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A principios de los años noventa en las radios sonaba el grunge atormentado del «Nevermind» de Nirvana cuando Bodhi, el líder de una banda de delincuentes surfistas de las costas de Califronia que atracaban bancos, cruzaba su camino con el agente del FBI Johnny Utah, que debía infiltrarse entre los surfistas y desmantelar el grupo desde dentro. Para los jóvenes de aquella época el film se convirtió inmediatamente en una película de culto con su filosofía zen llena de citas ocurrentes que apuestan por el «vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver«, fotografía de postal y un ambiente surfista que seduce incluso al espectador que no sabe nadar.

Protagonizada por Keanu Reeves, Patrick Swayze, Gary Busey, Lori Petty, James LeGross y John C. McGinley, en «Le llaman Bodhi» (alguien me tendrá que explicar muy poco a poco como el «Point Break» original se traduce en castellano como «Le llaman Bodhi«), tenemos a Johnny Utah, el joven agente del FBI, y a Bodhi, el surfista de las costas de Califronia y líder de la banda de atracadores que usa máscaras de presidentes de los Estados Unidos, un hombre que vive al límite y que acaba ejerciendo una gran influencia sobre el joven policía. Un duelo entre dos personalidades que acaba ganando Bodhi, que atrae a Johnny a su forma de ver el mundo.

La directora del film, Kathryn Bigelow, ex-esposa de James Cameron, tiene una filmografía poco prolífica pero más que digna, con títulos que hoy son películas de culto como «Acero Azul«, «Días Extraños» o esta «Le llaman Bodhi«. La cosa cambió cuando llegó «En tierra hostil«, que acumuló premios y elogios, y la convirtió en la primera mujer en ganar un Oscar a la mejor dirección.

Criticada hasta la saciedad por algunos puristas que se quedan en el celofán brillante que envuelve la propuesta, «Le llaman Bodhi» tiene ritmo, adrenalina a raudales, una filosofía de vida seductora, y dos actores carismáticos y se convirtió en una película mítica que ha sobrevivido dignamente el paso del tiempo. De hecho parece evidente que los responsables de «A todo gas» hicieron más de un visionado de «Le llaman Bodhi» antes de empezar a escribir el guión, y que Dominic Toretto es su Bodhi en el film de los coches: un diablo a quién vender tu alma, un gurú hedonista con un círculo de fieles acólitos al que seguir hasta el fin del mundo.

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Where to watch Le llaman Bodhi