nak, el enfrentamiento con el robot asesino C3PX y las correrías de los pequeños QE, UE y 2E (“Las aventuras de Kalarba”), por un viaje hasta Nar Shadda para capturar al escurridizo Olag Greck y enfrentarse a la tuerta Forno, el misterioso Movo Brattakin y su androide B-9D7 con C3PO ejerciendo un papel inusual de héroe (“Rebelión”), por el planeta del dictador Craw al rescate de un sonriente señor Zorneth (“Temporada de revuelta”), para terminar con un cambio de registro al servicio de Harthan de la hegemonia Tionita durante una importante reunión diplomática llena de engaños y traiciones, amenazas de guerra, máquinas ancestrales y asesinatos, y donde nada es lo que parece.

“Star Wars: R2-D2 y C-3PO” no es una joya, ni mucho menos, pero seria injusto considerarlo un producto indigno de la franquicia. Los relatos que se nos presentan en este volumen están en un principio orientados a un público joven, con historias muy sencillas y sin grandes complicaciones, con los toques humorísticos propios y habituales de los dos personajes protagonistas, con dibujos poco elaborados (salvo en el caso de “La ofensiva del protocolo” con el dibujo Brian Daley). 
Y simplemente eso, ser un cómic orientado a los seguidores más jóvenes de la saga, le otorga un punto de interés de partida y un elemento diferenciador y distintivo, pero ni el dibujo, ni las historias que nos cuenta, ni la relación nula con la cronología oficial de la franquicia, ni siquiera los secretos que esconde este título lo convierten en esencial sino que es, quizás, prescindible. Un título menor dentro de los cómics de la saga galáctica que publica en castellano la editorial Planeta DeAgostini, y solamente recomentable para los pequeños que dan sus primeros pasos en el mundo de “La Guerra de las Galaxias”, para aquellos padres que quieren convencer a sus hijos de todo lo que significó “Star Wars” para su generación y para quienes idolatran el Universo Expandido, ese lienzo en blanco que permite sacar a la imaginación a pasear y extender hasta el infinito una idea afortunada e ingeniosa de un director de cine que en 1977 dio en el blanco.

Star Wars: R2-D2 y C-3PO.
Autores: Varios
Edición original: “Star Wars: Droids” (Dark Horse Comics)
Colección: Cómics Star Wars
ISBN: 9788415480839
Formato: 15x23cm. Cartoné
Páginas: 432
Precio: 40,00 euros