Hace un par de meses le regalé a la novia «Perdona si te llamo amor» de Federico Moccia, un libro que arrasaba en ventas y que acabé por leerme tras ver con ella la película… Ahora me preocupa mucho el éxito alcanzado por el libro, y, de paso, me motiva a hablar de las adaptaciones de los libros a la gran pantalla.

Perdona si te llamo amor
Federico Moccia
PLANETA
15.0×23.0 cm 704 pags 
Lengua: CASTELLANO 
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788408076940 
Nº Edición:1ª 
Año de edición:2008
Plaza edición: BARCELONA 
Niki es una joven madura y responsable que cursa su último año de secundaria. Alessandro es un exitoso publicista de 37 años a quien acaba de dejar su novia de toda la vida. A pesar de los 20 años de diferencia que hay entre ambos y del abismo generacional que los separa, Niki y Alessandro se enamorarán locamente y vivirán una apasionada historia de amor en contra de todas las convenciones y prejuicios sociales.

Antes de nada quiero explicaros que no voy a atacar el libro sólo porque sí, sino porque me molesta ver cómo la gente se ha dejado engatusar por una historia, y un autor, que no parece tener muy claras las cosas. No pasa nada, es un error que ha cometido mucha gente, incluso en el blog de libros de cierto articulista de Vía News se le ha dado una maravillosa puntuación a un libro que me preocupa por su mensaje.

Dejando de lado que el libro nos narra la historia de amor entre una menor de edad, Niki, y un hombre que le saca 19 años, Alessandro, 17 y 36 años respectivamente, lo que me preocupa es que para justificar este amor se haga uso de una adolescente cuya madurez es, sencillamente, imposible, y la adolescencia del supuesto adulto, que la verdad es que no acierta a saber por dónde le vienen dadas en ningún momento del libro. Que esto no os engañe, estamos ante una historia de amor entre una menor y un adulto que “podría ser su padre”. Vale, es el juego del libro y puedo llegar a entrar en él, pero una vez que te pones a leer el libro te vas dando cuenta de que algo huele mal en el libro. Y no lo digo sólo porque a Moccia parece que le guste iniciar modas como la de los candados (por cierto, no es necesario que repitas tantas veces el título de tu mayor éxito, Tres metros sobre el cielo, ya sabemos que lo escribiste tú) o la del bum bum car (robas unos coches, les pones neumáticos en los laterales juegas a los autos de choque), que ya podría haber pensado en algo que no afee tanto los puentes… o haga que te roben el coche cuatro críos descerebrados (suerte que estos no suelen leer… ni saben).

Mi principal problema con el libro tampoco viene por el hecho de que la pareja sea total y absolutamente pastelosa (al principio te sientes bien leyendo el libro, es “bonito”, pero a mitad del libro empiezan a darte dentera de la buena) o porque los supuestos amigos de Alessandro sean unos capullos integrales, el propio Alessandro lo es (me encanta ver lo «buenos amigos» que son, no se cuenta la verdad ni que los mates). No, mi principal problema está en que Moccia nos cuela a un maltratador en el libro, un chaval que le pega una paliza a su novia y… bueno, no es el haber hecho algo tan despreciable lo que le lleva a enderezar el rumbo en su vida. No penséis mal, no escarmienta con eso, lo disfruta, es otro acontecimiento el que hace que enderece su vida. Y, además, no contento con que el maltratador no reciba castigo alguno Moccia lo “premia” encontrando el amor en una de las Olas (las amigas de Niki). Me parece muy peligroso que este libro, con ese mensaje, sea leído por tanta gente y adoctrine a tanta gente. Yo no pude evitar sentirme muy incómodo con esa historia, y agotado de tanta ñoñería con la historia principal, y espero no ser el único, aunque parece que sí.

En el lado positivo está el hecho de que me enojase tanto, me involucrase tanto con la historia como para odiar el destino del maltratador, y para hartarme tanto con la historia de amor… algo es algo.

Lo cual me lleva a hablar de la película, cuya historia está mucho más simplificada que el libro y que está correctamente dirigida por el propio Moccia en lo que viene a demostrar cómo prácticamente jamás se debe permitir que un escritor dirija su propia película (sí, incluido Frank Miller). La película recorta aquí y allí, nos birla historias (por suerte no aparece la del maltratador) y aunque en general la película resulta bonita y correcta también se nota que Moccia está muy limitado en la dirección, y eso a pesar de que cuenta con un amplío plantel de autores, pero nada, acaba por ofrecernos una serie de maneras propias del cine italiano (las comedias románticas italianas siempre cuentan con unos actores que sobreactúan en determinadas escenas, al igual que en el cine francés… o español, ya se sabe, «exigencias del guión» o del género, o del director) y poco más.

Queda la impresión de que se podría haber sacado mucho más partido a un libro que, tras una buena poda de ñoñería en exceso, podría haber dado para mucho más.