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La tira cómica consiste en una historia breve desarrollada en tres, cuatro o cinco viñetas, como mucho. El desenlace, contenido en la última viñeta, suele ser cómico y encierra siempre el mensaje más importante de la secuencia. La mayoría de las tiras son autoconclusivas aunque hay otras que narran solamente un fragmento de una historia que se desarrolla a lo largo de varias tiras, con un hilo argumental.

Hay una opinión bastante generalizada acerca de que el género de la tira cómica necesita renovarse. El modelo empieza a agotarse, los autores se repiten y las editoriales no parecen estar por la labor de modificar un formato establecido. Uno de los problemas principales es que las tiras suelen prescindir de argumento. La mayoría de ellas, desde “Fred Basset” hasta “Garfield“, no tienen un hilo conductor ni una historia que contarnos. Se limitan a mostrarnos breves escenas de sus personajes protagonistas, de habitualmente tres o cuatro viñetas, que como mucho se extienden a lo largo de varias tiras. Algunas, pocas, algo más. Otras, únicas e irrepetibles como “Calvin y Hobbes“, van y vuelven, giran sobre sí mismas y regresan. La mayoría se limitan a un chiste breve, una ocurrencia graciosa, y a la siguiente. Las tiras humorísticas son un género estancado, que no se ha renovado desde hace cincuenta años, que insiste en la misma idea, en el mismo modelo, en el mismo concepto. No se ha reinventado, y necesita un soplo de aire fresco.

A mediados de los años setenta Italia era uno de los mejores lugares donde encontrar buenas tiras cómicas, llamadas allí ‘striscia di fumetti‘. “Sturmtruppen“, “Nick Carter” o “Lupo Alberto” son un buen ejemplo de ello. “Lupo Alberto” en concreto es una tira creada por el italiano Guido Silvestri, popularmente conocido como ‘Silver‘, que comenzó a publicarse en el periódico “Corriere dei Ragazzi” en febrero de 1974. Saltó a la revista “Eureka” de 1976 y poco tiempo después ya tenía su propia revista independiente. De hecho es uno de los cómics más populares en Italia, pero en nuestro país ha tenido poco recorrido, con alguna edición de Ediciones B en los años ochenta, Norma Editorial en los noventa, e incursiones puntuales en el semanario dominical “El Pequeño País“.

Colaborador durante varios años de otro gran maestro de la tira cómica italiana, Bonvi, la propuesta de Silver en “Lupo Alberto” era tan sencilla como divertida: un lobo está enamorado de una gallina que vive en una granja. Es la granja McKenzie, donde viven un gran número de animales, incluyendo gallinas, cerdos, un topo ciego llamado Enrique y un perro guardián llamado Moisés. El lobo Alberto está empeñado en colarse en la granja para poder estar con Marta, la gallina de la que está enamorado, pero el perro pastor siempre está atento para impedir las intenciones del protagonista.

La granja McKenzie un escenario perfecto para realizar una sátira social y económica del mundo real, tal y como ya nos demostró George Orwell con su “Rebelión en la granja” y a través de su obra Silver ha abordado en más de una ocasión temas complicados, complejos y espinosos que lo han acercado al público adulto sin poner en duda que es un cómic para niños: el lobo Alberto ha protagonizado campañas contra el sida o contra las minas antipersona, y ha ha hablado sin tapujos sobre la homosexualidad (el topo Enrique, por ejemplo, se declara homosexual y convence a Lupo Alberto para realizar una marcha a favor de los derechos de los gays, lo cual provoca un gran escándalo entre los habitantes de la granja, más conservadores).

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