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El año de su estreno (1999) lo que se esperaba con adoración era la nueva entrega de Star Wars, el Episodio I, pero la gran sorpresa que revolucionó el panorama cinematográfico fue “Matrix”. No sólo por el impacto popular que tuvo, por un suspense absolutamente hipnótico y un ritmo interno que te mantiene completamente enganchado de inicio a fin o porque es una película que te noquea argumentalmente cuando la ves por primera vez, sino además porque, justo en la bisagra del cambio de siglo, provocó un antes y un después en varios aspectos. Desde el punto de vista técnico jamás se habían visto escenas con la imagen congelada y la cámara rotando alrededor de un personaje (sólo es un ejemplo), pero es que desde el punto de vista metafórico “Matrix” propone incluso una explicación concreta de la existencia misma. Sí, es ciencia-ficción, relato fantástico, pero de algún modo alude a una idea que ha acompañado a la humanidad durante toda su historia, esa que nos susurra que “no hay mayor esclavo que el que se cree libre sin serlo” y que la llave para liberarse es el amor. Se esté de acuerdo o no con la idea, una experiencia cinematográfica única. En los óscars obtuvo los 4 premios a los que fue nominada (Mejor montaje, sonido, efectos visuales y efectos sonoros).