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He de reconocer que soy un gran defensor de «Lobezno Inmortal«, la segunda película en solitario del mutante de las garras de adamantium. Entre muchos otros motivos, porque la idea sobre la que se sostiene el film de James Mangold remite directamente a la que nos propusieron Chris Claremont y Frank Miller en la miniserie «Lobezno: Honor«, publicada originalmente por Marvel Comics entre septiembre y diciembre de 1982. Aquella obra presentaba las aventuras en solitario de Logan en el País del Sol Naciente, repletas de romance, intriga, ninjas, sangre y violencia.
El vínculo del personaje con Japón es muy fuerte, y muchos autores han explorado la relación de Logan con este país a lo largo de los años, aportando matices y lecturas distintas, pero quien estableció esta conexión fue el guionista Chris Claremont. Fue él quien comprendió que una una cultura fundamentada en el honor, el respeto y la tradición era un contrapunto perfecto para un personaje construido sobre el salvajismo, la violencia y la muerte. Existe en Lobezno una tensión interna permanente entre los instintos del animal y el hombre racional atenazan al mutante de huesos de adamantium, pero tras su experiencia vital en Japón dejó atrás el animal que anidaba en su interior canalizando su furia hacia una violencia controlada, y evoluciona hasta convertirse en un guerrero con un sólido código de honor, plenamente compatible con el bushido, el camino del samurai.
«Lobezno Inmortal» («The Wolverine«) del director James Mangold, quien reemplazó en la silla del director a un Darren Aranofsky que renunció al proyecto alegando motivos familiares, cuenta con un guión de Christopher McQuarrie («Sospechosos habituales«) y Mark Bomback. La película estaba protagonizada por Hugh Jackman, Will Yun Lee, Svetlana Khodchenkova, Hiroyuki Sanada, Hal Yamanouchi, Tao Okamoto, Brian Tee y Rila Fukushima, entre otros, y nos contaba como el mutante canadiense conocido como Lobezno, miembro de la Patrulla-X, llegaba a Japón en busca de su pasado y de respuestas para su factor curativo perdido, para enfrentarse a enemigos inesperados y mortales, como ninjas, yakuzas, la malvada Víbora o el Samurai de Plata, descubrir el amor de Mariko Yashida o la amistad de Yukio. Vulnerable por primera vez y llevado a los límites de sus límites emocionales y físicos, librará una batalla que lo dejará marcado de por vida. Paradójicamente, esta debilidad se convertirá en su mejor arma y lo convertirá en letal para sus adversarios.
Esta secuela, concebida como una obra independiente de «X-Men Origins: Wolverine» del año 2009, fue bien recibida por el público, que multiplicó por cuatro en las taquillas los 120 millones de dólares que había costado el film. En general los críticos fueron más duros, pues aplaudieron las espectaculares y coreografiadas escenas de acción pero mostraron su decepción con los interludios dramáticos. Había algo en lo que todos estábamos de acuerdo: «Lobezno Inmortal» es un vehículo a la medida de su estrella, un Hugh Jackman absolutamente comprometido con el personaje, que fue, ha sido y será el mejor Lobezno que nos pueda dar el cine.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja