A diferencia de Hergé, Jacques Martin no se llevó su obra a la tumba. Fallecido el 21 de Enero del año 2010, a los 88 años de edad, los personajes más célebres del autor francés, con el joven galo-romano Alix al frente, le sobrevivieron y a día de hoy siguen viviendo emocionantes aventuras que nos seducen casi como antaño, aunque con otros artistas, miméticos al maestro Martin, en el guión y el dibujo.

 

image1Fascinado por el Oriente, César confía una misión secreta a Alix: encontrar y traer el reputado anillo mágico del conquistador más grande que la Historia ha conocido, Alejandro Magno. César ve a la vez una protección divina y un instrumento para sus designios: cualquiera que lleve el anillo podrá reivindicar legítimamente la unión política de Oriente y Occidente. 
Para encontrar el anillo, Alix sólo dispone de una pista: unas misteriosas piezas de oro acuñadas con la efigie de Alejandro. Enfrentándose a mil peligros, no sabe que su aventura le llevará hasta Bactria, última conquista de Alejandro Magno.

Si quieres que algo se haga, hazlo tu mismo. En esta máxima debieron pensar en la página web Alix el Intrépido, centro de información, noticias y punto de encuentro de los aficionados a los cómics de Jacques Martin, cuando se lamentaban que nadie daba un paso adelante para reeditar el maravilloso trabajo del autor francés, empezando por Alix, inédito en castellano desde las antiguas ediciones de los años ochenta de Norma Editorial. Una colección que quedó incomprensiblemente olvidada en el mercado editorial de nuestro país. Gracias a la concurrencia de los aficionados a este sitio de internet, se gestó el grupo de traducciones que hizo posible que en el año 2009 el nacimiento de la editorial Netcom2 Ediciones y de las nuevas ediciones de Alix, con nuevas traducciones, mucho más completas y ajustadas al texto original, que nos permiten volver a disfrutar de las míticas aventuras del joven héroe galo, convertido en ciudadano romano, que recorre el mundo de la antigua Roma en compañía de su fiel amigo egipcio Enak, recreando los escenarios históricos del primer siglo antes de Cristo con una precisión y un rigor únicos. Y desde entonces ya tenemos treinta y dos álbumes editados, algunos de Jacques Martin, otros de Jacques Martin con colaboradores y cuatro sin la participación de su creador, uno de los grandes autores de la escuela de Bruselas, juntamente con Hergé, E. P. Jacobs y Bob de Moor, fallecido en el año 2010.
Y es que, como comentábamos a la entrada, la obra de Jacques Martin no murió con el dibujante de Estrasburgo sino que le sobrevivió. De hecho, en el acuerdo firmado entre el comité Martin que custodia y gestiona su patrimonio y la editorial Casterman, vigente hasta el próximo año 2015, se estableció que la editorial publicaría un álbum de Alix cada año y desde entonces cuatro álbumes han visto la luz: «El Testamento de César» de Marco Venanzi, «La Conjura de Baal» de Christophe Simon y Michel Lafon, «La Sombra de Serapis» Marco Venanzi y François Corteggiani, y la «La Última Conquista» de Marc Jailloux y Géraldine Ranouil. Todas ellas editadas en francés por Casterman y en castellano por la editorial catalana Netcom2 Ediciones, en el formato habitual de 22x31cm., en cartoné tapa dura y con ISBN español, con precios finales que oscilan entre 14 y 16 euros.

La última aventura de Alix publicada en castellano es éste «Alix. La última conquista» («La dernière conquête»), guionizada por Géraldine Ranouil, dibujada por Marc Jailloux y coloreada por Corinne Billon (el mismo equipo creativo que realizó la cuarta entrega de «Orión: Los Oráculos»), que conduce al joven rubio de túnica roja y su fiel amigo egipcio hasta los confines del Imperio Romano, en el actual Afganistán, tras los pasos de un anillo de Alejandro III de Macedonia.
Uno de los secretos más fascinantes de la Antigüedad, que sigue seduciendo a los arqueólogos y a los buscadores de tesoros, y una de las asignaturas pendientes de los buscadores de mitos es la ubicación de la tumba donde descansan los restos de uno de los más grandes militares de la historia, gran estadista y conquistador del Imperio Persa, de Anatolia, Siria, Fenicia, Judea, Gaza, Egipto y Mesopotamia, y que llegó con sus ejércitos hasta los confines del mundo occidental, a las orillas del río Indo. Alejandro Magno de Macedonia, que falleció en Babilonia a los 32 años de edad pero que nunca se supo donde enterraron sus restos para el descanso eterno. Pero, en arqueología, lo que se sabe son lagunas en medio de océanos de ignorancia.
Un inmenso imperio conquistado a sangre y fuego, y reforzado por los lazos del matrimonio con las hijas de los reyes de las tierras conquistadas. A su muerte, en Junio del año 323 a.C., quedaron inacabados sus planes de conquista de Arabia, la península Itálica y la península Ibérica. Y, ¿que sucedió con sus restos? ¿dónde fue a parar el cuerpo de Alejandro Magno tras su muerte? ¿dónde está el sarcófago que se decía que lo contenía en el trayecto desde Babilonia hasta Alejandría? ¿y la tumba del rey donde descansan sus huesos?
Hay quien afirma que la tumba de Alejandro se encontraba en el oasis de Siwa, donde el oráculo le confirmó a Alejandro Magno que era un ser divino y el legítimo faraón de Egipto. Otros plantean que Ptolomeo dejó su cuerpo en una tumba de Menfis e incluso hay quien asegura que el cuerpo de Alejandro fue llevado a Venecia y que se encuentra en la basílica de San Marcos, pero los textos históricos más fidedignos indicaban que la tumba y de los restos de Alejandro Magno viajaron hasta la ciudad de Alejandría, en las costas egipcias del Mediterráneo. Los mismos textos cuentan que, venerada con fervor popular durante siete siglos, la tumba desapareció misteriosamente en el siglo IV. Siglos después, cuando la ciudad fue dominada por los musulmanes y durante un par de siglos, la tradición popular situó la sepultura en diversos lugares de Alejandría, pero ninguno confirmado y definitivo. El mito ya estaba establecido, y el paradero de los restos del gran guerrero se convirtió en objeto de la búsqueda entusiasta de arqueólogos, estudiosos,… y también aventureros, aficionados, visionarios, fanáticos, saqueadores de tumbas y buscadores de tesoros.

