Cuando yo tenía quince años, cada sábado por la tarde me reunía con un grupo de amigos para jugar a rol. A veces nos enfrentábamos a dragones, en ocasiones luchábamos contra hordas de orcos, y alguna vez debíamos investigar acontecimientos paranormales en Arkham, pero siempre eran tardes de risas, alegría, diversión, que nos permitían evadirnos de una realidad cotidiana más o menos amarga, la de la adolescencia, y refugiarnos en universos fantásticos maravillosos. ¿Qué fue de todos ellos, mis compañeros de los juegos de rol? No lo se, pero «Puntos de Experiencia» de Josep Busquet y Pere Mejan me sugiere como podría ser nuestro reencuentro. Un punto de nostalgia, un punto de agridulce.


image1En la vida, se juega sin dados y sin hoja de personaje.
Tras su divorcio, Alberto se encuentra lejos de sus hijas, solo y amargado, hasta que se reencuentra con los amigos de la juventud, su grupo de jugadores de rol. A través de esas partidas, Alberto vuelve a conocerse a sí mismo como la persona que siempre fue.

Cuando yo era un adolescente cargué, como muchos otros chicos de mi edad, con el triste cartel de ser diferente. Distinto a mis compañeros de clase porqué estudiaba mucho, sacaba buenas notas, no salía de fiesta, no bebía, y me reunía con otros «inadaptados» para jugar a rol y a juegos de tablero los fines de semana. Mientras las discotecas, las fiestas, los cigarrillos y el whisky llenaban la vida de mis compañeros más «molones», yo llenaba mi vacío con «Dungeons & Dragons», con «La Llamada de Cthulhu», con «Traveller», con «Warhammer» o con «Civilization». Eran mi refugio, mi vía de escape, las tres horas del sábado por la tarde que me permitían reír a carcajadas mientras lanzaba dados de veinte caras y cruzaba los dedos para que mi enano guerrero sobreviviera al ataque de un minotauro. Recuerdo esos años con nostalgia, una mezcla extraña entre la alegría de los sábados y la tristeza de la escuela, entre el compañerismo con mis amigos roleros del fin de semana y el desprecio de mis compañeros de clase. Entonces no existía la palabra «bullying», ni el vocablo «friki» para definir a los que eran distintos, el futuro era una nube informe que escondía lo transitorio del momento, y quienes jugábamos a rol éramos asesinos potenciales porqué los telediarios de entonces hacían demagógicas asociaciones de ideas entre ambos conceptos.
Tengo la sensación que Josep Busquet y Pere Mejan conocen algo de lo que yo viví cuando leo sus «Puntos de Experiencia». Desde el cariño y el conocimiento nos narran el reencuentro de viejos amigos alrededor de una mesa repleta de dados de todos los colores y formas imaginables y con un manual de «Dungeons & Dragons» entre sus manos, recogiendo los adolescentes inseguros de antaño para mostrarnos los adultos, también inseguros, de hoy. Un cómic que, tal y como presenta la misma editorial, trata sobre la amistad, la madurez, la nostalgia, de reencontrarse con viejos amigos después de mucho tiempo y descubrir que los mejores amigos no son los más listos, los más guapos, los mejores conversadores o los más triunfadores sino los que aceptan tus errores al mismo tiempo que tú aceptas los suyos. Los juegos de rol son una excusa para hablar de ello, pero el argumento ideal para que los personajes protagonistas de «Puntos de Experiencia» no sean los Flash Thompson de la escuela, sino los Peter Parker.

En «Puntos de Experiencia» el protagonista es Alberto, un treintañero recién divorciado, en el paro, que lucha por estar con sus dos hijas contra una ex-mujer de buena familia que cuenta con todas las cartas a su favor para hacerle la vida imposible. En plena mudanza, con la vida sin rumbo y cuesta abajo, un viejo manual de un juego de rol le empuja a un reencuentro con sus viejas amistades. Pero los años han pasado, los jóvenes se han hecho mayores, y sus vidas sencillas de entonces han quedado muy lejos. Y es que, ¿donde hay monstruos más terribles que en el mundo real? y ¿dónde hay héroes más valientes que en el día a día?

Nostalgia es la primera palabra que nos sale para describir «Puntos de Experiencia», pero quizás es un concepto demasiado simple para poder abarcar todas las capas que esconde la historia de Pere Mejan. Hay algo de nostalgia, cierto, pero tanto de la dulce como de la amarga. Hay algo de homenaje a esas tardes de sábado de nuestra adolescencia. Hay algo de celebración de la amistad, de esa amistad real que sobrevive al paso del tiempo, pero también a los defectos encontrados, a las discusiones, a las vidas diferentes, a las elecciones fallidas, a los puntos de vista antagónicos. Hay algo de redescubrimiento de los lazos perdidos. Hay algo de reclamación de la denostada figura del padre, tan maltratada por la sociedad y por la judicatura cuando se la compara y enfrenta con la maternidad. Hay algo de aprendizaje a partir de los golpes que da la vida, y que se refleja claramente en el dual significado del título del álbum. No, el concepto ‘Nostalgia’ queda corto cuando uno profundiza en las raíces de «Puntos de Experiencia».
«Puntos de Experiencia» esconde muchos guiños y mensajes en clave que, lamentablemente, quedan limitados a los jugadores habituales de rol. El bardo que muere en el primer encuentro, el mago de primer nivel que solamente dispone de hechizos inútiles, la rastrera lucha por los puntos de experiencia y por los botines de los enemigos abatidos, pero el cómic no cierra las puertas a lectores ajenos a este universo sectario. Los conceptos de los que habla son tan genéricos como los que uno puede encontrar en cualquier otro libro que hable de la amistad, el amor y los reencuentros, y no es necesario haber jugado al rol para para identificarse con los protagonistas y sus vivencias, tan normales y cotidianas. Eso convierte a «Puntos de Experiencia» en una experiencia agradecida, de lectura fácil, con un dibujo sencillo y sin pretensiones, en riguroso blanco y negro, subordinado a las necesidades de la historia de Busquet. Una historia que nos habla de los personajes que representamos ocultando a la auténtica persona que llevamos dentro.

Los catalanes Josep Busquet y Pere Mejan, alumnos de la prolífica Escuela de Comic Joso de Barcelona, llegan a «Puntos de Experiencia» tras un extenso y premiado camino profesional. Son una pareja que ya ha demostrado su talento con anterioridad, en géneros diferentes, y son uno de los dúos más valorados del cómic nacional tras «La Revolución de los Pinceles» (publicada por Dolmen Editorial, que obtuvo los galardones de Autor Revelación y Mejor Dibujo en el Salón del Cómic de Barcelona del año 2009), «Arquitectura para principiantes» o «Jirón Negro».

Puntos de Experiencia.
Dibujo: Pere Mejan (http://pamipipa.blogspot.com)
Guión: Josep Busquet (http://josepbusquet.blogspot.com.es)
Colección: Aventúrate
ISBN: 978-84-940278-1-9
Formato: 17x24cm. Cartoné. Blanco y negro.
Páginas: 96
Precio: 16,00 euros