Reseñamos la última obra publicada por Ediciones Minotauro del escritor norteamericano Kim Stanley Robinson titulada “El sueño de Galileo“, una mezcla de buena novela histórica con una prescindible ciencia-ficción pulp, tan ingeniosa como ingenua.

image1En 1609, en la Venecia del Renacimiento un extraño personaje aborda a Galileo y le habla de la existencia de un aparato para ver más de cerca las cosas lejanas. A partir de esa información, Galileo redescubre y mejora el telescopio, iniciando así sus observaciones astronómicas que le llevarían a la confirmación de la “Hipótesis” Copernicana y le conducirían al juicio por herejía.
Algún tiempo después el extranjero vuelve a aparecer en la vida de Galileo, esta vez para conducirlo a Europa, la segunda luna de Júpiter, en un futuro lejano donde se requiere su presencia para mediar entre varias facciones.
Durante el transcurso de diversos viajes a través del tiempo y el espacio, Galileo obtiene valiosos atisbos del futuro de la ciencia mientras lucha contra la ignorancia y la superstición de su propio tiempo y descubre las intenciones reales de la gente del futuro.

“El sueño de Galileo” (“Galileo’s Dream”) es una buena novela histórica acerca de la vida del científico italiano del siglo XVII Galileo Galilei (Pisa, 1564 – Florencia, 1642), salpicada con (¿innecesarios?) viajes al género de la ciencia-ficción que, a medida que avanza el libro, se hacen más abundantes y le quitan espacio y protagonismo a la narración novelada de un hecho histórico trascendental, que marcó el fin de la Oscuridad y el inicio de la Luz: el enfrentamiento entre la religión y la ciencia. La bélica historia de los antagonistas fe y ciencia hace años que ya está finalizada, con la abrumadora derrota de las tesis de la Iglesia (de hecho, de las distintas “iglesias” de las diferentes religiones que siguen apoyando dogmas contrarios a los que la ciencia ha demostrado). Aunque el combate se ha cerrado con el KO de uno de los contendientes no debemos olvidar que en el pasado la lucha fue encarnizada y que durante los siglos XVI, XVII y XVIII se libraron batallas decisivas entre la razón y la ignorancia, entre lo que decían las Sagradas Escrituras y los hechos que iban desvelando los primeros científicos e investigadores con sus concienzudos trabajos. Era un tiempo convulso, de renacimiento artístico pero también de nuevos pensamientos, de guerras entre países, entre reinos y entre visiones opuestas de la realidad terrenal y celestial: entre la Reforma luterana y la Contrarreforma de la Iglesia. Y Galileo Galilei se encontró en el ojo del huracán, en el peor momento y en el peor lugar, mártir y cabeza de turco de un conflicto que giró sus tornas en esa época. ¿La ciencia necesitaba mártires para vencer su guerra contra la religión? Sin duda necesitaba héroes. El tiempo le dio la razón: Trescientos setenta y seis años después de su condena y la prohibición de sus libros, en el año 2009, el Vaticano reconoció su error e hizo pública la aceptación del legado del científico dentro de la doctrina católica. “Eppur si muove” (y sin embargo se mueve).