Según el guión de Géraldine Ranouil el cuerpo de Alejandro Magno fue abandonado a su muerte en Babilonia, entre el caos y la precipitación ni siquiera se le rindieron los honores divinos que él había exigido. Según Ranouil, fueron sus fieles quienes se llevaron el cuerpo con discreción hasta Kaythyan, en los confines orientales de su Imperio, donde velaron el cuerpo durante centenares de años… hasta la llegada a Alix.
El objetivo del joven rubio de túnica roja es encontrar un anillo con la esfigie de un león de Alejandro Magno para Júlio César. Es un sello que le habría sido entregado en Siwa por el oráculo de Amón, el que predijo que el general macedonio sería el amo del mundo.Guiado por el misterioso Asham, y escoltado por el severo Lucterius, Alix y sus compañeros viajarán más allá de Susa, al sur del actual Irán, pasando por el puerto de Brindisium y Byblos, la actual Gubayl en el Líbano. Una vez en su destino, en Bactria, se verán envueltos en un enfrentamiento entre caudillos por la corona de un pueblo desaparecido en las entrañas de la tierra, que esconde un valioso tesoro.
El guión de Ranouil es errático, y lo que empieza como un emocionante relato de viajes deriva en una extraña contienda en los confines del Imperio Romano por una corona olvidada, con poco interés y mal explicada. Y aunque, además, pueda presentar algunas lagunas, incluso inexactitudes o contradicciones con los hechos históricos que establecen la mayoría de los eruditos y historiadores, Ranouil también nos permite vivir la Historia, en mayúsculas, y ser testigos de momentos históricos como cuando Julio César rompió la ley que prohibía a cualquier general romano cruzar el río Rubicón al frente de un ejército, en su marcha hacia Roma para enfrentarse al Senado y a Pompeyo, Cónsul de Roma. El río Rubicón era considerado como un límite entre la provincia romana de la Galia Cisalpina y el resto de Italia, al sur, y la ley se había promulgado para proteger a la república de una amenaza militar interna. Y aunque el cómic lo omite, cuando Julio César decidió cruzar el Rubicón acompañó el acto con unas palabras que han quedado grabadas en la memoria de la Humanidad: Alea iacta est.

En conclusión «Alix. La última conquista» es un placer para los aficionados al cómic histórico, a los nostálgicos de la línea clara, a los soñadores que evocan la época clásica y a los fieles seguidores de la obra de Jacques Martin, puesto que el dibujo de Jailloux demuestra que el autor de Burdeos es un fiel discípulo de la Escuela de Jacques Martin y propietario de una soberbia calidad gráfica, como ya nos demostró en la serie «Orión». Alumno aventajado, Jailloux ha interiorizado el estilo de dibujo de Martin, se inspira en sus códigos, modernizándolos un poco, cogiendo un poco de aquí y un poco de allí (los conocedores de la obra de Martin podrán reconocer varios «homenajes»), y es capaz de idealizar la antiguedad, iluminando el mundo antiguo como lo hacía Martin. 
En «Alix. La última conquista», pese a que la historia pueda parecer algo desordenada y que avanza a trompicones, pese a las pequeñas incongruencias de los hechos históricos narrados, nos encontraremos un Alix muy cercano a la esencia de la mejor época de Jacques Martin, y casi digno de comparación con cualquiera de los veintiocho álbumes que creó Jacques Martin en solitario. Un placer para los sentidos.

La Última Conquista.
Autores: Marc Jailloux y Géraldine Ranouil
Serie: Alix num.32
Título original: «La dernière conquête»
Editorial: Netcom2
Traducción: César Espona
ISBN: 978-84-15773-11-5
Formato: 22,6×30,5×0,8cm. Cartoné. 
Páginas: 48
Precio: 15,50 euros

 

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