Vivir en el siglo XVII no era, sin la menor duda, algo sencillo. Uno podía despertar una mañana cualquiera encerrado en la bodega de un bajel pirata, ser vendido como esclavo en las ardientes costas de África para servir como carne fresca en los burdeles moriscos, terminar encadenado a los remos de las galeras al servicio del rey de Francia donde la esperanza de vida se reducía a un par de años o acabar limpiando las letrinas de un déspota emperador al sur del Nilo que asesinaba a sus siervos por capricho. Y eso si uno no enfermaba de sífilis, o fallecía a causa de una de las múltiples epidemias de gripe o peste. En “Corsario” de Tim Severin su protagonista, Héctor Lynch, es una cáscara de nuez flotando a la deriva en el tormentoso mundo del siglo XVII.

image1Secuestrado de un pueblecito irlandés por corsarios berberiscos, Hector Lynch, de diecisiete años, es vendido en una subasta en Argel. De pronto se encuentra en un mundo desconcertante, donde la vida no vale nada y sólo los más astutos salvan el pellejo. Gracias a su amigo y compañero de cautiverio, Dan, un indio misquito del Caribe, Hector aprende los trucos para sobrevivir en la ciudad de Bagnio y vislumbra una vía de escape al saber que los esclavos extranjeros convertidos al Islam tienen la posibilidad de obtener su libertad. Y es que Hector necesitar salir de Argel imperiosamente: su hermana Elisabeth, que también fue secuestrada por los corsarios, puede estar corriendo un grave peligro…

“Corsario” de Tim Severin es una obra que podría enmarcarse tanto dentro del género de la novela histórica como en el género de la novela de aventuras, pues se puede apreciar cierta influencia de la obra de Patrick O’Brian (de la serie protagonizada por el capitán Jack Aubrey y el doctor Stephen Maturín) pero también de los libros de Jules Verne o Emilio Salgari. Y es que “Corsario” combina equilibradamente la recreación histórica con los viajes extraordinarios, las aventuras y las rutas de descubrimiento, y tanto nos dibuja un lienzo muy real de la vida del siglo XVII en Europa, en el norte de África y en el Mediterráneo como, a la vez, nos relata las aventuras y desventuras de un joven irlandés que pasa de mano en mano, de propietario en propietario, como moneda de cambio, como prisionero de guerra o como botín de una incursión pirata. Son dos aspectos diferentes que se mezclan con precisión de relojero en “Corsario”, tanto que cuesta descubrir donde termina uno y donde empieza otro, para narrar la historia que su autor quiere contar.
Tim Severin, por un lado, recorre a la novela histórica para situarnos en un momento concreto y en un lugar determinado: a mediados del siglo XVII en el extremo occidental del mar Mediterráneo. La recreación de la mezcolanza de lenguas, lugares, gentes, religiones, culturas, barcos y mercancías es muy precisa. Los cristianos y los musulmanes enfrentados en su guerra eterna, la piratería en el mediterráneo, el oscuro negocio del tráfico de esclavos, la vida en el mar de unos y otros, el funcionamiento de los navíos, los detalles de la esclavitud en manos de franceses y berberiscos, los entresijos de sus actividades comerciales, la precisión con la que describe los distintos entornos por los que desfilaran los protagonistas, es precisa, realista y creíble.
Además aprovecha el conocimiento del contexto, el telón de fondo, para convertir su “Corsario” en una novela de aventuras con todos los ingredientes para agradar a aquellos que busquen las clásicas historias de piratas, de saqueos y de rapiña, de combates navales y de huidas a toda vela, de esclavos y prisioneros, de naufragios y tormentas desatadas, de velas hinchadas por el viento y de la espuma del mar salpicando la camisa desabrochada del timonel. No es ingenua como “La isla del tesoro”, por su puesto, y carece de la épica de “Robinson Crusoe” o de “Los hijos del capitán Grant” o de la trascendencia de “El conde de Montecristo”, pero “Corsario” es un entretenimiento de lectura rápida sin muchas más pretensiones que distraer al lector. Y consigue su objetivo.