En “El sueño de Galileo” el escritor norteamericano Kim Stanley Robinson (Waukegan, Illinois, EEUU, 1952) nos presenta dos historias que se entrecruzan a lo largo de la narración, dos hilos argumentales independientes que bien podrían haber llegado a buen puerto sin encontrarse, cada uno en un libro diferente. El primero, los acontecimientos que se suceden en la vida del científico Galileo Galilei, dentro de la Italia del Barroco y la Contrarreforma desde 1609, fecha de la invención del telescopio, hasta 1633, con el proceso, la condena y la abjuración del científico nacido en Pisa y su muerte en 1642. Por el camino, el descubrimiento de Galileo de cuerpos celestres desconocidos hasta entonces y la formulación de teorías innovadoras sobre la formalización del universo, siguiendo la estela marcada por Copernico y Kepler. El segundo, en el lejano año 3020 cuando la humanidad ha colonizado las lunas de Júpiter y debe afrontar los sorprendentes descubrimientos que han encontrado en los océanos bajo los hielos de Europa con la ayuda del “primer científico”.
El primero de los dos hilos es, sin duda, el más interesante pues pocas obras se han aventurado a novelar los hechos aquí narrados. La mayoría, libros divulgativos y de historia, objetivos y ceñidos a los hechos exactos y documentados. Las excepciones editadas en castellano se limitan a, por ejemplo, “La máquina solar” de Miguel Betanzos por Edhasa, “La Bóveda Celeste” de Carmen Resino (acerca de Livia Galileo, hija olvidada del astrónomo) y, en otros géneros, la obra de teatro “Galileo” de Bertolt Brecht, una ópera de Philip Glass o una película “Galileo” de Liliana Cavani. Un desierto para un personaje, un momento y un hecho que es una celebración del espíritu humano y un lógico debate de las certezas convenientes de nuestra propia época. Kim Stanley Robinson no se deja en el tintero ningún episodio, y en las quinientas treinta páginas desmenuza los hechos paso a paso con abundante documentación de apoyo: el desarrollo del telescopio a partir de los rumores que le llegan sobre un invento holandés, las observaciones de la Luna y sus fases, el estudio de las manchas solares, los primeros indicios de los anillos de Saturno, el descubrimiento de las lunas de Júpiter (inicialmente cuatro, hoy llamados satélites galileanos -Calixto, Europa, Ganimedes e Io-), la publicación de “Sidereus Nuncius” (“El mensajero de las estrellas”) con sus primeros descubrimientos, sus polémicas teorías del modelo del Sistema Solar que confirman el sistema copernicano y la hipótesis heliocéntrica, los viajes a la capital pontifical en Roma para presentar sus teorías (hoy en día hechos confirmados) ante los poderes de la Iglesia,… Y después, su caída en desgracia: los ataques de los partidarios de la teoría geocéntrica que se remiten a Aristóteles y Ptolomeo para justificar sus ideas, las primeras investigaciones de la Inquisición promovidas por el cardenal Belarmino (aquel que hizo quemar a Giordano Bruno), el juicio ante el Santo Oficio de 1616 y la consecuente censura de las teorías copernicanas, las enfermedades que atormentan el cuerpo del viejo Galileo, la publicación de su polémico “Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo” (“Diálogo sobre los principales sistemas del mundo”) que desencadenará el proceso de la Inquisición alentado por los jesuitas y su injusta condena, donde se le condena a prisión perpetua, y se le conmina a abjurar de sus ideas. Y desde aquí hasta su muerte, un 8 de Enero de 1642 en Aricetri, cerca del mar.
Y del segundo hilo merece la pena comentar la sugerente idea de la teoría de Gaia trasladada a Júpiter y sus satélites o la nada innovadora propuesta de modificar el futuro a costa de intervenir en el pasado, viajes en el tiempo y en el espacio, aunque aquí la presencia de Galileo es un mero catalizador perfectamente prescindible. Y es cuestionable que, de entre todos los científicos de la historia, los humanos de un futuro lejano depositen sus esperanzas en un astrónomo del Barroco en lugar de un Isaac Newton, un Albert Einstein o un Stephen Hawking. Sus conocimientos son limitados, ninguno de sus interlocutores lo considera el árbitro adecuado, sus creencias religiosas que fundamentan muchos de sus juicios están superadas y se consideran supercherías de ingenuos. Cierto es que Galileo Galilei fue el primero que cuestionó y resquebrajó los principios sobre los que hasta ese momento habían sustentado el conocimiento e introdujo las bases del método científico que a partir de entonces se fue consolidando. “El primer científico de la Historia” lo denomina Stanley Robinson en su obra,… pero ni mucho menos el más grande. En esta historia de ciencia-ficción el autor nos narra como, en las lunas colonizadas de Júpiter, la facción de los europeanos quieren explorar las profundidades de los océanos cubiertos de hielo de Europa, mientras unos ganimedieanos se oponen a ello aludiendo ciertas amenazas no definidas que podrían causar una gran catástrofe. Entre unos y otros Galileo debe tomar partido y decidir que debe hacerse con la forma biológica, benigna o una amenaza, que reside bajo los hielos. ¿Cómo debería reaccionar la Humanidad ante un posible contacto con otras inteligencias?

