Con el sello del sexagésimo aniversario en portada aparece un nuevo libro de “Magos del Humor: Mortadelo y Filemón“, el número 192, con un título de lo más sugerente: “Por el Olimpo ese“. A los ochentaypocos años, Francisco Ibáñez sigue erre que erre haciéndosela pasar canutas a sus entrañables personajes.

Mortadelo y Filemón – Por el Olimpo ese. Magos del humor 192
Autor: Francisco Ibáñez
Formato: Libro cartoné, 48 págs., color.
Precio: 13,9 €

El profesor Bacterio ha creado un campo magnético que transforma a quién se sitúe en su radio de acción en seres mitológicos, como tritones, faunos, centauros o sirenas. El Súper pide a Mortadelo y Filemón que le ayuden mientras le duren los efectos, porque se ha transformado en centauro. Ofelia se convertirá en sirena, el contable de la T.I.A. en Minotauro, toda una epidemia. Confiemos en que el profesor Bacterio encuentre el antídoto.

Ya empiezan a cubrirse los huecos vacíos de esta colección con la inclusión bajo este título de historietas clásicas como “Los secuestradores” u “Objetivo: eliminar al Rana”, que no habían aparecido antes en tapa dura. Pienso que es una buena iniciativa, al ser historietas de gran calidad que merecían su publicación en este formato.

“Por el Olimpo ese” es la última novedad de los agentes de la TIA, y aunque su título nos traiga a la cabeza la aventura de Superlópez “La caja de Pandora”, me temo que la trama de la que tira Ibáñez es bastante simple y poco novedosa. Pocas veces Mortadelo y Filemón se habían embarcado en una aventura de tintes fantásticos.” Los invasores”, “¡Pesadillaaa…!”, “El Bacilón”, aunque ahora que pienso cualquier invento de Bacterio se puede encuadrar en este corte. Y es que “Por el Olimpo ese” es una nueva incursión en los efectos desastrosos que provocan los inventos del profesor Bacterio.

Según cuenta el “Súper”, Bacterio consiguió y manipuló unos pedruscos prehistóricos del Monte Olimpo que no es otro que la Residencia de los dioses. Como consecuencia, crea un campo magneto-electrolítico que transforma al personal de la TIA en criaturas fantásticas: Cíclopes, tritones, faunos. Aquí Ibáñez se ha sacado de la manga una serie de seres que poco o nada tienen que ver con los dioses griegos que habitaban el Olimpo y más con los peligros a los que se enfrentaba Ulises en La Odisea. ¿Qué pinta un gnomo en el monte Olimpo? Es una buena excusa para que Rompetechos demuestre su mal genio y sus fallos de visión a unos atribulados Mortadelo y Filemón.

Contado esto, la aventura que nos toca en poco se diferencia de otras muchas en las que el personal de la TIA se ha visto afectado por inventos de Bacterio o la torpeza de los agentes. “El transformador metabólico” es una de las que me vienen a la cabeza. En “Por el Olimpo ese”, Ibáñez prescinde del prólogo histórico, y comienza con los agentes en la Pensión El Calvario, tras lo que usan una entrada secreta y al ser informados de la situación, huyen a un sitio lejano donde son encontrados de inmediato. Son recursos que siempre funcionan. Luego la estructura de gags, como comenté, es muy simple. Los personajes, Súper, Ofelia, Rompetechos, Filemón y Mortadelo (más algún agente) se han transformado en una criatura diferente, a cual más curiosa, que podemos ver en la portada (qué manera de destripar la trama, por cierto). El Inspector General, que no es el mismo de antes, aunque lleve bigotillo y sea casi calvo, hace de nexo de unión entre los diferentes capítulos, que consistirán en la toma de precauciones para que cada transformado no la líe, con catastróficas consecuencias.

Como siempre un gag tras otro, algunos divertidísimos, otros se repiten (Mortadelo disfrazado de torero) y afortunadamente, pocos hay de humor escatológico, tan abundantes en otros álbumes. El dibujo de Ibáñez, acabado y entintado por Muñoz, es impecable, y las criaturas están muy logradas, en especial ese Fauno/Filemón. La portada, guardas y portadilla están realizadas a lápiz y tinta por el propio Ibáñez. Comparen los rostros de los personajes de la portada, por ejemplo, con los de las viñetas del interior y verán el cambio, un tanto inexplicable. Penguin random House acredita a la persona encargada de darle color y componer el libro, Rubén Larrea, pero no a Juan Manuel Muñoz.

Para ir terminando diré que la calidad de “Por el Olimpo ese” es un tanto superior a la de álbumes precedentes, pero aún está lejos de los tiempos bruguerianos de gloria. Con todo, una historieta muy divertida de los agentes de la TIA.