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Autor también del guión, Ruben Ostlund asume con todas las consecuencias su papel de nuevo “enfant terrible” del cine europeo (con permiso de Yorgos Lanthimos) y se saca de la manga una tragicomedia grotesca en tres actos con la que hace un metafórico y corrosivo retrato del mundo actual. El visionado garantizo que descoloca hasta tal punto que dudas si se te está tomando el pelo. Ni logras empatizar con nadie, ni tampoco conectas con un argumento que es un batiburrillo de escenas delirantes. Eso sí, la propuesta es tan exótica que la ves de inicio a fin en medio de un creciente desconcierto, hasta que después, rumiándola perplejo, te das cuenta que la carga de “profundidad” es de alto voltaje. Podríamos decir que es una de esas películas que disfrutas más a posteriori que durante el visionado, un bombón para cinéfilos en busca de nuevas experiencias. Lo importante no es tanto lo que sucede sino lo que lees entre líneas: el fatuo mundo de la moda, las demolidas relaciones entre hombres y mujeres, el abismo social entre pobres y ricos, los absurdos pasatiempos de una élite sin valores, el colapso del mundo en que vivimos (irónicamente los estadounidenses son comunistas y los rusos liberales), la democracia cimentada en la guerra, el encumbramiento de los inútiles y la esclavitud de los hábiles (en realidad lo que ha propiciado el sistema en el que vivimos)…..Ya digo, una película con mensaje de gran calado pero con apariencia de parodia absurda. Si superas tus propias reticencias iniciales terminarás valorándola como merece, no es fácil. Fue nominada a menor película, dirección y guión original en los Óscars.
Where to watch El triángulo de la tristeza