En “Corsario”, el protagonista es un joven irlandés de madre española, Héctor Lynch, que en menos de cuatrocientas páginas pasará de dormir en su apacible cama en una aldea en la costa de Irlanda a capitanear un bajel en el delta del Nilo en dirección a América, tras haber pasado por la esclavitud en el norte de África manipulando pólvora y transcribiendo mapas, o en una galera francesa al servicio de un fanático cristiano de la Soberana Militar Orden de Malta, además de cruzar ardientes desiertos a lomos de un camello, sobrevivir a los lúgubres calabozos del puerto de Marsella, o esperar con paciencia que el viento agite las velas en medio de un inmenso mar azul en calma, un desierto de agua salada. Un exceso de escenarios, que se presentan de forma breve con muchas pinceladas rápidas pero con poca profundidad.
Junto a él, un crisol de personajes secundarios que irán entrando y saliendo de la narración a medida que el destino zigzagueante del protagonista le arrastre por las olas del terrible mar Mediterráneo del siglo XVII a norte y sur, incluyendo a un indio misquito del Caribe que fue hecho prisionero cuando se dirigía a Inglaterra como embajador de su pueblo, un búlgaro desfigurado a causa de las torturas que le infligieron los cristianos, un embajador inglés en África, un emperador despótico con cientos de mujeres e hijos, un bondadoso pirata morisco aficionado a la cartografía, un caballero francés obsesionado por la fe, un delincuente francés con muchos recursos, un prestamista judío, unos bandidos tuareg,… Como en el caso de los escenarios, un exceso que no le permite profundizar y de
Héctor Lynch es bondadoso y espabilado, listo y cultivado, un esclavo que ha de estar al servicio de sus caprichosos y volubles amos, y demostrar su capacidad constantemente, pero el autor es implacable con él. Parece que disfrute haciéndolo sufrir y empujándolo de las brasas a las llamas y viceversa. Lo arrastra de aquí a allí sin la menor piedad, mientras busca desolado alguna pista sobre el destino de su hermana y lucha por sobrevivir en un mundo hostil. El destino le zarandea desde la primera página y ya no le permite recuperar el aliento hasta el final. Ni a Héctor ni al lector.

Nacido en una India aún bajo el dominio británico, en Assam, Timothy Severin tiene una vida casi tan apasionante como los protagonistas de sus novelas. Educado en prestigiosas escuelas inglesas de Oxford, cuando todavía era estudiante se embarcó en una expedición que siguió el camino de Marco Polo hasta la corte del Kublai Khan y la Ruta de la Seda con Stanley Johnson y Michael de Larrabeiti, y posteriormente se unió a otras expediciones que siguieron y recrearon viajes antiguos y legendarios de figuras relevantes de la historia, usando los mismos medios de transporte de cuando se hicieron originalmente, como los viajes de Simbad (The Sindbad Voyage, entre 1980-1981), del Mississippi (Explorers of the Mississippi en 1967), de Jason y los Argonautas (The Jason Voyage en 1984), de Ulises (The Ulysses Voyage en 1985) o los viajes vikingos a América anteriores al año 1492, entre muchos otros. La mayoría de sus libros (“Vikingo. El hombre del rey”, “Vikingo. El hijo de Odín”, “Bucanero”, “Vikingo. Hermano de sangre”,…) están basados en estos viajes, que le han llevado a recorrer el mundo entero, a navegar por los siete mares y a vivir numerosas aventuras, y que le han otorgado numerosos premios como el premio Thomas Cook de literatura de viajes, el premio Christopher, la medalla literaria de la Academia de la Marina Francesa, la Livingstone Medal de la Royal Scottish Geographical Society, la Gold Medal del Maritime Institute of Ireland o la Medalla de Oro de la Royal Geographical Society.
En el año 2005 empezó a escribir novelas de ficción, en lugar de las narraciones documentadas de sus expediciones, con la trilogía “Vikingo” protagonizada por el aventurero escandinavo Thorgils Leifsson, y en 2007 comenzó a publicar su siguiente serie, ésta “Las aventuras de Hector Lynch” que se inicia con “Corsario” y que continuará en “Bucanero”.

En conclusión, “Corsario” es un libro divertido de lectura ágil y fácil, que engancha al lector con su ritmo endiablado y con las mil y una aventuras a las que el autor arrastra a su protagonista, pero que se resiente al intentar tocar demasiadas teclas a la vez. Demasiados lugares, demasiados personajes, demasiadas escenas, demasiados momentos de acción, demasiadas huidas,… Demasiado. El lector termina sudando, suplicando un instante de silencio, un momento de paz para recuperar el aliento y reprender la carrera.

Corsario.
Autor: Tim Severin (www.timseverin.net)
Titulo original: Corsair
Traducción: Juan José Llanos Collado
Editorial: La Factoría de Ideas
Fecha de publicación: Febrero de 2009 
Formato: 23x15cm. Rústica con solapas 
Páginas: 352
Precio: 19,95 euros

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