Si ignoramos las pinceladas de ciencia-ficción que acompañan el relato principal, “El Sueño de Galileo” es sobretodo una novelización de la vida de Galileo Galilei. Así, los personajes de la novela son, en su mayoría, acompañantes y comparsas para dar forma al protagonista principal de la novela. Obispos, poderosos prelados, nobles, príncipes, religiosos intrigadores e instigadores, científicos y charlatanes, inquisidores sedientos de pecadores a quienes castigar, familiares despechados y sirvientes, algunos fieles y otros interesados. Personajes de todo tipo, desde los escalones más altos de la pirámide social y religiosa hasta los más bajos y humildes se ven envueltos en “El sueño de Galileo” y acompañan al científico en su caída.
Para nuestra sorpresa, el autor nos pinta a un Galileo Galilei con muchos más defectos que virtudes. Orgulloso, lleno de contradicciones, egoísta, irascible, colérico, mujeriego, engreído, vanidoso, impulsivo y maleducado. Incluso torpe, ingenuo y despistado. Imperfecto. Kim Stanley Robinson no ahorra ningún calificativo negativo a un personaje, el protagonista de su novela, que por trascendencia histórica debería ser algo digno de elogio. De hecho sorprende el poco aprecio que le manifiesta el autor a su protagonista, al que casi responsabiliza con su actitud de la tormenta que desató a su alrededor.

“El Sueño de Galileo” no es la mejor novela de Kim Stanley Robinson, sin la menor duda. Escritor de prestigio, ha labrado su carrera en el género de la ciencia-ficción, a menudo con referencias a la ecología y la sociología, y es reconocido sobretodo por la trilogía de Marte (“Marte Rojo”, “Marte Azul”, “Marte Verde”), galardonada con los premios Nebula y Hugo (en concreto, dos Hugo, dos Locus, un Nebula, un British SF, dos Ignotus y un Seiun). Ha escrito obras como “Antártida”, “The Blind Geometer”, “The Wilde Shore”, “Pacific Edge”, “The Gold Coast” o “Tiempos de arroz y sal”, que le han valido otras distinciones, entre ellas, los premios Asimov, nuestro Ignotus (a la mejor novela extranjera por “Marte Rojo”), el John W. Campbwell, Locus y World Fantasy Award. Aquí se queda lejos de su cima, pero sigue demostrando su capacidad indiscutible y no puede más que aplaudir el gran rigor histórico al recrear la vida de Galileo y la admirable recreación de la sociedad italiana del siglo XVII de este “El Sueño de Galileo”. Siendo sinceros, con este material el escritor hubiera tenido más que suficiente para obtener una magnífica novela de corte histórico, ahorrando las incursiones de ciencia-ficción pulp e ingenua (en el buen sentido de la palabra) propia de los años 50 y 60, de Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. En ambos relatos Stanley Robinson a menudo cae en la confusión, en la falta de ritmo y de agilidad en las descripciones. La acción se ralentiza y carece de tensión. Por el contrario, esta sobriamente documentada y llega a abusar del detalle cuando se sumerge en las explicaciones científicas que superan, con mucho, los conocimientos del lector medio.

El sueño de Galileo.
Autor: Kim Stanley Robinson
Título original: Galileo’s Dream
Editorial: Minotauro
Colección: Biblioteca Kim Stanley Robinson
Fecha Publicación: Junio del 2010
ISBN: 978-84-450-7780-1
Páginas: 534
Cubierta: Rústica con solapas
Precio: 22,50 euros